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martes, 9 de abril de 2019

Un ángel que voló muy pronto

Tras un pequeño tiempo de inactividad por resultarme imposible sentarme a escribir al ordenador por el embarazo vuelvo a retomar el blog y con ello vuestras historias de mamá en el cielo, historias que me escribisteis en su momento o que continuáis haciéndolo y no quiero que queden en el olvido ya que no sólo es una forma de mantener vivo el recuerdo de vuestros pequeños, sino que también ayuda a otras mamas que hayan pasado por esa situación a sentirse comprendidas y sobre todo, a sentir que no están solas. Si tú también quieres que comparta tu historia escríbeme a miarcoirisguerrero@gmail.com o por privado a mi cuenta de instagram (@mi_arcoiris_guerrero), como ha hecho Erika (@erikadaluz16) una mamá valiente que demuestra que la maternidad aparece mucho antes de tener a nuestro bebé en brazos y es que ya desde el mismo momento en que sabemos de su existencia algo dentro de nosotras cambia. Además, muestra con su testimonio una vez más la necesidad que existe de crear protocolos médicos para actuar tanto en casos de pérdida prenatal como en casos de abortos ya sean del primer trimestre, tardíos o por elección personal, os dejo con su testimonio porque ella es otra mamá en el cielo:

"¿Conocéis esa sensación de dolor y rabia incontrolable dentro de tu pecho? Esa sensación la sentí yo el 4 de Enero de 2016 cuando me confirmaron que mi bebé había parado su desarrollo en la semana 11...
Cuando me enteré de mi embarazo no podía creerlo, había dejado ese mismo mes las pastillas anticonceptivas que llevaba tomando durante diez años y en esa misma ovulación se creó mi bello ángel. Sentía nervios, muchos nervios... aunque mi deseo de ser madre era bastante fuerte no lo esperaba tan rápido y de hecho aún estaba estudiando el último año de universidad, por eso cuando se lo conté a mis padres llorando no sabía si era por el miedo a su reacción o de los propios nervios que recorrían mi cuerpo... sólo sé que no paraba de llorar. Ellos desconcertados y también nerviosos me hicieron la misma pregunta varias veces... ¿lo vas a tener?... y a pesar de esa mezcla de emociones no lo dudé ni un instante, "claro que sí", contesté tajante.
Esos nervios continuaron hasta la primera ecografía, en la semana 4 que aunque no se pudo escuchar su corazón me dijeron que era normal y simplemente me mandaron a casa con la receta de ácido fólico y buena alimentación, como a cualquier embarazada... pero en la siguiente ecografía ya empezó la preocupación y el miedo... sí pudimos escuchar el corazón de mi bebé, había crecido mucho, pero la ginecóloga tenía malas noticias, había un pequeño desprendimiento de la placenta y eso significaba RIESGO DE ABORTO, y así sin nada para suavizar el golpe te lo dicen y te lo plasman bien grande en el parte médico, para ayudar a tranquilizarte... comencé a llorar, me invadió el miedo y lo pasé muy mal, pero poca cosa podían hacer los médicos más que mandarme reposo absoluto y demostrar la poca empatía que pueden tener ante estas situaciones: "si estás de perderlo lo perderás, mucho no puedes hacer. Eres jóven, no te preocupes", esa insensibilidad que muchas veces conocemos y que parece que por ser jovenes ya no nos duelen nuestros pequeños ángeles. 

Pasaron las semanas y me tocó la revisión de las ocho semanas, todo estaba bien aunque aún seguía ese pequeño desprendimiento así que el miedo y la incertidumbre continuaban...
Recuerdo perfectamente el 24 de Enero como uno de los peores días de mi vida, estaba haciendo cola en pull&bear y me dio un mareo enorme, tanto que pensaba que me moría. Sentí que mi cuerpo cambió de temperatura, me quedé helada, pálida y con ganas de vomitar... no sabía que en ese momento mi bebé se había ido al cielo... ahora si lo sé...
Esa misma noche empecé a sentir un dolor muy, muy fuerte de lumbago... era algo horroroso pero sabía perfectamente que el lumbago duele así porque lo suelo padecer... pero había algo extraño... y era una sombra rosa en el papel del baño al limpiarme... muy leve, casi imperceptible, pero yo la veía...Fuimos a urgencias y allí ni siquiera me hicieron una ecografía ni una analítica, nada de nada, embarazada de 12 semanas y prácticamente me ignoraron: "vete a casa, es un simple lumbago, si no hay sangrado abundante rojo no vengas". Gracias doctor... tuve a mi bebé muerto dentro de mí 12 días.
Llegó el día de la ecografía de la semana 12, la más importante del primer trimestre y todos con ilusión fuimos, acompañada de mi madre que venía desde Barcelona, mi hermana y mi novio.
Empezó todo bien, me hizo una ecografía vaginal donde se vio a mi bebé perfectamente formado, pero la cara de la ginecóloga ya era un poema...recuerdo que dijo que era muy pronto pero íbamos a confirmarlo con una ecografía. Yo ya sabía que algo iba mal, lo sabíamos mi novio y yo... la doctora mandó salir a todo el mundo de la sala y aquí vino el disparo directo a mi corazón "tu bebé ha dejado de latir su corazón, se ha parado en la semana 11. Lo siento. ERES JOVEN", otra vez con la edad, parece que sólo a partir de una franja de edad tienes derecho a que te duela una pérdida, que a partir de determinadas semanas de gestación es válido ese dolor...y escribiendo estas palabras me doy cuenta de lo que me sigue doliendo, del poco tanto de algunas personas, de la pérdida de empatia hacia los demás...porque tras darme esa noticia a los tres minutos, sin darme tiempo a asimilar todo lo que estaba sintiendo, me empezó a hablar de un legrado...legrado el cual rechacé y aborté en mi propia casa, ayudada por tres pastillas via vaginal que provocan contracciones iguales a las de un parto.

