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domingo, 18 de febrero de 2018

El giro que dio mi vida...

Volvemos con un testimonio nuevo, una mamá en el cielo a la que tengo la suerte de conocer y de saber de primera mano cómo sucedió todo. Ella es fuerte y valiente, igual que su marido y sé que muy pronto, cuando estén preparados, cuando su corazón esté preparado tendrán su bebé arcoiris porque se lo merecen de verdad, y porque tienen mucho amor que dar. No voy a decir que van a ser unos padres fantásticos porque para mí ya lo son. Vuestro campeón podrá jugar en el cielo con David siempre, se tendrán el uno al otro y jamás estarán solos.

Como puede cambiar tu vida en unas horas, minutos, segundos...

La primera vez que mi vida cambió fue cuando me enteré que estaba embarazada, mejor dicho, cuando lo confirmé porque yo ya sospechaba algo. De repente, te das cuenta que una personita, la más importante del universo, está creciendo dentro de ti, y entras en un mundo nuevo de alegrías y miedos.
Antes de la primera falta mi instinto me decía que estaba embarazada pero no quería ilusionarme aún. A los pocos días se confirmó, mi vida estaba empezando su gran cambio, iba a ser MAMÁ y con la alegría vino también todas las dudas y miedos del momento, ¿saldría todo bien? ¿sabré cuidar al bebé? ¿cogerle? ¿saber por qué llora?... y para que no me relajara demasiado, pasado el primer mes llegó el primer susto, comencé a sangrar y por supuesto a urgencias corriendo. Entendí el verdadero significado del miedo, no podía articular palabra, estaba bloqueada... solo pensaba en mi bebé en que estuviera bien y en que todo fuera un mal sueño. Me revisaron, me mandaron a casa con progesterona porque estaba todo bien y tan sólo tenía que hacer reposo relativo; y comenzó mi tregua.
Tranquilidad, ilusión, felicidad... pude sentirlos cuando el manchado se solucionó, el miedo ya no era tan fuerte y me atreví a comprar el carro y mirar alguna cosa, pero la realidad te golpea cuando menos te lo esperas y en la ecografía de la semana 20 mi vida volvió a tambalearse y agrietarse. Al principio todo estaba bien, me dijeron que era un niño y no os imagináis que alegría, creo que su padre y yo no podíamos estar más felices, ¿y él?¿mi pequeño? feliz dentro de mi, moviéndose y chupándose el dedito...y de repente mi burbuja se explotó... comenzaron los cuchicheos y la cara de preocupación de los médicos hasta que me lo dijeron... el cuello del útero se había borrado y estaba en 3.5 mm y la bolsa se podía tocar con los dedos. Me volví a paralizar mientras los médicos me explicaban la situación, datos médicos, cosas que debía saber pero que no podía terminar de procesar hasta que interrumpí al médico: "pase lo que pase, ¿mi bebé no va a nacer? le pregunté; NO, fue su respuesta, un gran NO que me heló el corazón. 
Me dejaron ingresada, con reposo relativo, tan sólo podía moverme para ir al baño y los médicos tan sólo podían controlarme. Estuve una semana ingresada más o menos, con contracciones, con subidas y bajadas al paritorio pero sin terminar de parir... hasta que al quinto día la bolsa se rompió aunque el corazón de mi campeón seguía latiendo con fuerza. Nosotros esperábamos un milagro pero los médicos lo tenían muy claro: un bebé en la semana 20 no es viable, no tiene posibilidades de sobrevivir y en el hipotético caso que lo consiguiese tu calidad de vida sería bastante mala. Nosotros no sabíamos que hacer, sólo queríamos despertar de esa horrible pesadilla y si tenía que pasar que fuese cuanto antes porque sin líquido el bebé empeoraría y como padres lo último que queríamos es que nuestro hijo sufriera en su partida.

