Mostrando entradas con la etiqueta mamá molona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mamá molona. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de febrero de 2018

A mi guerrera

He querido escribirte desde hace tiempo unas líneas, igual que hice con tu hermano porque tú también te lo mereces, mi luchadora, mi guerrera... Desde el principio supe que eras especial, notaba tus pataditas, tus movimientos y sabía donde estabas colocada cuando latíamos juntas, pero decidiste venir antes de tiempo al mundo sin importarte las consecuencias y ahora que te conozco  sé que era porque mi cuerpo se te quedaba pequeño para tu inquietud y tus ansias de conocer todo aquello que te rodea. Recuerdo cuando naciste y cómo lloraste, demostrándonos a todos ya desde el principio que estábamos equivocados contigo, que tú no te ibas a ningún sitio, que habías venido a dar guerra a pesar de lo que creían los médicos que no apostaban por ti. Nos desarmaste a todos, a mí la primera con mis miedos por si no era capaz de quereros suficiente, ¡qué tontería! si con vosotros supe lo que es el amor verdadero, lo que es que tu corazón esté latiendo fuera de tu cuerpo sin poder hacer gran cosa para protegerlo.
A tu padre le desarmaste enseguida, con la primera caricia que le regalaste, y tú, tan zalamera sigues haciéndolo en cuanto tienes oportunidad. A tu abuelo le distes las sonrisas que necesitaba cuando más flaqueaba, le recargabas las pilas haciendo que fuese un hombre nuevo por unos días hasta que podía volver a verte, y ahora eres capaz de hacer que se olvide de sus problemas por unas horas. A tu abuela, a tu tía, a tu bisabuela...tanta gente a quien has llenado de luz... que los que han decidido no estar en tu camino no saben lo que se pierden.

Aún recuerdo los malos momentos que pasamos juntas, se me siguen saltando las lágrimas y más aún cuando sé que tú también los recuerdas y que tu rebelión con la comida tiene que ver con el dolor que sufriste entre esas cuatro paredes. Atesoro en mi recuerdo los momentos que compartimos haciendo canguro, no sé quién lo necesitaba más si tú o yo; todas las conversaciones que tenía contigo, parecía que me entendías... ibas haciendo todo lo que te iba pidiendo, recordándote siempre antes de irme a casa lo mucho que te quería, lo orgullosa que estaba de ti y lo poco que quedaba para irnos a casa juntas... aunque lo reconozco, hubo momentos que pensé que te perdía, que pensé que te irías con tu hermano pero justo cuando yo empezaba a flaquear... tú sacabas toda tu voluntad y mejorabas, avanzabas...tan fuerte eras que no te desestabilizaste durante tu operación de corazón de la que te recuperaste en tres días cuando a un adulto le hubiese costado semanas o meses. A veces miro hacia atrás, y no me lo creo... no me creo que hace 9 meses nacieras, que cambiaras mi mundo y mis valores, y aunque los miedos aún están presentes, de repente, me tocas la cara o me regalas una de tus sonrisas sin dientes que tanto me gustan y se me olvida, aunque sea por un momento todo lo malo, todo lo gris de mi vida.
Por eso mi pequeña no quiero que seas princesa, quiero que recuerdes siempre que eres una princesa, una superwoman que desde el principio ha nadado contracorriente y sé que seguirás haciéndolo, porque como le dije a tu padre, sé que harás cosas grandes, lo presiento, y que como has hecho hasta ahora no permitirás que nada ni nadie te pisotee ni te haga pequeñita.
Aún nos queda camino y obstáculos que superar, pero siempre te acompañaré, siempre estaré a tu lado como soporte, como guía, como apoyo o como lo que necesites porque, igual que los camaleones, me convertiré en lo que necesites en cada momento.
Simplemente...te quiero

Puedes seguir nuestra historia en instagram (@mi_arcoiris_guerrero) y si tienes algo interesante que contar sobre prematuros, tu historia, información útil... puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com

lunes, 29 de enero de 2018

El recuerdo de Santiago


Hoy os traigo el testimonio de la mamá de Santiago, mamá que como tantas otras tiene a su ángel en el cielo, cuidando de toda su familia y deseando que sean felices aunque sea con su recuerdo. Agradeceros todas las historias que me llegan y os recuerdo que si quieres escribir tu historia para esta sección del blog sólo tienes que escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com, hagamos entre todos que este duelo no sea silenciado.