Perdí a mi bebé y con él toda esperanza, perdí la ilusión y confianza en los médicos. Me di cuenta que en este mundo hace falta más humanidad...
Mi ángel, mamá te ama"

Muchas gracias a Erika por compartir su experiencia con todos nosotros y si tu quieres dar voz a tu pérdida puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com o por privado a mi cuenta de instagram (@mi_arcoiris_guerrero)

viernes, 22 de junio de 2018

Mamá guerrera

La historia que os traigo hoy es especial, la historia de una mamá que tuvo que dejar ir a su pequeño ángel Rubén a pesar del dolor que sentía porque sabía que si llegaba al final del embarazo su vida iba a ser breve y dura. Ella lo decidió pero no fue fácil y todos los días le tiene presente en su mente. Hace unos meses anunció en su instagram (@embarazadaalos19) que iba a darle una hermanita a Rubén, esta vez sería mamá en la tierra, de su pequeña Alexandra que nacerá para Septiembre para llenarles de felicidad y que puedan dar todo el amor que tienen que dar, pero no será su primer hijo, sino su segundo aunque el primero no podáis verlo. Historias duras pero de superación, de una mamá joven, decidida y valiente. Os dejo con su historia y os recuerdo que podéis contarme la vuestra escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com o por privado a mi cuenta @mi_arcoiris_guerrero

Mi historia (o mejor dicho, nuestra historia) empezó un 28 de abril de 2017, tras 4 meses de búsqueda por fin vimos el positivo. Entonces yo tenía 19 años y mi pareja 27.
 Desde el día en que vi el positivo empecé a manchar: “amenaza de aborto”. Primer susto.
Estuve desde el principio de baja laboral y en reposo.
No nos atrevimos a contar a la familia la noticia por el miedo a perderle en cualquier momento.. Así que decidimos esperar a las 12 semanas para ver que estuviese bien y  dar la noticia. Nada más lejos de la realidad..

A la eco de las 12 entramos tan emocionados… Cuando le vi latir, fue todo un descanso para mí porque esa era la mayor de nuestras preocupaciones… Pero entonces cuando empecé a llorar de emoción, el ginecólogo muy serio dijo: “Tiene la translucencia nucal alta, además de un higroma tabicado cervical, y tenemos que hacer biopsia corial para descartar que tenga algún síndrome”.
Nos dijeron que sale alterado en casos de síndrome de down y demás, pero también en bebés con problemas de corazón, y al nuestro le veían algo “raro”, pero no sabían el qué exactamente pues aún era muy temprano.

Estábamos destrozados. Con 19 años, sin antecedentes de nada, ni siquiera mi madre había pasado nunca por un aborto y tiene 4 hijos.. no entendía porque a mí, aunque he de decir que siempre he tenido pánico de que a mis hijos les pudiese pasar algo.

La semana siguiente me hicieron la biopsia corial y tuvimos que esperar 3 eternas semanas los resultados.“Niño cromosomicamente normal”. Por fin, sentí que al final empezaba a ver luz al final del túnel. Era un niño, Rubén, y estaba sano. Solo quedaba descartar que en la semana 16 el corazón estuviese bien.

Llegó el día, ya no manchaba y solo pensaba en que todo iba a salir bien. Entramos nerviosos perdidos, mi pareja negaba con la cabeza mientras la doctora movía el ecografo por toda la tripa sin articular palabra. Yo le sonreí, le dije: “Mírale, es precioso, todo va a salir bien”.Y otro batacazo más.“Vuestro hijo tiene Tetralogía de Fallot, es una cardiopatía bastante frecuente, pero el problema es que es muy muy severa. Apenas tiene arteria pulmonar, va a colapsarse y no es viable, os recomiendo interrumpir el embarazo cuanto antes”. No recuerdo nada más. Ella empezó a hablar y a hablar. Yo solo miraba la pantalla con la imagen congelada de mi hijo. No entendía nada, no entendía porque a mí, porque a Rubén.

