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viernes, 22 de junio de 2018

Mamá guerrera

La historia que os traigo hoy es especial, la historia de una mamá que tuvo que dejar ir a su pequeño ángel Rubén a pesar del dolor que sentía porque sabía que si llegaba al final del embarazo su vida iba a ser breve y dura. Ella lo decidió pero no fue fácil y todos los días le tiene presente en su mente. Hace unos meses anunció en su instagram (@embarazadaalos19) que iba a darle una hermanita a Rubén, esta vez sería mamá en la tierra, de su pequeña Alexandra que nacerá para Septiembre para llenarles de felicidad y que puedan dar todo el amor que tienen que dar, pero no será su primer hijo, sino su segundo aunque el primero no podáis verlo. Historias duras pero de superación, de una mamá joven, decidida y valiente. Os dejo con su historia y os recuerdo que podéis contarme la vuestra escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com o por privado a mi cuenta @mi_arcoiris_guerrero

Mi historia (o mejor dicho, nuestra historia) empezó un 28 de abril de 2017, tras 4 meses de búsqueda por fin vimos el positivo. Entonces yo tenía 19 años y mi pareja 27.
 Desde el día en que vi el positivo empecé a manchar: “amenaza de aborto”. Primer susto.
Estuve desde el principio de baja laboral y en reposo.
No nos atrevimos a contar a la familia la noticia por el miedo a perderle en cualquier momento.. Así que decidimos esperar a las 12 semanas para ver que estuviese bien y  dar la noticia. Nada más lejos de la realidad..

A la eco de las 12 entramos tan emocionados… Cuando le vi latir, fue todo un descanso para mí porque esa era la mayor de nuestras preocupaciones… Pero entonces cuando empecé a llorar de emoción, el ginecólogo muy serio dijo: “Tiene la translucencia nucal alta, además de un higroma tabicado cervical, y tenemos que hacer biopsia corial para descartar que tenga algún síndrome”.
Nos dijeron que sale alterado en casos de síndrome de down y demás, pero también en bebés con problemas de corazón, y al nuestro le veían algo “raro”, pero no sabían el qué exactamente pues aún era muy temprano.

Estábamos destrozados. Con 19 años, sin antecedentes de nada, ni siquiera mi madre había pasado nunca por un aborto y tiene 4 hijos.. no entendía porque a mí, aunque he de decir que siempre he tenido pánico de que a mis hijos les pudiese pasar algo.

La semana siguiente me hicieron la biopsia corial y tuvimos que esperar 3 eternas semanas los resultados.“Niño cromosomicamente normal”. Por fin, sentí que al final empezaba a ver luz al final del túnel. Era un niño, Rubén, y estaba sano. Solo quedaba descartar que en la semana 16 el corazón estuviese bien.

Llegó el día, ya no manchaba y solo pensaba en que todo iba a salir bien. Entramos nerviosos perdidos, mi pareja negaba con la cabeza mientras la doctora movía el ecografo por toda la tripa sin articular palabra. Yo le sonreí, le dije: “Mírale, es precioso, todo va a salir bien”.Y otro batacazo más.“Vuestro hijo tiene Tetralogía de Fallot, es una cardiopatía bastante frecuente, pero el problema es que es muy muy severa. Apenas tiene arteria pulmonar, va a colapsarse y no es viable, os recomiendo interrumpir el embarazo cuanto antes”. No recuerdo nada más. Ella empezó a hablar y a hablar. Yo solo miraba la pantalla con la imagen congelada de mi hijo. No entendía nada, no entendía porque a mí, porque a Rubén.

Fuimos a la ecocardio de nuestro hospital de la SS, allí nos dieron la opción de interrumpir el embarazo, pero también de continuar un poco más a ver si el corazón evolucionaba bien o no.
Yo tenía claro que jamás haría sufrir a un hijo por mis ansias de ser madre, pero si los médicos me daban opciones de que el niño pudiese tener una vida de calidad y normal, iba a por todas, así que si ellos veían que podía ir a mejor íbamos a esperar.

A través de IG iba contando mi historia, aunque sin mostrar mi rostro, pues mi familia seguía sin saber todo lo que estaba pasándome. (Sólo lo sabían mi madre, mi hermana y mi suegra).
Entonces una chica al leer mi historia me contactó y me recomendó que si era posible que me visitasen en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, allí estaban los mejores especialistas en cardiología infantil y neonatal, y si alguien podía hacer algo por mi hijo, eran ellos.
Así que no dudé, me puse en contacto con el hospital, y al ser yo de Valencia había que realizar bastantes tramites para que me pudiesen trasladar el historial hasta Madrid y visitarme.
Pero estaba ya de 18 semanas y no había tiempo, teníamos que tomar decisiones en breve, así que conseguí que me visitasen sin cita “oficial”.