"Os cuento mi historia del dolor más grande de mi vida.
En Abril de 2015 me enteré que estaba embarazada cuando al recoger una analítica de sangre que me había hecho porque tenía que operarme me lo anunció mi doctor... que alegría más grande... pero a la vez que miedo... sólo conseguí romper a llorar por la mezcla de emociones que sentía en ese momento.
Tuve un embarazo maravilloso, no tuve ni antojos ni vómitos, no tuve nada. En la semana 20 nos embarga la emoción al saber que sera un niño, un pequeño niño que se unía a nuestra familia. Con esa felicidad y encantados decidimos su nombre, SANTIAGO. Además, me confirmaron la fecha prevista de parto, el 15 de Enero, con el nuevo año reciente. En Noviembre viajé a España para estar en Navidad con mis padres, además de tener en mente traerme dentro de poco a mi marido también. El viaje fue bueno, y todo el mes de Diciembre, y aunque me costaba ya andar, estaba bastante bien para lo avanzado de mi embarazo.
El 3 de Enero comenzó ya mi pesadilla, lo recordaré y recuerdo tanto...Estaba de 38 semanas y fuimos a comprar las cosas que nos quedaban: la cuna, la bañera...todo lo necesario para su llegada, cuando empecé a tener dolores como de cólicos así que se lo dije a mi madre que me animó a ir a urgencias para tranquilizarnos. Al llegar me pusieron los monitores, y al principio no se escuchó nada, pero no me asusté porque era bastante normal ya que solía quitarse y apartarse siempre que ponían las correas. Con esa tranquilidad me pasaron a hacer una ecografía y fue en ese momento cuando la situación empezó a cambiar. La sala se lleno de médicos y enfermeras y a mi me empezaron los escalofríos a la vez que preguntaba desesperada si estaba todo bien. Me dijeron que no me alarmara pero que no encontraban el latido del bebé... comencé a gritar y a llamar a mi madre, cuando vino le dije que Santiago no tenía latido, y mi madre enloqueció...se puso a gritar y salió corriendo por el pasillo. Como la cosa no iba bien me pasaron a una habitación y me repitieron la eco. Confirmaron lo que ya me habían dicho, no había latido. Me iban a provocar el parto, y mientras tanto me pusieron un tapón en el cuello del útero. Mi madre llamó corriendo a mi marido que destrozado se puso a buscar billetes desde Colombia hasta aquí. Pasé el domingo y el lunes, y no avanzaba el parto a pesar de tener contracciones sólo había dilatado 3cm, por lo que el martes 5 de Enero, día de mi cumpleaños me avisaron que me iban a hacer una cesárea porque no me podían tener más tiempo así. Me pusieron la epidural y prepararon el quirófano y me derrumbé... me puse a llorar y las enfermeras y doctores me empezaron a abrazar y a dar muchos ánimos hasta que me durmieron. Cuando me desperté,me dijeron que ya lo habían sacado, y cuando me llevaron a recuperación pedí ver a mi pequeño ángel y me dejaron sola con él. Recuerdo tocarle y despedirme de él hasta que pedí que se lo llevaran.
El 6 de Enero llegó mi marido y empezamos a preparar el entierro, tras 8 días ingresada me pude ir a casa, sin mi hijo, sólo con sus cenizas. En ese tiempo no estuve sola ni un momento, 24 horas acompañada por toda la familia y además todo el equipo médico se portó muy bien conmigo, procurando no poner a ninguna embarazada cerca de donde estaba yo, para evitar escuchar el llanto de los bebés naciendo.
El 5 de Enero ha hecho dos años, y aún lo recuerdo como si fuera ayer, salir del hospital sin tu bebé en brazos... llegar a casa y ver su ropa, su carrito... es muy doloroso pero tuvo su recompensa ya que tengo conmigo a mi bebé arcoiris que ya tiene 4 meses, y lo adoro. Eso sí, siempre que me preguntan cuantos hijos tengo contesto que dos, y extrañados me dicen ¿dos?...sí dos, uno en el cielo y otro aquí en la tierra.