Fuimos a la ecocardio de nuestro hospital de la SS, allí nos dieron la opción de interrumpir el embarazo, pero también de continuar un poco más a ver si el corazón evolucionaba bien o no.
Yo tenía claro que jamás haría sufrir a un hijo por mis ansias de ser madre, pero si los médicos me daban opciones de que el niño pudiese tener una vida de calidad y normal, iba a por todas, así que si ellos veían que podía ir a mejor íbamos a esperar.

A través de IG iba contando mi historia, aunque sin mostrar mi rostro, pues mi familia seguía sin saber todo lo que estaba pasándome. (Sólo lo sabían mi madre, mi hermana y mi suegra).
Entonces una chica al leer mi historia me contactó y me recomendó que si era posible que me visitasen en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, allí estaban los mejores especialistas en cardiología infantil y neonatal, y si alguien podía hacer algo por mi hijo, eran ellos.
Así que no dudé, me puse en contacto con el hospital, y al ser yo de Valencia había que realizar bastantes tramites para que me pudiesen trasladar el historial hasta Madrid y visitarme.
Pero estaba ya de 18 semanas y no había tiempo, teníamos que tomar decisiones en breve, así que conseguí que me visitasen sin cita “oficial”.

A la semana siguiente fuimos rumbo a Madrid mi pareja, mi madre y yo. Vi tantos niños en esa sala de espera…Varias madres me contaron sus historias, con lágrimas en los ojos, y me desearon que ojalá no tuviese que vivir todo eso que ellas estaban viviendo.

Allí fueron tajantes. Era de los peores casos que ellos habían visto, si no el peor. El pronóstico no era nada bueno. No creían que pudiese llegar a nacer con vida, pero de sobrevivir habría que programar el parto con cardiólogos y cirujanos 24h, para nada más nacer “ver todo lo que tenga, y decidir si operarle en ese instante o esperar unos días”.
Es decir, mi hijo si llegaba a nacer iba a ser operado a corazón abierto para intentar conseguir que sobreviviese hasta los 3 meses, y así tener más peso, para volverle a operar con una cirugía extracorpórea, la cual consiste en pararle el corazón y que sea una máquina quien bombee la sangre a los órganos mientras intervienen el corazón, con todos los riesgos que eso entraña.
Me explicaron que era muy posible que le quedasen secuelas a nivel neurológico y multiórganico. Quizás no podría andar, hablar, comer…Quien sabe.
Además añadió: “Este cariotipo genético que le hicieron a tu hijo no es completo, no me sirve. Yo creo que tu hijo tiene algo más. Deberías pedir en el hospital que te realicen un “array” para descartar una selección del cromosoma 22q11.2, lo que significa Síndrome de DiGeorge”.

Suena a chino. Lo sé. Así me sonó entonces. Por desgracia, ahora entiendo bastante el tema.

A las 20 semanas volvimos a la ecografía de nuestro hospital. Tras mucho hablar con los cardiólogos, la frase que detonó la decisión fue: “Si el niño no se muere dentro de ti y llega a nacer, vivirá un auténtico calvario para terminar muriéndose”.

No había más que hablar. El miércoles 22 de Agosto de 2017, tras un fin de semana horrible, de llantos y despedidas, de no querer sentirle moverse, de sentirme un monstruo, ingresé a las 10 de la mañana con la primera pastilla de prostaglandina vía vaginal para provocar el parto.

Tras horas y horas de llantos, y mucho,mucho dolor, tanto físico como psíquico, a las 18:20h nació Rubén, con 342g y 23cm.

Le tuve en mi regazo durante unos minutos. Toqué su cara, sus manos, le di besos.. le pedí perdón. Le repetí mil y una vez que nos perdonase, que lo hacíamos por él. No olvidaré jamás ese momento. El momento más cruel y bonito de mi vida. Era un bebé perfecto, parecía que estaba bien...me sentí un auténtico monstruo.

Los doctores nos repitieron que habíamos hecho lo correcto, pero en ese momento era imposible entender nada.

Acababa de dar a luz a mi hijo sin vida, salí de ese hospital con los brazos vacíos, tras tanto tiempo soñando con salir de ese hospital siendo 3.
Flaqueé mucho, los primeros días en casa fueron espantosos. No entendía que mi vida tuviese sentido, no entendía porque yo merecía seguir aquí, si lo más valioso que tenía ya no estaba.

Me costó mucho tiempo asimilar todo lo que había tenido que vivir en apenas 5 meses. Todos los golpes que me había dado la vida desde entonces. Me costó aceptar que la vida tiene que seguir aunque parezca imposible. Para mí el mundo estaba parado.

Pedí que le hiciesen a Rubén la prueba que me recomendaron en Madrid, y tras 4 meses angustiosos nos confirmaron que había salido positiva. Rubén tenía Síndrome de DiGeorge.
Tras decirme que genéticamente estaba sano, nos encontramos esta noticia que nos cayó como un jarro de agua fría. Ahora nos tocaba enfrentarnos a pruebas genéticas nuestras, pues este síndrome tiene un factor hereditario y puede ser que uno de nosotros fuese portador y el 50% de nuestra descendencia pudiese heredar la enfermedad.