No hubo milagro, mi campeón dejó de latir a los tres días, estaba de 21+2 
El parto fue durísimo porque mi cabeza era un remolino. Lo único que hacía era pensar en todas las cosas que no podría hacer con mi hijo: no podría besarle, no podría mirarle ni ir al parque con él... no podría decirle lo mucho que le amaba...y le preguntaba continuamente a mi marido buscando una explicación, ¿por qué a nosotros? ¿por qué a nuestro campeón?
Los dolores fueron inhumanos, sin epidural... sentía que me partía en dos, pero no sólo por los dolores físicos, también por los emocionales, esos... aún los llevo conmigo. Pude verle, y despedirme de él y todos los días desde ese momento le llevo en mi mente. Él fue mi primer hijo y no se olvida, por mucho que la gente quiera empujarte hacia delante todos tenemos nuestro tiempo. Por muchos hijos que yo tenga como me dicen por ser joven... mi campeón siempre será el primero.
Quiero seguir recordando sus movimientos dentro de mí, su suave carita, su cuerpecito... porque me queda el consuelo de haberle podido poner cara al menos. Aún no puedo decir que lo he superado, hace muy poco, y sólo intento aprender a vivir con el dolor y con el vació que me ha quedado en mi vida.
Siempre te llevaré en mi corazón mi campeón, aunque no pueda volver a tocarte, a abrazarte, a besarte...y aunque aún no tenga a mi bebé arcoiris, yo soy mamá en el cielo. Te quiero

Historia contada por Sonia



Si quieres contarme tu historia y que la publique de un aborto o muerte perinatal escríbeme a miarcoirisguerrero@gmail.com. Puedes seguirme también para conocer más de Daniella y de cómo es un bebé prematuro extremo en mi instagram: @mi_arcoiris_guerrero

jueves, 15 de febrero de 2018

Mi hijo es gay, ¿y ahora qué?

Ya os adelantaba en el vídeo de youtube que la homosexualidad antes era considerada un trastorno mental, pero aunque parezca que esto ocurrió hace mucho tiempo, en los años 70 aún se consideraba como tal y hubo mucha lucha para que esto se modificase, de hecho a día de hoy quedan aún sectores que consideran que es algo que tiene que modificarse y corregirse. Sabemos que la homosexualidad no es una elección ni una creencia, es lo que una persona es, igual que un heterosexual y hay que luchar todos juntos para que no sea necesario tener que dar explicaciones o aclarar la condición sexual independientemente de cuál sea. También hay que aclarar que la homosexualidad no se cura (no es algo que tenga que curarse), por lo que si en algún momento os encontráis con terapias, campamentos... cuya finalidad es curar vuestra condición sexual huid de ellos y creédme, sois completamente normales y no hay que modificaros nada.
Otro día hablaremos de los miedos y las dudas a las que se enfrentan los adolescentes que acaban de reconocer su homosexualidad, en plena etapa hormonal y con muchas opiniones inmaduras a su alcance pero, ¿qué pasa con los padres de estos chic@s? En ocasiones su mundo de tambalea, podemos entenderlos un poco, tienen muchas veces otra mentalidad y el proyecto de vida que tenían en mente para sus hijos se ha modificado, pero es importante que tengan la intención de modificar sus emociones y no intentar en este proceso cambiar a su hijo o hija, sino el daño que pueden hacerles es inmenso. Aquí dejó unas pequeñas claves para aceptar la homosexualidad de tu hijo sobre todo si predomina una mentalidad tradicional o conservadora

Evita el rechazo y apoya a tu hijo

Esto es muy sencillo porque lo más importante que hay que tener en cuenta es que debéis seguir queriendo a vuestro hijo o hija exactamente igual que antes porque él o ella no ha cambiado sólo os ha confesado algo que probablemente le ha costado mucho por el miedo a vuestro rechazo o por miedo a haceros daños, pero además podéis añadir a esto el sentimiento de orgullo por la valentía que ha demostrado vuestro hijo o hija al contároslo creyendo que podíais  sentiros defraudados o dolidos.