A la semana siguiente fuimos rumbo a Madrid mi pareja, mi madre y yo. Vi tantos niños en esa sala de espera…Varias madres me contaron sus historias, con lágrimas en los ojos, y me desearon que ojalá no tuviese que vivir todo eso que ellas estaban viviendo.

Allí fueron tajantes. Era de los peores casos que ellos habían visto, si no el peor. El pronóstico no era nada bueno. No creían que pudiese llegar a nacer con vida, pero de sobrevivir habría que programar el parto con cardiólogos y cirujanos 24h, para nada más nacer “ver todo lo que tenga, y decidir si operarle en ese instante o esperar unos días”.
Es decir, mi hijo si llegaba a nacer iba a ser operado a corazón abierto para intentar conseguir que sobreviviese hasta los 3 meses, y así tener más peso, para volverle a operar con una cirugía extracorpórea, la cual consiste en pararle el corazón y que sea una máquina quien bombee la sangre a los órganos mientras intervienen el corazón, con todos los riesgos que eso entraña.
Me explicaron que era muy posible que le quedasen secuelas a nivel neurológico y multiórganico. Quizás no podría andar, hablar, comer…Quien sabe.
Además añadió: “Este cariotipo genético que le hicieron a tu hijo no es completo, no me sirve. Yo creo que tu hijo tiene algo más. Deberías pedir en el hospital que te realicen un “array” para descartar una selección del cromosoma 22q11.2, lo que significa Síndrome de DiGeorge”.

Suena a chino. Lo sé. Así me sonó entonces. Por desgracia, ahora entiendo bastante el tema.

A las 20 semanas volvimos a la ecografía de nuestro hospital. Tras mucho hablar con los cardiólogos, la frase que detonó la decisión fue: “Si el niño no se muere dentro de ti y llega a nacer, vivirá un auténtico calvario para terminar muriéndose”.

No había más que hablar. El miércoles 22 de Agosto de 2017, tras un fin de semana horrible, de llantos y despedidas, de no querer sentirle moverse, de sentirme un monstruo, ingresé a las 10 de la mañana con la primera pastilla de prostaglandina vía vaginal para provocar el parto.

Tras horas y horas de llantos, y mucho,mucho dolor, tanto físico como psíquico, a las 18:20h nació Rubén, con 342g y 23cm.

Le tuve en mi regazo durante unos minutos. Toqué su cara, sus manos, le di besos.. le pedí perdón. Le repetí mil y una vez que nos perdonase, que lo hacíamos por él. No olvidaré jamás ese momento. El momento más cruel y bonito de mi vida. Era un bebé perfecto, parecía que estaba bien...me sentí un auténtico monstruo.

Los doctores nos repitieron que habíamos hecho lo correcto, pero en ese momento era imposible entender nada.

Acababa de dar a luz a mi hijo sin vida, salí de ese hospital con los brazos vacíos, tras tanto tiempo soñando con salir de ese hospital siendo 3.
Flaqueé mucho, los primeros días en casa fueron espantosos. No entendía que mi vida tuviese sentido, no entendía porque yo merecía seguir aquí, si lo más valioso que tenía ya no estaba.

Me costó mucho tiempo asimilar todo lo que había tenido que vivir en apenas 5 meses. Todos los golpes que me había dado la vida desde entonces. Me costó aceptar que la vida tiene que seguir aunque parezca imposible. Para mí el mundo estaba parado.

Pedí que le hiciesen a Rubén la prueba que me recomendaron en Madrid, y tras 4 meses angustiosos nos confirmaron que había salido positiva. Rubén tenía Síndrome de DiGeorge.
Tras decirme que genéticamente estaba sano, nos encontramos esta noticia que nos cayó como un jarro de agua fría. Ahora nos tocaba enfrentarnos a pruebas genéticas nuestras, pues este síndrome tiene un factor hereditario y puede ser que uno de nosotros fuese portador y el 50% de nuestra descendencia pudiese heredar la enfermedad.

Con los meses, aunque lo creía imposible, he aprendido a vivir con el dolor. Un dolor tan intenso, tan fuerte, que creí que acababa conmigo.

En diciembre de 2017, a poco más de 4 meses de nuestra boda, tras mucho hablar, decidimos mi pareja y yo que ese mismo enero empezaríamos con la búsqueda de un nuevo embarazo. Como sabíamos que el embarazo podría tardar decidimos no esperar más, y si decidía venir antes, nosotros encantados. Nuestro hijo debería tener 3 meses el día de nuestra boda, y saber que no iba a estar nos hizo replantearnos todo.. Pues ese mismo mes, el 31 de diciembre, despedimos el año de la mejor forma que podríamos hacerlo, con nuestro positivo en la mano.