Con los meses, aunque lo creía imposible, he aprendido a vivir con el dolor. Un dolor tan intenso, tan fuerte, que creí que acababa conmigo.

En diciembre de 2017, a poco más de 4 meses de nuestra boda, tras mucho hablar, decidimos mi pareja y yo que ese mismo enero empezaríamos con la búsqueda de un nuevo embarazo. Como sabíamos que el embarazo podría tardar decidimos no esperar más, y si decidía venir antes, nosotros encantados. Nuestro hijo debería tener 3 meses el día de nuestra boda, y saber que no iba a estar nos hizo replantearnos todo.. Pues ese mismo mes, el 31 de diciembre, despedimos el año de la mejor forma que podríamos hacerlo, con nuestro positivo en la mano.

El comienzo de este nuevo embarazo tengo que decir que no fue nada fácil, además de añadir los "percances"que tuvimos, el embarazo arcoiris lo pintan como maravilloso, fanástico, que llega la alegría de tu vida... pero nada más lejos de la realidad. Fue un sufrimiento desde el primer día

Un simple manchado te hace entrar en cólera. Un simple escape de pipi al toser y piensas que es líquido amniótico. Si podría tener una infección en la bolsa y romper membranas. Si nacería antes de hora. Si estaría sana. Si su corazón latiría.

Un embarazo arcoíris hace que cojas todos los miedos existentes alrededor del embarazo y los vivas todos del golpe. Todas las historias que has oído de bebés que no llegan a término, de complicaciones.. todas crees que te van a pasar a ti. Los días no pasan, no sientes ilusión. Ni siquiera sentí un vínculo con este bebé pese a verle varias veces en ecografía.

Este embarazo comenzó con manchados y su pertinente visita a urgencias, para variar.
Nada más entrar a la consulta de urgencias me hicieron una beta (Analítica en sangre que mide si hay hormona del embarazo y si la cantidad es correcta para las semanas de gestación). Salió bajísima, 12. Me dieron el alta con el diagnóstico de aborto bioquímico. Fue un palo, pero después de lo que habíamos vivido prefería eso a volver a pasar por lo anterior. Me dijo: “Si en 2 semanas no te baja la regla vuelves, pero vamos, no tendrás que venir”.

Pues a los 3 días estaba de nuevo en urgencias porque el manchado había menguado y no me encontraba demasiado bien, prefería que me repitiesen la beta para ver que había pasado, porque algo dentro de mí me decía que estaba embarazada. La beta había triplicado hasta 57. Lo que hacía pensar que el embarazo avanzaba. Me dijeron que veían algo en la trompa, muy pegado al ovario derecho.. Así que empezaron las betas cada 2 días y ecografías de control para descartar un embarazo ectópico. De verdad, no creía que me estuviese pasando esto a mí. Lo pasé fatal, imaginándome que pudiesen tener que extirparme una trompa o incluso un ovario!

Lloré mucho, pero tras 2 eternas semanas por fin se vio el saco dentro del útero.

Poco a poco el manchado desapareció y empezó a llegar la calma. Se acercaba la eco de las 12 semanas a la que yo le tenía un pánico tremendo. Además, nosotros nos realizamos las pruebas genéticas para saber si somos portadores de la enfermedad que tenía Rubén o no, pero otra vez más el hospital “la lió”. Nos hicieron unas pruebas que no servían para ver ese síndrome, así que en realidad estaba embarazada y sin saber si somos portadores de la enfermedad que tuvo mi hijo. Entonces sí, pedí traslado a otro hospital, no pensaba llevar ahí mi embarazo por nada del mundo. Allí acudimos para la eco de las 12 semanas y por fin, TN de 1,2mm, corazón y todos los órganos normales.
No podía parar de llorar de felicidad. Era nuestro bebé y estaba sano. Por fin sentí romper esa coraza en mi mente y corazón que había creado alrededor de este bebé. No me dejaba crear un vínculo con él, no podía ilusionarme.
Aunque no había indicio de que algo fuese mal, por nuestro antecedente y no tener nuestro estudios genéticos nos recomendaron hacer biopsia corral o la amniocentesis.Me hice la biopsia corial, y tuvimos que esperar 5 semanas para tener los resultados.Por fin, el 3 de abril de 2018 acudimos a por los resultados en los que nos confirmaban que nuestra hija era sana. Nuestra niña, Alexandra.
A partir de ahí empecé a disfrutar mi embarazo. Llegó la ecocardio de las 16 semanas donde con Rubén nos confirmaron el peor diagnóstico, y esta vez, nos dijeron que su corazón y todos sus órganos estaban perfectos.
En la eco de las 20 semanas: “Esta vez es la buena, enhorabuena, os lo merecéis”. Me parece increíble que dentro de mí esté creciendo un bebé que en apenas 3 meses podré tener en mis brazos.

Cuando vives algo así, parece imposible traer un hijo sano al mundo, que siempre vas a tener esa “mala suerte”. Pero no, hay que luchar por los sueños, hay que perseguirlos. El camino no es fácil, nadie lo dijo, pero los sueños se cumplen.