No prestes atención al que dirán


Simplemente centrate en su bienestar y en darle todo el cariño que se merece y necesita. Muchas veces los padres tienen miedo a que sus hij@s sufran discriminación, sean víctimas de estereotipos o violencia del tipo que sean... por desgracia esto puede suceder porque aún en la sociedad hay gente muy conservadora para aceptar esto y lo considera antinatural (de hecho se ha demostrado que incluso en el reino animal hay relaciones homosexuales por elección) pero de nada sirve anticipar estos hechos, cuando lleguen lo que deberéis hacer es animar, apoyar y ayudar en lo que sea necesario para que vuestro hijo o hija supere esa situación de discriminación.

Defiende la igualdad de condiciones

No sólo en lo relativo a la sexualidad sino también a los roles de género, a las creencias...no sólo te ayudará a entender mejor a tu hijo o tu hija sino que ayudarás a contribuir a crear un mundo con  una mentalidad más justa, más igualitaria y más tolerante ayudando también a tu pequeño a evitarse discriminaciones de las que antes hablabamos.

Busca apoyo

Si no terminas de aceptar la condición sexual de tu hijo o de tu hija, no te preocupes, busca apoyo y ayuda es mejor eso a que te reprimas y sueltes tus frustraciones o tu disconformidad en el momento más oportuno. Reconocer que no se lleva bien es reconocer que hay un problema y acerca la solución.

Y ante todo, como os decía en el vídeo... vuestro hijo o hija sigue siendo el mismo, no ha cambiado absolutamente nada sólo ha sido más sincero con vosotros por lo que lo único que tenéis que hacer es quererle incondicionalmente como hasta ahora, y así todo fluirá.

martes, 13 de febrero de 2018

A mi guerrera

He querido escribirte desde hace tiempo unas líneas, igual que hice con tu hermano porque tú también te lo mereces, mi luchadora, mi guerrera... Desde el principio supe que eras especial, notaba tus pataditas, tus movimientos y sabía donde estabas colocada cuando latíamos juntas, pero decidiste venir antes de tiempo al mundo sin importarte las consecuencias y ahora que te conozco  sé que era porque mi cuerpo se te quedaba pequeño para tu inquietud y tus ansias de conocer todo aquello que te rodea. Recuerdo cuando naciste y cómo lloraste, demostrándonos a todos ya desde el principio que estábamos equivocados contigo, que tú no te ibas a ningún sitio, que habías venido a dar guerra a pesar de lo que creían los médicos que no apostaban por ti. Nos desarmaste a todos, a mí la primera con mis miedos por si no era capaz de quereros suficiente, ¡qué tontería! si con vosotros supe lo que es el amor verdadero, lo que es que tu corazón esté latiendo fuera de tu cuerpo sin poder hacer gran cosa para protegerlo.
A tu padre le desarmaste enseguida, con la primera caricia que le regalaste, y tú, tan zalamera sigues haciéndolo en cuanto tienes oportunidad. A tu abuelo le distes las sonrisas que necesitaba cuando más flaqueaba, le recargabas las pilas haciendo que fuese un hombre nuevo por unos días hasta que podía volver a verte, y ahora eres capaz de hacer que se olvide de sus problemas por unas horas. A tu abuela, a tu tía, a tu bisabuela...tanta gente a quien has llenado de luz... que los que han decidido no estar en tu camino no saben lo que se pierden.