Relato de @stefany.bolano



Puedes contarme tu experiencia escríbiendome a miarcoirisguerrero@gmail.com y puedes seguir nuestra historia en instagram @mi_arcoiris_guerrero

viernes, 12 de enero de 2018

Lactancia materna en prematuros

Numerosos estudios hablan de la capacidad que tiene el cuerpo para diseñar la leche especial que tu bebe va a necesitar según el momento del día, y esto en la prematuridad es un factor fundamental porque disminuye la morbilidad (enfermedades asociadas) y un fantasma que nos rondó durante toda la estancia en la UCI y de la que al final nos libramos: la enterocolitis necrotizante. La lactancia materna es complicada ya de base, molesta, genera mastitis, grietas… y en muchas ocasiones hay que ser muy perseverante para conseguir establecer una lactancia adecuada y exitosa, pero si hablamos de grandes prematuros la cosa se complica. Hay que recordar que no es lo mismo hablar de prematuros que de grandes prematuros, no sólo por su peso, sino también por su inmadurez neurológica y digestiva entre otras. Lo que a nosotros nos parece muy sencillo, masticar, tragar, respirar… realmente es muy complicado, y cuando tuve que enseñar a Daniella a comer descubrí que la acción de comer es muy compleja. Un bebe a término sabe comer, lo tiene ya establecido de forma innata, ya sea lactancia materna o artificial pero sabe cómo tiene que succionar (aunque pueda costarle), cuando tiene que respirar y cuando tiene que tragar; un prematuro extremo no, de hecho, inicialmente su alimentación es a través de sonda y mínima cantidad (Daniella empezó tomando por sonda 1cc de leche, y hubo que parar hasta en tres ocasiones para ponerla a dieta por las infecciones). Como ya sabéis, mis pequeños nacieron en la semana 25, y hasta la semana 34 no se les puede poner al pecho (o dar biberón) porque no van a ser capaces de succionar correctamente, y aún así hay que tener mucho cuidado y mucha paciencia. Es decir, que estuve más de 9 semanas usando un sacaleches sin nada de estimulación por parte de mi bebé, así que para mí establecer una lactancia materna exclusiva fue imposible ya que a esto se unía los altibajos emocionales propios de la situación. Mi comienzo con la lactancia fue sencillo y atípico, comencé con el sacaleches cada 3 horas, y ya en la primera extracción conseguí unos 20-30ml de leche, una cantidad importante para ser prematuros, haber tenido parte de cesárea y ser gemelar; pero es cierto que la subida de leche la tuve relativamente pronto, pues ya la primera vez que les conocí y vi a David empecé a manchar unas pequeñas gotas de leche. Con las cantidades que sacaba y lo poco que comía Daniella hice un buen banco de leche casero que permitió que mi ratona continuase algo más con leche materna. Estuve asesorada en todo momento por todo el equipo sanitario, pero en especial por una enfermera, Beatriz, que aclaraba todas mis dudas y tenía mucha paciencia conmigo, y todos me apoyaron en espaciar la estimulación 4 ó 5 horas pues la cantidad que tenía era importante y podía “relajarme” un poco, sin embargo, el problema llegó cuando empezó a tener problemas graves de salud Daniella, pues las tomas me las saltaba, no me apetecía dejar de tocarla o de estar en canguro para sacarme leche, y esto hizo que la producción descendiese, aunque después intenté volver a encauzarla fue realmente difícil y frustrante, entre otras cosas, porque había una gran presión al saber que mi leche era de vital importancia para la niña. Inicialmente probé con la cebada, tanto en pastilla como a través de cerveza 0,0 (recordad que la sin tiene algo de alcohol aunque sea mínimo) y no noté ninguna diferencia; aumenté el consumo de agua pues dicen que la ingesta de líquidos produce más líquidos, y probé a sacarme leche teniendo a la niña encima en canguro, y además de complicado fue inútil pues la cantidad de leche en vez de aumentar, disminuía. Por último y ante la frustración y desesperación que tenía probé, asesorada por las enfermeras con lo que llaman la “Extracción Poderosa” o también llamada tortura china: consiste en estar durante 48 horas estimulando y extrayendo leche durante 5 minutos de cada pecho, cada hora, noche incluida, agotador y aunque parecía prometedor se quedó en nada. Al final, tan sólo producía 240 ml en 24 horas, algo mínimo y que agotó las reservas de mi banco de leche por eso Daniella acabó tomando biberón. Tuvo suerte, porque dos meses exclusivos de sacaleches complican la lactancia y de hecho no conozco a ninguna mamá que prematuros extremos que consiguiese establecer lactancia materna exclusiva, como mucho, mixta ya que ante la dificultad que tienen los prematuros para engordar es importante complementar con alguna toma de fórmula para evitar pérdidas de peso y en las que son sólo con leche materna hay una parte de la toma que se realiza con biberón pues el bebé tiende a cansarse al estar al pecho. La satisfacción que me queda es que aunque fueron pocas veces, Daniella pudo ponerse al pecho para realizar succiones no nutritivas y aunque es una espinita que llevaré clavada siempre, sé que hice lo que pude hasta que mi cuerpo dijo basta; por eso no creo que el fracaso en la lactancia con grandes prematuros se deba únicamente a falta de asesoramiento o de apoyo por parte de los profesionales médicos, sino más bien a las circunstancias, en especial a la imposibilidad de poner al bebé al pecho para que estimule que es realmente lo único que aumenta la producción. Si sois mamás de prematuros o mamas que habéis tenido dificultades con la lactancia, me encantaría escuchar vuestras historias y cómo conseguisteis o no establecer la lactancia materna.