Solo quedan 3 meses para tener a mi princesa arcoíris con nosotros, y no veo el momento. A veces surgen miedos de si seremos buenos padres, si lo haremos bien.. Pero luego todo se disipa. Claro que sabremos, daríamos la vida por ella, y haremos todo lo que esté en nuestras manos por que nuestra hija crezca sana y feliz. Más querida y deseada no podría ser.

Eso sí, nunca un bebé sustituye al anterior. Al principio cuando nació Rubén me negué en rotundo a tener más hijos, porque no quería que nadie pensase que lo estaba sustituyendo. Pero con el paso de los meses, aceptas que eso nunca va a suceder, que el amor no se divide, se multiplica y que Rubén siempre va a tener su sitio en mi corazón y en nuestras vidas, y nunca, jamás, nadie lo podrá ocupar.
Al fin y al cabo, él fue mi primer hijo, al que tanto deseé y amé, y que sin duda, jamás olvidaré.

Rubén, tu hermanita Alexandra sabrá que tiene a su mayor ángel de la guarda cuidándole y protegiéndole. No hay mayor regalo que ese. Te queremos, os queremos.
Quiero agradecer nuevamente este testimonio y ademas felicitarla por esa pequeña que pronto llegará. Como bien dice, un bebé no sustituye a otro por eso Alexandra siempre tendrá un hermanito en el cielo.

lunes, 19 de marzo de 2018

La estrella más brillante


Como todas las semanas os traigo un nuevo testimonio de una mamá en el cielo, hoy os cuento la historia de esta estrella que está brillando muy fuerte en el cielo, para dar luz a su madre que se encuentra en Bogotá, para ayudarla a superar su pérdida y para que le ayude a ver el camino que tiene delante que seguro pronto le traerá un hermanito a David Luis. Os recuerdo que si queréis compartir también vuestra historia podéis escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com o a mi instagram. Os dejo que ella os lo cuente:

Mi pequeño me regalaba todos los días golpecitos y pataditas en mi panza, se movía muchísimo y eso me llenaba de felicidad, me hacía inflarme hasta ser la más grande de los que me rodeaban. El 16 de Julio tuve un control de maternidad pero me tuvieron que mandar exámenes y dar cita con el ginecólogo-obstetra porque tenía bastantes dolores y además en una ecografía 4d que tenía indicaba que tenía cierto riesgo de preeclampsia y mi doctora quería asegurarse y que me viesen como realmente estaba.
Es día, aún así, me fui a trabajar tranquilamente aunque tengo que reconocer que en mi trabajo se maneja mucho estrés y ese día había mucho movimiento. A las dos de la tarde más o menos tuve que salir para ir al banco y ya empecé a notar algo raro, dolores bajitos pero aún soportables y pensé que sería por estar tanto tiempo de pie, no me imaginé nunca que fuera algo malo...
Cuando terminé mis gestiones fui a comer algo y a descansar pero me di cuenta que el dolor era mucho más fuerte y no me dejaba ni sentarme, eran punzadas constante a cada rato y tuve que escribir llorando a mi esposo y mi madre porque tenía mucho miedo de como me encontraba. Bajé a la enfermería a que me tomaran la tensión por si la posible preeclampsia había empeorado y al preguntarme si el bebé se movía me di cuenta que realmente no lo había notado en toda la tarde y era muy extraño porque mi pequeño era muy activo y movido. Mi panza estaba dura, muy dura y con todo esto decidieron llamar a la doctora. Ella intentó motivar al bebé, pero no hubo ningún movimiento, el cuello del útero estaba cerrado pero mi panza seguía dura por lo que decidieron llevarme al hospital porque todo parecía indicar que eran contracciones y estaban preocupados porque era pronto y no tenía las semanas de gestación necesarias, yo estaba en ese momento de 28+5.
En el hospital me hicieron exámenes y ecografías y efectivamente el bebé no se movía, pero si respiraba y su corazón latía por lo que los médicos decidieron que estaba todo bien. Eso es lo que ellos decían, yo estaba aterrorizaba y presentía que no estaba realmente bien que algo no iba como debería. Me encontré con médicos con muy poco tacto, que en vez de aliviarme me atacaron incluso reprochándome haber pedido una ambulancia cuando mi bebé estaba bien aunque no se moviera.
Al poco empezaron las ganas de vomitar, intentaba y no lo conseguía pero al tercer intento vomité y al terminar me di cuenta que estaba empapada, había empezado a sangrar y algo transparente salió. Entré en pánico pues había leído que eso sólo pasaba con el cuerpo cuando el bebé quería nacer. Me volvieron a controlar, no me dijeron gran cosa y aunque me hacían controles, monitores y tactos diciendo constantemente que todo estaba bien, yo día tras día iba notando que su respiración disminuía.
Pasé dos días ingresada y pensé que me mandarían a casa pues los dolores habían disminuido pero aún seguía preocupada porque no notaba los movimientos de mi bebe bailongo. Me bañe mientras le hablaba, le decía que estaba poniéndome guapa para irme a casa y descansar con todos los míos pero antes me tenían que hacer una ecografía, aunque en la de la noche anterior había escuchado sus latidos perfectamente.
Me confirmaron por fin en ese momento que era un varón, un pequeño hombrecito pero empezó todo a torcerse cuando me preguntaron si yo notaba algo raro porque en el líquido se veía algo raro. Yo no noté nada raro pero me dijeron que me iban a hacer una cirugía de emergencia, una cesárea porque parecía que mi bebé estaba muerto. Así, de forma directa, cortante y seca, fría y cruel.
Rompí en llanto, no sé a que mundo me fui, ni donde estaba mi cabeza... sólo repetía que no quería cesárea, tenía tanto miedo...nunca pensé que eso fuera a suceder, no quería que mi bebé naciera antes de tiempo pero tenían que hacerlo porque no sólo podía afectarme a mí sino que no sabían realmente el estado de mi bebé, había una pequeñisima posibilidad que aún estuviera bien.
En ese momento además mi cabeza daba más vueltas aún, pensaba que ni mi madre ni mi marido habían llegado, que no teníamos ropita para vestirle cuando naciera, ¿qué le pondría en ese momento?... pero los doctores me dijeron que ellos les comunicarían todo y con los miedos a la inyección que me iban a poner sólo me cortaron preguntándome de forma seca si quería salvar al bebé. Sin más me acosté, colocaron una manta para que no viera y sólo me dijeron que me avisarían cuando hubiese nacido mi hijo. Desde ese mismo momento sólo pensé en orar.
Cuando escuché que mi pequeño ya había nacido pedí que me dejaran verlo pero se lo habían llevado rápidamente con el pediatra porque mi bebé estaba muy mal. No pude escuchar su llanto en ningún momento, sólo tuve la esperanza de que todo saliera bien, pero se quedó en eso, una esperanza. Al poco rato llegó la pediatra y me dijeron que habían hecho todo lo posible, que le pusieron adrenalina, oxígeno y hasta le reanimaron, pero no reaccionó. No sé que más me dijo porque mi cabeza no quería creer, pensaba que todo era una mentira y tan sólo lloraba.
Cuando pude enterarme de algo me confirmaron que debido a la preeclampsia severa me provocó un desprendimiento de placenta de un 80% y por eso mi pequeña estrella nació con bradicardia, con un corazón que latía poco y con muy pocas esperanzas de vida. Los médicos, el entorno no me facilitaron las cosas pues me dejaron en una sala de recuperación al lado de todas las madres con sus bebes vivos y rositas esperando a ser conocidos por sus papas. Estuve así una hora aproximadamente, con el corazón roto, enganchada a una maquina de oxígeno porque del llanto no podría respirar bien. Cuando finalmente pude ver a mi mamá y mi esposo nos derrumbamos pero con la seguridad de tenerles a mi lado y gracias a Dios mi marido me dijo que pudo hacerle una foto a mi bebé, el único recuerdo que tengo de su carita bella.