El comienzo de este nuevo embarazo tengo que decir que no fue nada fácil, además de añadir los "percances"que tuvimos, el embarazo arcoiris lo pintan como maravilloso, fanástico, que llega la alegría de tu vida... pero nada más lejos de la realidad. Fue un sufrimiento desde el primer día

Un simple manchado te hace entrar en cólera. Un simple escape de pipi al toser y piensas que es líquido amniótico. Si podría tener una infección en la bolsa y romper membranas. Si nacería antes de hora. Si estaría sana. Si su corazón latiría.

Un embarazo arcoíris hace que cojas todos los miedos existentes alrededor del embarazo y los vivas todos del golpe. Todas las historias que has oído de bebés que no llegan a término, de complicaciones.. todas crees que te van a pasar a ti. Los días no pasan, no sientes ilusión. Ni siquiera sentí un vínculo con este bebé pese a verle varias veces en ecografía.

Este embarazo comenzó con manchados y su pertinente visita a urgencias, para variar.
Nada más entrar a la consulta de urgencias me hicieron una beta (Analítica en sangre que mide si hay hormona del embarazo y si la cantidad es correcta para las semanas de gestación). Salió bajísima, 12. Me dieron el alta con el diagnóstico de aborto bioquímico. Fue un palo, pero después de lo que habíamos vivido prefería eso a volver a pasar por lo anterior. Me dijo: “Si en 2 semanas no te baja la regla vuelves, pero vamos, no tendrás que venir”.

Pues a los 3 días estaba de nuevo en urgencias porque el manchado había menguado y no me encontraba demasiado bien, prefería que me repitiesen la beta para ver que había pasado, porque algo dentro de mí me decía que estaba embarazada. La beta había triplicado hasta 57. Lo que hacía pensar que el embarazo avanzaba. Me dijeron que veían algo en la trompa, muy pegado al ovario derecho.. Así que empezaron las betas cada 2 días y ecografías de control para descartar un embarazo ectópico. De verdad, no creía que me estuviese pasando esto a mí. Lo pasé fatal, imaginándome que pudiesen tener que extirparme una trompa o incluso un ovario!

Lloré mucho, pero tras 2 eternas semanas por fin se vio el saco dentro del útero.

Poco a poco el manchado desapareció y empezó a llegar la calma. Se acercaba la eco de las 12 semanas a la que yo le tenía un pánico tremendo. Además, nosotros nos realizamos las pruebas genéticas para saber si somos portadores de la enfermedad que tenía Rubén o no, pero otra vez más el hospital “la lió”. Nos hicieron unas pruebas que no servían para ver ese síndrome, así que en realidad estaba embarazada y sin saber si somos portadores de la enfermedad que tuvo mi hijo. Entonces sí, pedí traslado a otro hospital, no pensaba llevar ahí mi embarazo por nada del mundo. Allí acudimos para la eco de las 12 semanas y por fin, TN de 1,2mm, corazón y todos los órganos normales.
No podía parar de llorar de felicidad. Era nuestro bebé y estaba sano. Por fin sentí romper esa coraza en mi mente y corazón que había creado alrededor de este bebé. No me dejaba crear un vínculo con él, no podía ilusionarme.
Aunque no había indicio de que algo fuese mal, por nuestro antecedente y no tener nuestro estudios genéticos nos recomendaron hacer biopsia corral o la amniocentesis.Me hice la biopsia corial, y tuvimos que esperar 5 semanas para tener los resultados.Por fin, el 3 de abril de 2018 acudimos a por los resultados en los que nos confirmaban que nuestra hija era sana. Nuestra niña, Alexandra.
A partir de ahí empecé a disfrutar mi embarazo. Llegó la ecocardio de las 16 semanas donde con Rubén nos confirmaron el peor diagnóstico, y esta vez, nos dijeron que su corazón y todos sus órganos estaban perfectos.
En la eco de las 20 semanas: “Esta vez es la buena, enhorabuena, os lo merecéis”. Me parece increíble que dentro de mí esté creciendo un bebé que en apenas 3 meses podré tener en mis brazos.

Cuando vives algo así, parece imposible traer un hijo sano al mundo, que siempre vas a tener esa “mala suerte”. Pero no, hay que luchar por los sueños, hay que perseguirlos. El camino no es fácil, nadie lo dijo, pero los sueños se cumplen.

Solo quedan 3 meses para tener a mi princesa arcoíris con nosotros, y no veo el momento. A veces surgen miedos de si seremos buenos padres, si lo haremos bien.. Pero luego todo se disipa. Claro que sabremos, daríamos la vida por ella, y haremos todo lo que esté en nuestras manos por que nuestra hija crezca sana y feliz. Más querida y deseada no podría ser.