Puedes seguir nuestra historia en instagram (@mi_arcoiris_guerrero) y si tienes algo interesante que contar sobre prematuros, tu historia, información útil... puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com

domingo, 12 de noviembre de 2017

Mi parto

Añadir leyenda
Conseguí quedarme embarazada gracias a la ciencia, fue una in vitro con icsi, y los primeros embriones que trasferimos fueron los que se quedaron. En la betaespera estuve relativamente tranquila porque pensaba que necesitaríamos varios intentos hasta conseguir el deseado embarazo.
Después del resultado del análisis de sangre y la ecografía que confirmó que venían dos bebes empecé con los miedos grandes. El primer trimestre, además de tener muchas náuseas y malestar en general, fui absorbida por las hormonas (fundamentalmente la progesterona que tenía que añadir con unos óvulos mañana, mediodía y noche) y no dejaba de llorar y pensar que tendría un aborto diferido, sensaciones que empeoraron cuando tuve un sangrado donde me mandaron reposo relativo.
En el segundo trimestre pensé que la cosa mejoraría, esas energías de las que hablan todos los libros, pero además de no encontrarme mejor se me complicó con un cólico nefrítico que me obligó a estar ingresada un par de días y después mantener reposo en casa hasta que dí a luz en Mayo.
Acabé trasladándome a casa de mis padres porque yo tenía que estar en cama, mi medio limón trabajaba mucho y mi madre se estaba haciendo kilómetros para cuidar de mí y luego llevar su propia casa. Con ese reposo todo fue más o menos bien hasta el 2 de Mayo que empecé a expulsar el tapón mucoso, fue muy poco pero me tocó acercarme a urgencias.
Al llegar y tras explorarme vieron que tenía el cuello del útero acortado, estaba en 14 mm y al ponerme los monitores se marcaban pequeñas contracciones, por lo que me dejaron 24 horas en observación, durante las cuales no volví a tener ninguna. Me dieron el alta con indicaciones de reposo absoluto e indicándome que cualquier cosa que me notase volviese. Al día siguiente volví a expulsar tapón mucoso así que volví a urgencias pero me dijeron que seguiría expulsando y que no me preocupara y nuevamente reposo absoluto. A los dos días, con la indicación de la matrona me volví a acercar a urgencias porque estaba con diarrea desde hacía 3-4 días y me había indicado que podía ser indicios de parto, pero al llegar la ginecóloga me hizo una ecografía, no me puso monitores y me mandó a casa con una dieta blanda diciéndome que no era tan fácil perder un embarazo, y que podía moverme algo de la cama sin problemas. Esto fue un viernes. El fin de semana pasó sin incidencias, comencé a moverme algo más, aunque tampoco mucho, y seguía con mi dieta blanda sin expulsar más tapón mucoso.
El lunes por la mañana, me desperté sola en casa, mi padre y mi pareja en el trabajo, mi madre sacando al perro, y yo fui al baño a ponerme la progesterona que me habían mandado por el acortamiento del cuello del útero, que seguía más corto de lo que debería estar. Noté que no podía parar de hacer pis, y que al ponerme los óvulos salió un charquito pequeño de líquido... empecé a llorar porque sabía lo que eso significaba, había roto la bolsa, probablemente de la niña porque es la que más abajo se encontraba, y sólo deseaba que fuera una fisura y no una rotura. Me vestí, dejé todo preparado a la espera de que llegase mi madre y en cuanto se lo conté y vio como seguía saliendo corriendo a urgencias. 15 minutos en llegar, todos los minutos llorando y rezando por mi niña, porque estuviese bien y no le pasase nada malo.
En urgencias me atendieron enseguida, me hicieron la prueba y confirmaron que efectivamente era liquido amniótico y que la bolsa estaba complemente rota, la niña tenía muy poco líquido pero no había contracciones. Me dejaban ingresada para ponerme los dos pinchazos de maduración pulmonar y a esperar que no me pusiera de parto. La ginecóloga que me atendió fue la misma que me vió el viernes en urgencias, y tras eso, las veces que nos hemos cruzado, ni me ha querido mirar a la cara.