Tuve que estar dos días más en la cínica para ver como evolucionaba pues mi tensión seguía alta y yo muy hinchada y si empeoraba me tendrían que volver a operar sacándome todo e impidiéndome tener más bebés en un futuro. Esos dos días estuvo también mi bebé en la morgue pues estábamos consiguiendo el dinero para poder llevarlo a descansar. El 20 de Julio del 2016 me dieron el alta, el mismo día del entierro de mi estrella aunque no me dejaron ir porque decían que para mi cesárea era malo y no me dejaron acercarme ni al cementerio ni a la morgue.
Pasado un mes pude por fin visitar a mi hijo, en pleno proceso de duelo, que fue muy duro para mi porque me aleje de toda mi familia y tuve que recibir ayuda psicológica.
Conservó su fotografía como un tesoro, es tan hermoso... No tuve el placer de darle mi amor, darle de mi seno y mucho menos oír sus llantos. Es algo muy duro, pasar por esto no se puede entender salvo que lo vivas. Es duro volver a casa y ver esa herida en tu abdomen y darte cuenta que no está dentro ni en casa, que no volverás a sentir sus pataditas, el tiempo que esperabas para verlo ya no existe porque simplemente se consumió. Pero sólo pido a Dios y a mi hijo que me den la fuerza que necesito para seguir adelante, al lado de mi esposo y madre. Por eso mamas amen, quieran y delen todo su amor a sus pequeños, a sus bebés.
Yo también soy mamá en el cielo.
En memoria de David Luis Guerrera Romero



Para contar vuestra historia escribidme a miarcoirisguerrero@gmail.com






domingo, 4 de marzo de 2018

Ese ángel llamado Ryan...