Eso sí, nunca un bebé sustituye al anterior. Al principio cuando nació Rubén me negué en rotundo a tener más hijos, porque no quería que nadie pensase que lo estaba sustituyendo. Pero con el paso de los meses, aceptas que eso nunca va a suceder, que el amor no se divide, se multiplica y que Rubén siempre va a tener su sitio en mi corazón y en nuestras vidas, y nunca, jamás, nadie lo podrá ocupar.
Al fin y al cabo, él fue mi primer hijo, al que tanto deseé y amé, y que sin duda, jamás olvidaré.

Rubén, tu hermanita Alexandra sabrá que tiene a su mayor ángel de la guarda cuidándole y protegiéndole. No hay mayor regalo que ese. Te queremos, os queremos.
Quiero agradecer nuevamente este testimonio y ademas felicitarla por esa pequeña que pronto llegará. Como bien dice, un bebé no sustituye a otro por eso Alexandra siempre tendrá un hermanito en el cielo.

miércoles, 25 de abril de 2018

Matías, el pequeño ángel que lo intentó

Hoy os traigo una historia de #mamaenelcielo que me ha removido especialmente porque tiene tantas cosas en común conmigo... Su historia de pérdida comienza el 8 de Agosto de 2017 el mismo día que mi pequeña guerrera por fin se pudo venir a casa con nosotros. Además su ángel nació prematuro extremo y con problemas que tuvimos que vivir nosotros en la UCI con otros pequeños...muchos recuerdos asociados a su historia, mucho dolor y un mensaje que os quiere transmitir.
Alejandra cuenta su historia para ayudar a otras mamas como ella porque siente que, gracias a las historias, el camino está siendo algo menos duro, se siente comprendida; por eso, si tú también quieres contar tu historia puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com o contactar conmigo a través de mi instagram o facebook y sin más, os dejo con su historia:


Recuerdo aquel 8 de Agosto como uno de los días más extraños de mi vida, fue el día que la vida me empezaba a demostrar que los mejores sueños se pueden volver pesadilla de repente.
Ese día me caí, después de haber pasado un buen día pintándome la tripita para papá que al día siguiente era su cumpleaños y quería hacer una felicitación graciosa y emotiva. Fue la primera caída de mi vida que yo recuerde y sentí que el mundo se me venía encima porque aunque realmente fue una caída tonta tuve el presentimiento de que algo pasaría. Me vi en el suelo, sola, las personas mirando... y sólo un señor mayor que pasaba tuvo la amabilidad de preguntarme si me ayudaba. Me levanté y llorando como una niña pequeña llamé a mi pareja y a mi madre para contarles lo que había pasado. Inmediatamente me mandaron a urgencias y nos fuimos mi marido y yo con mi barriga de 25 semanas. Nos aseguraron que todo estaba bien, me pusieron monitores por primera vez en mi vida y mi pequeño Matías estaba bien, ni rastro de contracciones, latidos perfectos... ojalá hubiese seguido todo así.
Llegamos de madrugada, 9 de Agosto día del cumpleaños de su papi y estábamos ilusionados y tranquilos, al fin y al cabo nos habían dicho que no era nada así que me puse a preparar una tarta para disfrutar al día siguiente los tres felices. Si me hubiesen dicho en ese momento que ese día mi vida iba a cambiar y que era la última noche que nos metíamos en la cama felices de tener a Matías con nosotros, os lo juro que no me lo creería.

A la mañana siguiente al despertar, sentí como un líquido salía de mí, me desperté corriendo y fui al baño y a despertar a su padre llorando que algo malo estaba pasando. Me arrodillé llorando, pidiéndole a Dios que por favor no le pasase nada a mi niño, no lo podía creer, me parecía todo una pesadilla y no entendía nada, ¿por qué? si me dijeron que el bebé estaba bien y que un golpe no podría romper su bolsa... Corriendo nos fuimos a urgencias nuevamente, desesperados... y yo veía a mi madre llorar y sentía que era grave porque ella siempre ha sido mi modelo de fortaleza. Entramos en el hospital ese mismo 9 de Agosto a las 9.30 de la mañana y no volví a salir hasta el 19 de Agosto pero sin él, sin mi bebé...
Cuando llegamos estaba en shock, no sabía la gravedad del asunto (después tampoco supe mucho porque tampoco me detallaban gran cosa), nadie me explico un por qué... me dijeron que tenía rotura de membranas prematura, que había perdido mucho líquido amniótico... me dijeron que iba a estar en cama, sin poder moverme, pero nadie me dijo que el pasto se iba a desencadenar en cualquier momento...