El día del ingreso estaba de 24+4 y es cierto que la viabilidad está en la semana 24 pero con muchas complicaciones. Ese día estuve llorando, mucho, con muchos miedos pero con una pequeña esperanza de que con el reposo del hospital aguantasen los dos hasta la semana 28 por lo menos. Ese día aún no me habían mandado reposo absoluto, solo relativo.
Al día siguiente, tras la eco doppler, donde te miran todo en detalle me dijeron que ni moverme de la cama, ni siquiera para ir al baño, porque había muy poco líquido y la niña estaba muy encajada. Lo bueno es que en hasta ese momento no había tenido contracciones, ni siquiera de las pequeñas, y que los bebes estaban estupendos, incluso Daniella sin líquido.
Por la tarde empecé a sentirme un poco peor, con mayores molestias, y al hacer pis empecé a soltar hilillos de sangre. Las enfermeras no le dieron importancia, yo le dije a mi madre que había terminado de perder el tapón mucoso.
El 10 de Mayo, dos días después de haber roto la bolsa, y habiendo completado el ciclo de maduración pulmonar, comienzo a sentir pequeños dolores como de regla a las tres de la mañana. Llamamos a la matrona, y me pone monitores, no se aprecian contracciones. Desde las 3 de la mañana, hasta las 8 que llegó mi ginecóloga, no se me marcaron las contracciones en ningún momento, pero los dolores que yo tenía iban cada vez a más. Hay que explicar, que con rotura de bolsa no te pueden frenar el parto, pues la bolsa se ha podido romper por una infección y al no tener el bebe protección la infección podía pasarsele a ella; aún así dudaron, pero cuando llegó mi ginecóloga me exploró y tocó la cabeza de la niña: tenía contracciones cada tres minutos, el cuello del útero en 2 mm y la niña completamente encajada para nacer. Me pusieron un protector neurológico para los niños, con el que me quemaron las venas de la mano derecha, pero yo sólo repetía que me daba igual lo que hicieran mientras mis pequeños estuviesen bien. Mi familia tenía miedo por mí, a mi me daba igual lo que me pasase.
Me llevaron a quirófano donde estuve sola con el equipo médico. Era una intervención de urgencia por lo que mi familia no pudo entrar. Me pusieron la epidural (a la tercera porque me pinchó muchas veces y mal) y fue cuando empecé a notar algo de alivio en los dolores del parto, me pasaron a la camilla y una pediatra vino a hablar conmigo. Muchas cosas no me las dijo, porque yo pedí que no lo hicieran, sabía lo que había y lo único que le dije fue, "he venido con dos bebes, me tengo que ir a casa con dos bebes". Me explicaron que les pondrían en una bolsa de plástico cuando nacieran para que no perdieran el calor, y que no me asustase si no escuchaba nada porque en bebes tan pequeños lo normal era tener que reanimarles.
Había 25 personas en quirofano y aunque los bebes tan pequeños suelen nacer por cesárea porque no tienen fuerzas para nacer por parto vaginal, Daniella tenía otros planes. No podían sacarla por cesárea porque estaba tan encajada que la iba a llenar de hematomas, así que, tras unos cuantos pujos, nació mi pequeña guerera, a las 10.28. Tuvieron que llamarme varias veces para enseñármela, porque yo estaba tan convencida que no me la enseñarían que estaba pensando en la cesárea para sacar a David. Cuando la vi me pareció preciosa, y tuve que preguntar varias veces si lo que había oído era a la niña llorar, y todos me dijeron extrañados que sí, que no había sido necesario reanimarla. Se la llevaron a la UCIN pero iba tan bien que pudieron enseñarsela a su padre y sus abuelos.
Pero mi trabajo aún no había terminado. Era imposible continuar el embarazo de David, aunque su bolsa estuviese intacta, por lo que tuvieron que sacarle por cesárea, para la que me tuvieron que sedar completamente porque empecé a sentir cierto dolor cuando me cortaban. Nació a las 10.42 y no le pude ver. En este caso se fueron corriendo a la UCI, no pudieron verle ni mi familia pues a él si que le tuvieron que reanimar y además hizo un neumotórax.
Me desperté en el quirófano con tan sólo dos personas, una de ellas mi ginecóloga, que me llevó el embarazo y mis revisiones ginecologicas de siempre, una doctora que sé que hizo todo lo que pudo, me trato con muchisimo cariño y a día de hoy sé que investiga cómo podría continuarse un embarazo gemelar si uno de los bebes rompe bolsa y el otro no.