La historia de hoy me genera mucha ternura y rabia a partes iguales. Ternura porque aunque no conozco personalmente a la mamá que la escribe he tenido el placer de conocerla a través de instagram, una mamá de la que he sentido su dolor y he entendido perfectamente y que se encuentra en pleno proceso de duelo. Sé que avanzará y sé que hay un bebé arcoíris para ella y su pareja y que vendrá para que Ryan tenga un hermanito o hermanita en la tierra. Rabia porque es otra de las historias que creo tiene errores médicos detrás, errores que se pasaron por alto y a lo mejor, sólo a lo mejor podrían haber cambiado el resultado final. Por eso me parece muy importante esta iniciativa de change.org y os dejo el enlace aquí para que votéis con el fin de que se empiece a establecer un protocolo claro y uniforme para los casos de muerte gestacional.


En un embarazo te piensas que si un día algo va bien, al siguiente seguirá así pero me equivoqué y comprobé como todo puede cambiar en cuestión de segundos...
Me enteré que estaba embarazada el 8 de Junio de 2017, de 8 semanas, con la certeza de mi ginecóloga de que yo no estaba embarazada y mi duda porque había tenido manchado y lo confundí en ese momento con mi periodo. Que alegría cuando me hice un test y me dio positivo... pero por supuesto también miedo mezclado con ilusión. Probablemente todas las que habéis querido ser madres entendéis estas emociones al ver el positivo tan ansiado.
A las 9 semanas me levanté con un sangrado abundante así que me fui a urgencias temiéndome lo peor pero no, ahí estaba mi pequeño bebé, mi saltarín inquieto y moviéndose sin parar.
Después de eso tuve un embarazo casi perfecto, tranquilo, sin síntomas y con un bebé dentro de mí perfectamente sano. En la semana 20, ecografia morfológica nos dicen que es un niño, Ryan.
A las 30 semanas para mí comenzó la cuenta atrás, terminar de comprar cosas, ¡hasta pañales tenía! que ganas de conocer su carita, de tocarle, de abrazarle...pero en la semana 33+1 tuvimos que acudir a urgencias porque tenía dolores y como primeriza no sabía bien lo que podía ser. Mientras esperaba me pusieron los monitores... mi bebé hacía bajadas de pulsaciones, de 150/160 lo normal, a 30/40 y aunque avisé me dijeron que no era nada, que estaba todo normal. Yo no soy médico pero como madre notaba que algo no estaba bien, cuando hacía esas bajadas Ryan no se movía, no tenía que ver con el movimiento, estaba preocupada pero no me hacían caso. Yo había leído que cuando las pulsaciones tenía esos bajones tan drásticos se debía a que existía sufrimiento fetal no ha movimiento. Me hicieron ecografía y todo estaba bien, todo normal, placenta y líquido bien, posición cefálica y una ligera infección de orina que no tenía mayor importancia. Medicación y a casa.
Volvimos a casa, y sobre las 23.00 noté tres patadas seguidas en seco de Ryan y yo en mi inocencia pensaba que era él, simplemente haciéndose notar, y de hecho, de madrugada lo sentí nuevamente.

A la mañana siguiente, a las 7.30 me desperté sin sus movimientos matutinos, parecía que siempre me daba los buenos días pero esta vez no fue así. Asustada me puse el doppler casero y no escuche nada. Intenté tranquilizarme y tomé algo de dulce pero tampoco conseguí escuchar latido o notar algún movimiento. Aunque estaba nerviosa quise creer que en un embarazo tan avanzado podía ser normal, creo que fue una especie de mecanismo de defensa; pero como es lógico decidí acudir a urgencias y que me explorasen.
En la matrona lo intentaron igual que yo, doppler y azúcar y no se escuchaba nada. En ese momento ya empecé a ponerme más nerviosa, una vez podía ser normal, pero tres...ya era demasiado preocupante. Me hicieron ecografía urgente y las caras de las ginecólogas lo decían todo...Todo lo feliz que era, todas esas imagenes que tenía en mente junto a mi pequeño... se esfumaron de golpe cuando me dieron la noticia; no había latido, se había parado. Aún con mi inocencia pensé que lo siguiente sería fácil pero no... me tocaba pasar por un parto normal, ¿sabéis lo que duele un parto verdad? pues imaginad ese dolor pero sin tener la recompensa final de tener a tu bebé en brazos después.9 horas de contracciones sin descanso y mucho dolor. A las 00.25 del 30/11/2017 nació mi ángel, Ryan y me convertí en mamá en el cielo. Mi recompensa fue verle su carita y esa preciosidad que había llevado conmigo durante 8 meses. La causa del fallecimiento...asfixia por nudos en el cordón umbilical alrededor de las 8 de la mañana...

Su corazón sigue latiendo junto al mío que late por los dos. Mi niño, recuerda siempre lo que te susurre, te quiero y te amo. Y siempre, siempre seremos uno.
Itziar, mama de Ryan (@mamaderyan)
Si tú también quieres contar tu historia y que la publique puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com y para continuar con nuestra historia puedes seguirme en mi instagram: @mi_arcoiris_guerrero


domingo, 18 de febrero de 2018

El giro que dio mi vida...