Aún recuerdo los malos momentos que pasamos juntas, se me siguen saltando las lágrimas y más aún cuando sé que tú también los recuerdas y que tu rebelión con la comida tiene que ver con el dolor que sufriste entre esas cuatro paredes. Atesoro en mi recuerdo los momentos que compartimos haciendo canguro, no sé quién lo necesitaba más si tú o yo; todas las conversaciones que tenía contigo, parecía que me entendías... ibas haciendo todo lo que te iba pidiendo, recordándote siempre antes de irme a casa lo mucho que te quería, lo orgullosa que estaba de ti y lo poco que quedaba para irnos a casa juntas... aunque lo reconozco, hubo momentos que pensé que te perdía, que pensé que te irías con tu hermano pero justo cuando yo empezaba a flaquear... tú sacabas toda tu voluntad y mejorabas, avanzabas...tan fuerte eras que no te desestabilizaste durante tu operación de corazón de la que te recuperaste en tres días cuando a un adulto le hubiese costado semanas o meses. A veces miro hacia atrás, y no me lo creo... no me creo que hace 9 meses nacieras, que cambiaras mi mundo y mis valores, y aunque los miedos aún están presentes, de repente, me tocas la cara o me regalas una de tus sonrisas sin dientes que tanto me gustan y se me olvida, aunque sea por un momento todo lo malo, todo lo gris de mi vida.
Por eso mi pequeña no quiero que seas princesa, quiero que recuerdes siempre que eres una princesa, una superwoman que desde el principio ha nadado contracorriente y sé que seguirás haciéndolo, porque como le dije a tu padre, sé que harás cosas grandes, lo presiento, y que como has hecho hasta ahora no permitirás que nada ni nadie te pisotee ni te haga pequeñita.
Aún nos queda camino y obstáculos que superar, pero siempre te acompañaré, siempre estaré a tu lado como soporte, como guía, como apoyo o como lo que necesites porque, igual que los camaleones, me convertiré en lo que necesites en cada momento.
Simplemente...te quiero

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domingo, 7 de enero de 2018

Balance 2017

Nuevo año y toca hacer un balance del año que se queda atrás, y aunque tarde creo que es necesario para toda mi familia. Estas Navidades han sido algo agridulces, han sido las primeras para bien y para mal, y hay momentos que duelen, que sientes que te falta uno, pues tu familia, tal como la habías pensado cambió aquel 13 de Mayo. Este 2017 ha sido el año que me ha pasado lo peor que me podía pasar en la vida pero también lo mejor que podía pasarme pero... mis sentimientos ya los conocéis bastante, por eso, en esta ocasión le he pedido a mi marido que sea él quien haga este balance, ¿por qué? porque la muerte perinatal, los embarazos y nacimientos siempre se viven dese el punto de vista de la mujer, pero en muchos casos hay otra persona detrás. Puede ser un padre, como es el caso, o puede ser otra mamá en caso de parejas homosexuales, o un familiar en caso de madres solteras... siempre hay alguien que pasa por esta experiencia dura y bonita y del que la gente no suele preocuparse, por eso hoy le doy voz en esto; y aunque quizás la redacción no sea la mejor y él quería que lo re-escribiera yo de otra forma, no lo voy a hacer, porque es su manera de expresar su interior:


Mi balance de 2017, creo que nunca me he hecho esta pregunta, siempre he sido de mirar hacia delante sin pensar, sin analizar este tipo de cosas... pero en esta ocasión toca evaluar y analizar porque 2017 no ha sido un año normal, ni mucho menos, ha sido un año muy, muy duro; el más difícil de mi vida con diferencia: conseguir el embarazo, que fuese gemelar con sangrados, cólicos nefrítico, rotura de bolsa muy pronto y al final parto en la 24+6, complejo, cesárea y parto seco natural. Recuerdo aún esos momentos, la incertidumbre me comía junto al miedo, fundamentalmente por mi mujer, luego ya vino el miedo relacionado con mis hijos pero en ese momento... sólo vi a mi mujer entrando a quirófano, sin poder acompañarla, ni ver a mis hijos nacer ni saber qué ocurría...Recuerdo cuando salió Daniella, directa a la UCI pero los pediatras pararon, nos dejaron verla, nos enseñaron su carita y nos tranquilizaron pero después salió David, iban muy rápido, con el respirador, preocupados y pararon brevemente para que por lo menos le conociéramos. Nunca podré olvidar ese momento. Por eso, 10 de Mayo, el día más feliz de mi vida, pero con una gran amargura que me sigue acompañando a día de hoy, pesaban 669 y 812 gramos, y todo se nos ponía aún más difícil, así que nuestro lema paso a ser "pasito a pasito" porque se ganaban batallas pero no sabíamos si se iba a ganar la guerra. Nos aferrábamos a lo positivo que nos dijesen los pediatras y a ese maravilloso "están estables", era lo único en que pensaba. El 11 de Mayo mi hija me terminó de conquistar, supe en ese momento lo que era el amor de verdad cuando me dejaron tocarla y con sus manitas me agarró el dedo...recuerdo ir a la habitación de mi mujer llorando, alarmarla y tranquilizarla porque había sido lo más maravilloso que me había pasado nunca.