Mi post parto fue buenísimo, tenía molestias pero mínimas, y lo único que quería era ir a conocer a mis hijos. Sobre las 17.00 me trajeron agua para beber, me dijeron que si hacía pis para soltar la anestesia, podría ir a conocerles. Me bebí la botella en dos minutos, y a los diez ya había ido al baño y con ganas de ir a la UCIN a conocerlos.
La primera vez que los vi, no me impresionó, solo estaba feliz por verles, eran mis hijos, a pesar de que Daniella pesaba 660g y David 800g. Muchos cables por todos los lados, pero, nos dejaron tocarles con un guante muy ligeramente. Eran preciosos.
Mi post parto, fue bueno, leves molestias pero no dolores fuertes y la incomodidad que pude sentir se fue cuando a las 02.15 de la mañana, del 13 de Mayo de 2017, vinieron a mi habitación a decirme que algo iba mal y que fuera a la UCIN. No sé como podía correr en ese momento...
A las 02.30 despedí a mi hijo, y me quedé con él todo lo que necesité y fue, en ese momento cuando comprendí la lucha que tenía por delante.
Mi embarazo fue duro, mi parto fue duro y mi maternidad comenzó de la forma más dura posible pero tuve dos hijos, aunque algunas personas consideren como tal solo a uno. Mi ángel, al que siempre llevaré en mi corazón y mi guerrera, que con seis meses tiene más fuerza de la que yo jamás podré tener.