Volvemos con un testimonio nuevo, una mamá en el cielo a la que tengo la suerte de conocer y de saber de primera mano cómo sucedió todo. Ella es fuerte y valiente, igual que su marido y sé que muy pronto, cuando estén preparados, cuando su corazón esté preparado tendrán su bebé arcoiris porque se lo merecen de verdad, y porque tienen mucho amor que dar. No voy a decir que van a ser unos padres fantásticos porque para mí ya lo son. Vuestro campeón podrá jugar en el cielo con David siempre, se tendrán el uno al otro y jamás estarán solos.

Como puede cambiar tu vida en unas horas, minutos, segundos...

La primera vez que mi vida cambió fue cuando me enteré que estaba embarazada, mejor dicho, cuando lo confirmé porque yo ya sospechaba algo. De repente, te das cuenta que una personita, la más importante del universo, está creciendo dentro de ti, y entras en un mundo nuevo de alegrías y miedos.
Antes de la primera falta mi instinto me decía que estaba embarazada pero no quería ilusionarme aún. A los pocos días se confirmó, mi vida estaba empezando su gran cambio, iba a ser MAMÁ y con la alegría vino también todas las dudas y miedos del momento, ¿saldría todo bien? ¿sabré cuidar al bebé? ¿cogerle? ¿saber por qué llora?... y para que no me relajara demasiado, pasado el primer mes llegó el primer susto, comencé a sangrar y por supuesto a urgencias corriendo. Entendí el verdadero significado del miedo, no podía articular palabra, estaba bloqueada... solo pensaba en mi bebé en que estuviera bien y en que todo fuera un mal sueño. Me revisaron, me mandaron a casa con progesterona porque estaba todo bien y tan sólo tenía que hacer reposo relativo; y comenzó mi tregua.
Tranquilidad, ilusión, felicidad... pude sentirlos cuando el manchado se solucionó, el miedo ya no era tan fuerte y me atreví a comprar el carro y mirar alguna cosa, pero la realidad te golpea cuando menos te lo esperas y en la ecografía de la semana 20 mi vida volvió a tambalearse y agrietarse. Al principio todo estaba bien, me dijeron que era un niño y no os imagináis que alegría, creo que su padre y yo no podíamos estar más felices, ¿y él?¿mi pequeño? feliz dentro de mi, moviéndose y chupándose el dedito...y de repente mi burbuja se explotó... comenzaron los cuchicheos y la cara de preocupación de los médicos hasta que me lo dijeron... el cuello del útero se había borrado y estaba en 3.5 mm y la bolsa se podía tocar con los dedos. Me volví a paralizar mientras los médicos me explicaban la situación, datos médicos, cosas que debía saber pero que no podía terminar de procesar hasta que interrumpí al médico: "pase lo que pase, ¿mi bebé no va a nacer? le pregunté; NO, fue su respuesta, un gran NO que me heló el corazón. 
Me dejaron ingresada, con reposo relativo, tan sólo podía moverme para ir al baño y los médicos tan sólo podían controlarme. Estuve una semana ingresada más o menos, con contracciones, con subidas y bajadas al paritorio pero sin terminar de parir... hasta que al quinto día la bolsa se rompió aunque el corazón de mi campeón seguía latiendo con fuerza. Nosotros esperábamos un milagro pero los médicos lo tenían muy claro: un bebé en la semana 20 no es viable, no tiene posibilidades de sobrevivir y en el hipotético caso que lo consiguiese tu calidad de vida sería bastante mala. Nosotros no sabíamos que hacer, sólo queríamos despertar de esa horrible pesadilla y si tenía que pasar que fuese cuanto antes porque sin líquido el bebé empeoraría y como padres lo último que queríamos es que nuestro hijo sufriera en su partida.

No hubo milagro, mi campeón dejó de latir a los tres días, estaba de 21+2 
El parto fue durísimo porque mi cabeza era un remolino. Lo único que hacía era pensar en todas las cosas que no podría hacer con mi hijo: no podría besarle, no podría mirarle ni ir al parque con él... no podría decirle lo mucho que le amaba...y le preguntaba continuamente a mi marido buscando una explicación, ¿por qué a nosotros? ¿por qué a nuestro campeón?
Los dolores fueron inhumanos, sin epidural... sentía que me partía en dos, pero no sólo por los dolores físicos, también por los emocionales, esos... aún los llevo conmigo. Pude verle, y despedirme de él y todos los días desde ese momento le llevo en mi mente. Él fue mi primer hijo y no se olvida, por mucho que la gente quiera empujarte hacia delante todos tenemos nuestro tiempo. Por muchos hijos que yo tenga como me dicen por ser joven... mi campeón siempre será el primero.
Quiero seguir recordando sus movimientos dentro de mí, su suave carita, su cuerpecito... porque me queda el consuelo de haberle podido poner cara al menos. Aún no puedo decir que lo he superado, hace muy poco, y sólo intento aprender a vivir con el dolor y con el vació que me ha quedado en mi vida.
Siempre te llevaré en mi corazón mi campeón, aunque no pueda volver a tocarte, a abrazarte, a besarte...y aunque aún no tenga a mi bebé arcoiris, yo soy mamá en el cielo. Te quiero

Historia contada por Sonia



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