Durante 7 días pudimos aguantar, día a día era un sufrimiento, yo cada día estaba peor, ya no era sólo líquido sino también sangre... todos los días ir a monitores, la angustia, pinchazos... en fin... una pesadilla. Recuerdo el día que vinieron los pediatras a preguntarme qué hacer si Matías nacía con vida, si luchaban por su vida... que era un bebé demasiado prematuro... sin olvidar aquel ginecólogo que me dijo que mi niño pasase lo que pasase iba a morir... así de cruel fue, pero quién me diría que ese hombre tenía razón...
Yo lloraba aunque sabía que debía ser fuerte, le hablaba, le ponía sus canciones y le cantaba sus favoritas... mi familia le hablaba siempre en la barriguita, su padre no me dejó sola ni un momento, eramos tres, esta vez más que nunca, luchando codo con codo, haciendo fuerza, pidiéndole que aguantase, que por favor no naciese todavía... me dediqué a que mi niño me sintiese tranquila y fuerte... todos los días le decía lo mucho que le amábamos...Recuerdo que no podía dejar de tocarme la barriga aunque me regañaban las enfermeras porque provocaba contracciones pero yo no podía dejar de "protegerlo", ya sabéis...esa manía amorosa que tienen las embarazadas, de frotarse y abrazar la barriguita...
El miércoles 16 de Agosto a las 8.30 de la mañana, me bajaron a monitores... después de haber pasado la peor noche de mi vida, sin dormir, retorciéndome de dolor... llevaba desde el lunes por la noche con contracciones. Me habían puesto medicación para frenarlas, pero no pudimos pararlas... Tenía fiebre, me sentía débil, ya no podía más, solo quería llorar, sabía que ya algo pasaría, tenía mucho miedo, me dijeron que tenía CORIOAMNIONITIS y que mi vida ya empezaba a correr peligro... Recuerdo que quería ir al baño, que pedía por favor que me dejasen ir, sentía la necesidad de pujar, pensando que eran mis necesidades... y sí también quería escaparme de todas esas personas que me rodeaban, de las caras de desespero que tenían mi pareja y mi mamá... quería llorar una vez mas a solas con él... pero para sorpresa de todos, cuando vieron que quería ir desesperadamente al baño se dieron cuenta que Matías ya tenía casi sus nalguitas ahí y estaba pidiendo que lo sacaran.

Nació a las 10.30 de la mañana, fue lo primero que pregunté antes incluso de saber si estaba bien ya que me tuvieron que sedar.
Para que naciese me llevaron corriendo a quirófano, recuerdo a una matrona muy dulce y amable que me dijo que estuviese tranquila, que no me asustase con tanta gente... estaba nerviosa pero a la vez tenía una sensación de paz y tranquilidad... estaba orgullosa de él, de mí... sabía que había aguantado muchas horas (18 horas) de dolor solo por protegerlo pero que al final tenía que ser así. Sólo tuve que pujar 3 veces y cuando desperté había pasado todo. Hoy en día me pregunto por qué, por qué tuvieron que sedarme y privarme de ver el momento que mi pequeño ángel salía de mí. Eso es lo único que lamento de mi parto porque a pesar de todo lo malo, fue más rápido y fácil de lo que esperaba.
Al dar a luz quedé débil, muy débil, me subieron a planta, quise ir a verlo inmediatamente pero me levanté y un chorro de sangre salió de mí... me convencieron de dormir y así lo hice... me desperté triste, muy triste pero a la vez con una gran sensación de orgullo por él y ese amor que no cabía en mí, me llenaban de felicidad.
El momento de verlo por primera vez lo recuerdo algo borroso... pero sí recuerdo claramente que me temblaban las piernas, ahí en esa silla de ruedas, el momento en que me acercaba a verlo lo recuerdo como su fuese a cámara lenta, se me hizo eterno... al final de esa enorme sala, llena de bebés... estaba mi niño solito,con una luz ultraviolenta alumbrándolo. Me acerqué y lo primero que dije al verlo fue "ES MÍO" Sí, mío, mi niño, mi hijo, mi ángel...lloraba, reía, pero por dentro solo gritaba ¿por qué?¿ por qué la vida nos había puesto esa zancadilla?¿por qué me lo había arrebatado de mí? él tenía que estar dentro, no ahí, lleno de cables y tubos... le conté todos sus deditos, lo miraba asombrada, pesó 900g, era más grande y gordito de lo que todos esperábamos...
No sé si a alguna más os pasó pero yo quería salir corriendo de ese sitio, todo lo valiente que había sido y ahora me convertía en una mamá cobarde. No soportaba ver a mi niño así, cada sonido de esas maquinas me torturaba el alma, cada movimiento de él, ya no lo podía sentir sino que me hacía sufrir, verlo ahí solo... sin mí...
El peor día aún estaba por llegar... sin duda fue el día que me tuve que volver a casa sin él; quería morirme, sólo quería gritar y no podía parar de llorar, y entendí dos cosas ese día; una que nunca antes había entendido lo que era llorar de pena de verdad y dos que es cierto eso que "no sabes lo fuerte que eres hasta que la vida te obliga a serlo".  Mi familia me intentaba tranquilizar, me decía que decía que debía ser fuerte porque Matias necesitaba a su mamá bien pero yo dentro de mí sabía que Matías no vendría a casa y no conocería ese hogar que lo esperaba con tanto amor...llamadme pesimista o realista, o quizás me entenderéis porque sabéis que el corazón de una mamá nunca se equivoca... pero a medida que pasaban los días una angustia se apoderó de mí... hasta sueños que me anunciaban que mi niño se iba a ir... aunque eso no quita que hasta el último momento tuve esperanza de que algún milagro pasase...