13 de Mayo, el peor día de mi vida, nuestro hijo nos dejó, se fue... y desde entonces me acompaña la misma frase "Tus alas ya estaban listas para volar", pero mi corazón nunca estuvo listo para verte partir" y es así, tal cual, nunca lo estuvo ni lo está.
Después de ese día, nubes y claros; muchas nubes y pocos claros con las buenas noticias de nuestra hija que iba consiguiendo pequeñas cosas gracias a que su hermano vino al mundo para darle vida a ella y se convirtió, como dice su madre, en su arcoiris guerrero o como digo yo en mi espartana; que con una fuerza increíble superó cosas que muchos adultos ni siquiera podríamos. Ductus, reapertura y operación del mismo, fallos renales, broncodisplasia, no tener tensión arterial...hasta que por fin, gracias a sus huecos y a la ayuda de médicos, enfermeras de neonatos y al esfuerzo y corajde de su madre que pasaba horas y horas metida en la UCI para poder estar un poco cada día con ella o pegada a un sacaleches para poder alimentarla... llegó a los 2 Kilos 400 gramos y pudimos traérnosla a casa.

Después de eso, todo ha seguido siendo nubes y claros, yo empecé el duelo por mi hijo cuando salimos del hospital porque antes creía que tenía que estar fuerte para mi mujer, por eso, a día de hoy, cuando cojo a mi hija en brazos muchas veces lloro, y otras no querría soltarla y solo quiero abrazarla todo lo fuerte que pueda. Tengo que agradecer al 2017 por dármela a ella, porque es la que hace que me levante por las mañanas, pero, siendo sincero y claro... también ha sido muy cabrón, porque nos lo ha complicado más de lo que esperábamos; por eso, el 2017 a sido el peor y el mejor año de mi vida, pues ahora tengo un ángel en el cielo que cuida de mi y de mis dos ángeles en la tierra.



Never in my arms, always in my heart

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domingo, 12 de noviembre de 2017