Os amo con todo mi corazón.

Puedes seguir nuestra historia en instagram (@mi_arcoiris_guerrero) y si tienes algo interesante que contar sobre prematuros, tu historia, información útil... puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com

miércoles, 25 de octubre de 2017

Reflexiones y miedos

El momento en el que nacen tus hijos seguramente es algo bonito y maravilloso que yo no pude vivir, primero porque entré llorando a quirófano y segundo porque no pude ver a mis bebes hasta casi diez horas después de nacer, por eso, el "piel con piel" algo que había deseado hacer en el momento en que naciesen lo tuve que olvidar.

Cuando los conocí, además de pensar que eran muy pequeños y preciosos, quería saber qué estaban sintiendo, si sentirían dolor, si estaban tranquilos, cansados...y sobre todo si se sentirían solos, sentimiento que me acompañó durante todo el ingreso de mi guerrera.
Siempre me he preguntado como, entre todas las personas que la cuidaban y la tocaban sabía que yo era su madre. Ese apego inicial, esa conexión tras el parto... no pudimos tenerla y sin embargo, según pasaba el tiempo me daba cuenta que ella sí diferenciaba entre las personas. Cuando empezaba a respirar peor yo conseguía en ocasiones tranquilizarla y que se estabilizara; cuando estaba tontorrona y pitaba a cada rato, se calmaba conmigo no con su padre  y cuando quería coger la mano de alguien era la mía la que buscaba. 
Aún así, el miedo a que se sintiese sola no se fue, y yo diría que sigue estando presente (por eso en cuanto llora voy a cogerla en brazos, algo que dije que jamás haría con mis hijos).

Por supuesto, me acompañaban más miedos, por ejemplo de madrugada y a las 12.00, momento en el que informaban los pediatras. Siempre recordaré que su hermano nos dejó a las 02.30 de la mañana y quizás por eso las noches eran y siguen siendo las más duras. A las tres de la mañana me tocaba sacarme leche y tras terminar, tenía que despertar a mi medio limón para que llamase a la UCIN y preguntase como estaba nuestra pequeña. Él estaba tan tranquilo durmiendo pero yo no podía llamar, de hecho, tenía que salirme de la habitación para no escuchar lo que decían porque empezaba a tener taquicardias y ya no me quedaba tranquila en toda la noche. 
Al mediodía también era una pesadilla, sobre todo al principio. Mi pareja tenía que trabajar por lo que era mi madre la que me acompañaba todas las mañanas a la UCIN (ella no podía pasar pero se quedaba toda la mañana esperando fuera por si tenía un momento de bajón y necesitaba llorar que tuviese a alguien fuera). En este hospital era de puertas abiertas para los padres, excepto de 10.00 a 12.00 que los pediatras se dedicaban a explorar a los bebes, pautar tratamientos...Y yo, que me había ido a las once de la noche, había llamado por teléfono a las tres y las seis de la mañana, estaba inquieta y muerta de miedo por ver que novedad me podía encontrar al pasar porque no se podía anticipar, eso es una montaña rusa emocional que cambia en cuestión de horas, y es un proceso en el que hay dos pasos hacia delante y uno atrás.

Además, había más niños, y por desgracia vimos a más de un bebé fallecer, que te recordaba que, aunque tu niña estuviese mejor ese día no, dejabas de estar en una UCIN y todo podía pasar así que  te ibas a casa con el llanto de dejar a tu bebé pero también con el de la pérdida de esos padres con los que habías compartido experiencias, comida, llantos y sonrisas.



91 días para pensar en negativo; generar miedos, cambiarlos y crear nuevos; días en los que no te permitías pensar más allá de unas horas, no podías ni pensar en el momento del alta porque no sabías lo que podía pasar; miedos que, aunque van implícitos con la maternidad nadie debería pasar.