El lunes 21 de agosto, llegamos su papá y yo a verlo y nos dieron la peor noticia que escucharé en mi vida: MATÍAS NO PUEDE VIVIR...Ese día nos dijeron que había tenido un derrame en la cabecita del grado más alto... que en cuestión de horas mi bebé se me iría... no entendía nada... a día de hoy sigo sin entenderlo...
El martes 22 de agosto sabía que me iba a despedir de él. Llegué a neonatos con mi mamá ya sin fuerzas, rota de dolor, pero con la esperanza que me dijesen que Matías estaba mejor... hay algo que tengo dentro de mí y me cuesta perdonármelo y es que quería haber pasado toda la noche con él, mirandolo, abrazandolo... pero mi familia quería tenerme en casa tranquila y realmente no tenía fuerzas de nada... pero no me lo perdono, me siento "mala mamá" por no haber pasado el último día de su vida con él, al ladito...
Me dijeron que Mati no estaba teniendo fuerzas... que en cuestión de horas se iría... sólo pedí que me dejaran tenerlo en brazos y tuve la "suerte" de poder despedirme de él, lo tuve en mis brazos antes que su corazón se apagase y os digo que no sé por qué, pero siento que él me estaba esperando para que nos pudiésemos despedir y darle un poquito de los miles de besos que yo tenía guardados para darle toda su vida... También su abuela, y su papá se despidieron de esa carita hermosa que tenía llenándola de besos entre lagrimas... nos regalo sus últimos suspiros, le canté todo lo que pude, le besé todo lo que pude y le pedí mil perdones... mientras lo tenía en brazos no quería romper en llanto, aunque mis lágrimas ya caían solas, quizás fue ese momento íntimo de los dos, esos besos, sentir su cuerpecito y su alma ahí tan cerquita mío que me decían que tenía que ser fuerte, que él siempre iba a estar conmigo... Matías apagó su corazoncito después de dos horas y unos minutos más conmigo, y os digo de verdad que siento que fueron sólo 10 minutos. Se me hizo demasiado corto ese tiempo con mi niño en brazos y aún sin vida ya, yo no quería soltarlo... pero me tocó despedirme para siempre de su cuerpecito y salir de esa sala con el alma rota... todas las enfermeras fueron muy amables conmigo, su pediatra me preparó una sala para tener intimidad con él... Me dijeron que podía quedarme el tiempo que quisiera, que podía sacarle fotos, que podría entrar todos los familiares que quisieramos... aunque yo solo quise a mi lado a su papá y a su abuela.

Os cuento mi historia porque a mí lo único que me ha ayudado es leer historias de mamas que al igual que yo somos unas valientes y guerreras, que tuvimos unos ángeles en nuestro vientre y su luz nos guiará por siempre...mi niño ne enseñó muchas cosas, quién me diría que sería él... y una de ellas es a valorar más la vida y el tiempo que tenemos para ser felices aquí en la tierra porque aunque sintamos un vacío enorme y una pena que sólo nos ayudará a disiparla el tiempo, hay que seguir luchando y viviendo en honor a ellos porque estoy segura que desde el cielo no quieren vernos tristes.
Hoy después de 6 meses y medio, os juro que me duele más, no sé como dejar de sentirme vacía y de quitarme y de quitarme este miedo... que puede volver a pasarme algo malo, y hasta peor...esta vez me salvé, pero nadie puede asegurarme que todo va a salirme bien, nadie puede hacer que recupere la inocencia... pero me toca seguir luchando día a día, por él, por su papá, por mí... y porque me merezco sonreir...
No quiero terminar este relato sin agradecer este espacio que me ha permitido desahogarme y contar mi historia y agradecer a todas las mamas que me han leído y que me han regalado su cariño. Un abrazo con todo mi cariño a todas y a las que esperan a sus bebes acroíris, a las que ya lo tienen en brazos...
Y a ti pequeño, sólo me queda decirte que mamá y papá te amaran por siempre, gracias por elegirme para que fuese tu mamá, sé que estás bien allá en el cielo y mientras tanto aquí en la tierra siempre serás la historia más bonita que yo tendré que contar.
Por siempre Matías
16-08-2017/22-0802017