Mi parto

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Conseguí quedarme embarazada gracias a la ciencia, fue una in vitro con icsi, y los primeros embriones que trasferimos fueron los que se quedaron. En la betaespera estuve relativamente tranquila porque pensaba que necesitaríamos varios intentos hasta conseguir el deseado embarazo.
Después del resultado del análisis de sangre y la ecografía que confirmó que venían dos bebes empecé con los miedos grandes. El primer trimestre, además de tener muchas náuseas y malestar en general, fui absorbida por las hormonas (fundamentalmente la progesterona que tenía que añadir con unos óvulos mañana, mediodía y noche) y no dejaba de llorar y pensar que tendría un aborto diferido, sensaciones que empeoraron cuando tuve un sangrado donde me mandaron reposo relativo.
En el segundo trimestre pensé que la cosa mejoraría, esas energías de las que hablan todos los libros, pero además de no encontrarme mejor se me complicó con un cólico nefrítico que me obligó a estar ingresada un par de días y después mantener reposo en casa hasta que dí a luz en Mayo.
Acabé trasladándome a casa de mis padres porque yo tenía que estar en cama, mi medio limón trabajaba mucho y mi madre se estaba haciendo kilómetros para cuidar de mí y luego llevar su propia casa. Con ese reposo todo fue más o menos bien hasta el 2 de Mayo que empecé a expulsar el tapón mucoso, fue muy poco pero me tocó acercarme a urgencias.
Al llegar y tras explorarme vieron que tenía el cuello del útero acortado, estaba en 14 mm y al ponerme los monitores se marcaban pequeñas contracciones, por lo que me dejaron 24 horas en observación, durante las cuales no volví a tener ninguna. Me dieron el alta con indicaciones de reposo absoluto e indicándome que cualquier cosa que me notase volviese. Al día siguiente volví a expulsar tapón mucoso así que volví a urgencias pero me dijeron que seguiría expulsando y que no me preocupara y nuevamente reposo absoluto. A los dos días, con la indicación de la matrona me volví a acercar a urgencias porque estaba con diarrea desde hacía 3-4 días y me había indicado que podía ser indicios de parto, pero al llegar la ginecóloga me hizo una ecografía, no me puso monitores y me mandó a casa con una dieta blanda diciéndome que no era tan fácil perder un embarazo, y que podía moverme algo de la cama sin problemas. Esto fue un viernes. El fin de semana pasó sin incidencias, comencé a moverme algo más, aunque tampoco mucho, y seguía con mi dieta blanda sin expulsar más tapón mucoso.
El lunes por la mañana, me desperté sola en casa, mi padre y mi pareja en el trabajo, mi madre sacando al perro, y yo fui al baño a ponerme la progesterona que me habían mandado por el acortamiento del cuello del útero, que seguía más corto de lo que debería estar. Noté que no podía parar de hacer pis, y que al ponerme los óvulos salió un charquito pequeño de líquido... empecé a llorar porque sabía lo que eso significaba, había roto la bolsa, probablemente de la niña porque es la que más abajo se encontraba, y sólo deseaba que fuera una fisura y no una rotura. Me vestí, dejé todo preparado a la espera de que llegase mi madre y en cuanto se lo conté y vio como seguía saliendo corriendo a urgencias. 15 minutos en llegar, todos los minutos llorando y rezando por mi niña, porque estuviese bien y no le pasase nada malo.
En urgencias me atendieron enseguida, me hicieron la prueba y confirmaron que efectivamente era liquido amniótico y que la bolsa estaba complemente rota, la niña tenía muy poco líquido pero no había contracciones. Me dejaban ingresada para ponerme los dos pinchazos de maduración pulmonar y a esperar que no me pusiera de parto. La ginecóloga que me atendió fue la misma que me vió el viernes en urgencias, y tras eso, las veces que nos hemos cruzado, ni me ha querido mirar a la cara.
El día del ingreso estaba de 24+4 y es cierto que la viabilidad está en la semana 24 pero con muchas complicaciones. Ese día estuve llorando, mucho, con muchos miedos pero con una pequeña esperanza de que con el reposo del hospital aguantasen los dos hasta la semana 28 por lo menos. Ese día aún no me habían mandado reposo absoluto, solo relativo.
Al día siguiente, tras la eco doppler, donde te miran todo en detalle me dijeron que ni moverme de la cama, ni siquiera para ir al baño, porque había muy poco líquido y la niña estaba muy encajada. Lo bueno es que en hasta ese momento no había tenido contracciones, ni siquiera de las pequeñas, y que los bebes estaban estupendos, incluso Daniella sin líquido.
Por la tarde empecé a sentirme un poco peor, con mayores molestias, y al hacer pis empecé a soltar hilillos de sangre. Las enfermeras no le dieron importancia, yo le dije a mi madre que había terminado de perder el tapón mucoso.
El 10 de Mayo, dos días después de haber roto la bolsa, y habiendo completado el ciclo de maduración pulmonar, comienzo a sentir pequeños dolores como de regla a las tres de la mañana. Llamamos a la matrona, y me pone monitores, no se aprecian contracciones. Desde las 3 de la mañana, hasta las 8 que llegó mi ginecóloga, no se me marcaron las contracciones en ningún momento, pero los dolores que yo tenía iban cada vez a más. Hay que explicar, que con rotura de bolsa no te pueden frenar el parto, pues la bolsa se ha podido romper por una infección y al no tener el bebe protección la infección podía pasarsele a ella; aún así dudaron, pero cuando llegó mi ginecóloga me exploró y tocó la cabeza de la niña: tenía contracciones cada tres minutos, el cuello del útero en 2 mm y la niña completamente encajada para nacer. Me pusieron un protector neurológico para los niños, con el que me quemaron las venas de la mano derecha, pero yo sólo repetía que me daba igual lo que hicieran mientras mis pequeños estuviesen bien. Mi familia tenía miedo por mí, a mi me daba igual lo que me pasase.
Me llevaron a quirófano donde estuve sola con el equipo médico. Era una intervención de urgencia por lo que mi familia no pudo entrar. Me pusieron la epidural (a la tercera porque me pinchó muchas veces y mal) y fue cuando empecé a notar algo de alivio en los dolores del parto, me pasaron a la camilla y una pediatra vino a hablar conmigo. Muchas cosas no me las dijo, porque yo pedí que no lo hicieran, sabía lo que había y lo único que le dije fue, "he venido con dos bebes, me tengo que ir a casa con dos bebes". Me explicaron que les pondrían en una bolsa de plástico cuando nacieran para que no perdieran el calor, y que no me asustase si no escuchaba nada porque en bebes tan pequeños lo normal era tener que reanimarles.
Había 25 personas en quirofano y aunque los bebes tan pequeños suelen nacer por cesárea porque no tienen fuerzas para nacer por parto vaginal, Daniella tenía otros planes. No podían sacarla por cesárea porque estaba tan encajada que la iba a llenar de hematomas, así que, tras unos cuantos pujos, nació mi pequeña guerera, a las 10.28. Tuvieron que llamarme varias veces para enseñármela, porque yo estaba tan convencida que no me la enseñarían que estaba pensando en la cesárea para sacar a David. Cuando la vi me pareció preciosa, y tuve que preguntar varias veces si lo que había oído era a la niña llorar, y todos me dijeron extrañados que sí, que no había sido necesario reanimarla. Se la llevaron a la UCIN pero iba tan bien que pudieron enseñarsela a su padre y sus abuelos.
Pero mi trabajo aún no había terminado. Era imposible continuar el embarazo de David, aunque su bolsa estuviese intacta, por lo que tuvieron que sacarle por cesárea, para la que me tuvieron que sedar completamente porque empecé a sentir cierto dolor cuando me cortaban. Nació a las 10.42 y no le pude ver. En este caso se fueron corriendo a la UCI, no pudieron verle ni mi familia pues a él si que le tuvieron que reanimar y además hizo un neumotórax.
Me desperté en el quirófano con tan sólo dos personas, una de ellas mi ginecóloga, que me llevó el embarazo y mis revisiones ginecologicas de siempre, una doctora que sé que hizo todo lo que pudo, me trato con muchisimo cariño y a día de hoy sé que investiga cómo podría continuarse un embarazo gemelar si uno de los bebes rompe bolsa y el otro no.

Mi post parto fue buenísimo, tenía molestias pero mínimas, y lo único que quería era ir a conocer a mis hijos. Sobre las 17.00 me trajeron agua para beber, me dijeron que si hacía pis para soltar la anestesia, podría ir a conocerles. Me bebí la botella en dos minutos, y a los diez ya había ido al baño y con ganas de ir a la UCIN a conocerlos.
La primera vez que los vi, no me impresionó, solo estaba feliz por verles, eran mis hijos, a pesar de que Daniella pesaba 660g y David 800g. Muchos cables por todos los lados, pero, nos dejaron tocarles con un guante muy ligeramente. Eran preciosos.
Mi post parto, fue bueno, leves molestias pero no dolores fuertes y la incomodidad que pude sentir se fue cuando a las 02.15 de la mañana, del 13 de Mayo de 2017, vinieron a mi habitación a decirme que algo iba mal y que fuera a la UCIN. No sé como podía correr en ese momento...
A las 02.30 despedí a mi hijo, y me quedé con él todo lo que necesité y fue, en ese momento cuando comprendí la lucha que tenía por delante.
Mi embarazo fue duro, mi parto fue duro y mi maternidad comenzó de la forma más dura posible pero tuve dos hijos, aunque algunas personas consideren como tal solo a uno. Mi ángel, al que siempre llevaré en mi corazón y mi guerrera, que con seis meses tiene más fuerza de la que yo jamás podré tener.

Os amo con todo mi corazón.

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miércoles, 25 de octubre de 2017

Reflexiones y miedos

El momento en el que nacen tus hijos seguramente es algo bonito y maravilloso que yo no pude vivir, primero porque entré llorando a quirófano y segundo porque no pude ver a mis bebes hasta casi diez horas después de nacer, por eso, el "piel con piel" algo que había deseado hacer en el momento en que naciesen lo tuve que olvidar.

Cuando los conocí, además de pensar que eran muy pequeños y preciosos, quería saber qué estaban sintiendo, si sentirían dolor, si estaban tranquilos, cansados...y sobre todo si se sentirían solos, sentimiento que me acompañó durante todo el ingreso de mi guerrera.
Siempre me he preguntado como, entre todas las personas que la cuidaban y la tocaban sabía que yo era su madre. Ese apego inicial, esa conexión tras el parto... no pudimos tenerla y sin embargo, según pasaba el tiempo me daba cuenta que ella sí diferenciaba entre las personas. Cuando empezaba a respirar peor yo conseguía en ocasiones tranquilizarla y que se estabilizara; cuando estaba tontorrona y pitaba a cada rato, se calmaba conmigo no con su padre  y cuando quería coger la mano de alguien era la mía la que buscaba. 
Aún así, el miedo a que se sintiese sola no se fue, y yo diría que sigue estando presente (por eso en cuanto llora voy a cogerla en brazos, algo que dije que jamás haría con mis hijos).

Por supuesto, me acompañaban más miedos, por ejemplo de madrugada y a las 12.00, momento en el que informaban los pediatras. Siempre recordaré que su hermano nos dejó a las 02.30 de la mañana y quizás por eso las noches eran y siguen siendo las más duras. A las tres de la mañana me tocaba sacarme leche y tras terminar, tenía que despertar a mi medio limón para que llamase a la UCIN y preguntase como estaba nuestra pequeña. Él estaba tan tranquilo durmiendo pero yo no podía llamar, de hecho, tenía que salirme de la habitación para no escuchar lo que decían porque empezaba a tener taquicardias y ya no me quedaba tranquila en toda la noche. 
Al mediodía también era una pesadilla, sobre todo al principio. Mi pareja tenía que trabajar por lo que era mi madre la que me acompañaba todas las mañanas a la UCIN (ella no podía pasar pero se quedaba toda la mañana esperando fuera por si tenía un momento de bajón y necesitaba llorar que tuviese a alguien fuera). En este hospital era de puertas abiertas para los padres, excepto de 10.00 a 12.00 que los pediatras se dedicaban a explorar a los bebes, pautar tratamientos...Y yo, que me había ido a las once de la noche, había llamado por teléfono a las tres y las seis de la mañana, estaba inquieta y muerta de miedo por ver que novedad me podía encontrar al pasar porque no se podía anticipar, eso es una montaña rusa emocional que cambia en cuestión de horas, y es un proceso en el que hay dos pasos hacia delante y uno atrás.

Además, había más niños, y por desgracia vimos a más de un bebé fallecer, que te recordaba que, aunque tu niña estuviese mejor ese día no, dejabas de estar en una UCIN y todo podía pasar así que  te ibas a casa con el llanto de dejar a tu bebé pero también con el de la pérdida de esos padres con los que habías compartido experiencias, comida, llantos y sonrisas.



91 días para pensar en negativo; generar miedos, cambiarlos y crear nuevos; días en los que no te permitías pensar más allá de unas horas, no podías ni pensar en el momento del alta porque no sabías lo que podía pasar; miedos que, aunque van implícitos con la maternidad nadie debería pasar.