Agradecer nuevamente a Alejandra por contar su historia, que para mí ha sido dura de escribir pero liberadora.
Recuerdo que si quieres utilizar este espacio para escribir tu historia solo tienes que escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com


jueves, 12 de abril de 2018

Mamá joven, mamá en el cielo


Las mamás que hemos tenido un parto prematuro o hemos perdido a nuestro bebé por el camino a menudo nos preguntamos si podríamos haber hecho algo, la culpabilidad nos invade e intentamos buscar explicación a algo que realmente no la tiene. El testimonio de hoy nos demuestra como ni siquiera la edad que parece tan importante en todo lo referente a la concepción puede salvarnos de sufrir estas pérdidas. Os recuerdo que si vosotras también queréis compartir vuestra historia podéis escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com o directamente a mi instagram sin más, os dejo la historia que hoy nos cuenta su historia Leila, una mamá en el cielo de 18 años:

“Tengo 18 años y a pesar de mi juventud sé lo que es sentir el dolor más grande que puedas imaginar, el shock y la sensación de vacío ante la pérdida de un hijo porque yo perdí a mi bebé Noah, el 28 de Noviembre de 2017, estando de 23 semanas.
Los primeros dos meses de embarazo fueron muy duros por peleas con mi madre por mi bebé, sin embargo, después mejoró, mi bebé venía perfecto y yo estaba contenta porque iba a ser mamá; pero el 22 de Noviembre comenzó a estropearse todo. Tuve que ir a urgencias porque había empezado con contracciones y sangrado, pero los médicos no le dieron ninguna importancia porque consideraron que era sólo una infección urinaria y me mandaron a casa; sin embargo, estuve toda la noche con contracciones y a las ocho de la mañana al ser más fuertes y aumentar también el sangrado volví a urgencias, momento en el que decidieron ingresarme sin decirme por qué. Pasaron unas horas que parecieron días, yo continuaba igual y nadie me decía nada hasta que por fin me explicaron que tenía el útero bajo y debía guardar reposo absoluto al menos durante un mes. Era seguro que mi bebé nacería prematuro pero si aguantaba el tiempo que me habían dicho tendría más probabilidades de sobrevivir. Se plantearon hacerme una operación para levantar el útero, sin embargo había más riesgo de romper la bolsa y mi vida podría correr peligro por lo que decidieron esperar y ver si conseguíamos llegar a la meta que nos habíamos marcado.
El 27 de Noviembre me quitaron el Dulacipan, un mediamento para evitar las contracciones pero a las dos horas volvieron. Me bajaron a la sala y estuve allí toda la noche… a las 14.20 del día 28 rompí la bolsa y nació mi dulce angelito, Noah con 535g de peso. A mí me llevaron a otra sala después del parto, muerta de miedo e incertidumbre y deseando…esperando buenas noticias. A Noah se lo llevaron a neo, y aunque sé que luchó, que lo intentó porque era un valiente, a las 17.00 falleció por un paro cardio respiratorio. Mi mundo se vino abajo. El dolor de perder a un hijo no tiene explicación ni palabras posibles, sólo quién lo ha vivido puede entender realmente el vació inmenso que se apodera de ti. Yo entré con mi hijo en la panza con la esperanza de salir con él en brazos y sin embargo, salí con los brazos y el alma vacía. La tristeza inundaba mi cuerpo y aún hoy me cuesta mucho asumir que mi hijo ya no está conmigo. Sé que soy joven y que puedo tener más hijos, no es consuelo porque cada hijo es único e irrepetible. Mi primer hijo siempre será Noah, porque yo también soy mamá en el cielo.”




Podéis seguir mi día a día en mi instagram y si tienes algo que crees puede ser interesante para otras mamas puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com

lunes, 19 de marzo de 2018

La estrella más brillante


Como todas las semanas os traigo un nuevo testimonio de una mamá en el cielo, hoy os cuento la historia de esta estrella que está brillando muy fuerte en el cielo, para dar luz a su madre que se encuentra en Bogotá, para ayudarla a superar su pérdida y para que le ayude a ver el camino que tiene delante que seguro pronto le traerá un hermanito a David Luis. Os recuerdo que si queréis compartir también vuestra historia podéis escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com o a mi instagram. Os dejo que ella os lo cuente:

Mi pequeño me regalaba todos los días golpecitos y pataditas en mi panza, se movía muchísimo y eso me llenaba de felicidad, me hacía inflarme hasta ser la más grande de los que me rodeaban. El 16 de Julio tuve un control de maternidad pero me tuvieron que mandar exámenes y dar cita con el ginecólogo-obstetra porque tenía bastantes dolores y además en una ecografía 4d que tenía indicaba que tenía cierto riesgo de preeclampsia y mi doctora quería asegurarse y que me viesen como realmente estaba.
Es día, aún así, me fui a trabajar tranquilamente aunque tengo que reconocer que en mi trabajo se maneja mucho estrés y ese día había mucho movimiento. A las dos de la tarde más o menos tuve que salir para ir al banco y ya empecé a notar algo raro, dolores bajitos pero aún soportables y pensé que sería por estar tanto tiempo de pie, no me imaginé nunca que fuera algo malo...
Cuando terminé mis gestiones fui a comer algo y a descansar pero me di cuenta que el dolor era mucho más fuerte y no me dejaba ni sentarme, eran punzadas constante a cada rato y tuve que escribir llorando a mi esposo y mi madre porque tenía mucho miedo de como me encontraba. Bajé a la enfermería a que me tomaran la tensión por si la posible preeclampsia había empeorado y al preguntarme si el bebé se movía me di cuenta que realmente no lo había notado en toda la tarde y era muy extraño porque mi pequeño era muy activo y movido. Mi panza estaba dura, muy dura y con todo esto decidieron llamar a la doctora. Ella intentó motivar al bebé, pero no hubo ningún movimiento, el cuello del útero estaba cerrado pero mi panza seguía dura por lo que decidieron llevarme al hospital porque todo parecía indicar que eran contracciones y estaban preocupados porque era pronto y no tenía las semanas de gestación necesarias, yo estaba en ese momento de 28+5.
En el hospital me hicieron exámenes y ecografías y efectivamente el bebé no se movía, pero si respiraba y su corazón latía por lo que los médicos decidieron que estaba todo bien. Eso es lo que ellos decían, yo estaba aterrorizaba y presentía que no estaba realmente bien que algo no iba como debería. Me encontré con médicos con muy poco tacto, que en vez de aliviarme me atacaron incluso reprochándome haber pedido una ambulancia cuando mi bebé estaba bien aunque no se moviera.
Al poco empezaron las ganas de vomitar, intentaba y no lo conseguía pero al tercer intento vomité y al terminar me di cuenta que estaba empapada, había empezado a sangrar y algo transparente salió. Entré en pánico pues había leído que eso sólo pasaba con el cuerpo cuando el bebé quería nacer. Me volvieron a controlar, no me dijeron gran cosa y aunque me hacían controles, monitores y tactos diciendo constantemente que todo estaba bien, yo día tras día iba notando que su respiración disminuía.
Pasé dos días ingresada y pensé que me mandarían a casa pues los dolores habían disminuido pero aún seguía preocupada porque no notaba los movimientos de mi bebe bailongo. Me bañe mientras le hablaba, le decía que estaba poniéndome guapa para irme a casa y descansar con todos los míos pero antes me tenían que hacer una ecografía, aunque en la de la noche anterior había escuchado sus latidos perfectamente.
Me confirmaron por fin en ese momento que era un varón, un pequeño hombrecito pero empezó todo a torcerse cuando me preguntaron si yo notaba algo raro porque en el líquido se veía algo raro. Yo no noté nada raro pero me dijeron que me iban a hacer una cirugía de emergencia, una cesárea porque parecía que mi bebé estaba muerto. Así, de forma directa, cortante y seca, fría y cruel.
Rompí en llanto, no sé a que mundo me fui, ni donde estaba mi cabeza... sólo repetía que no quería cesárea, tenía tanto miedo...nunca pensé que eso fuera a suceder, no quería que mi bebé naciera antes de tiempo pero tenían que hacerlo porque no sólo podía afectarme a mí sino que no sabían realmente el estado de mi bebé, había una pequeñisima posibilidad que aún estuviera bien.
En ese momento además mi cabeza daba más vueltas aún, pensaba que ni mi madre ni mi marido habían llegado, que no teníamos ropita para vestirle cuando naciera, ¿qué le pondría en ese momento?... pero los doctores me dijeron que ellos les comunicarían todo y con los miedos a la inyección que me iban a poner sólo me cortaron preguntándome de forma seca si quería salvar al bebé. Sin más me acosté, colocaron una manta para que no viera y sólo me dijeron que me avisarían cuando hubiese nacido mi hijo. Desde ese mismo momento sólo pensé en orar.
Cuando escuché que mi pequeño ya había nacido pedí que me dejaran verlo pero se lo habían llevado rápidamente con el pediatra porque mi bebé estaba muy mal. No pude escuchar su llanto en ningún momento, sólo tuve la esperanza de que todo saliera bien, pero se quedó en eso, una esperanza. Al poco rato llegó la pediatra y me dijeron que habían hecho todo lo posible, que le pusieron adrenalina, oxígeno y hasta le reanimaron, pero no reaccionó. No sé que más me dijo porque mi cabeza no quería creer, pensaba que todo era una mentira y tan sólo lloraba.
Cuando pude enterarme de algo me confirmaron que debido a la preeclampsia severa me provocó un desprendimiento de placenta de un 80% y por eso mi pequeña estrella nació con bradicardia, con un corazón que latía poco y con muy pocas esperanzas de vida. Los médicos, el entorno no me facilitaron las cosas pues me dejaron en una sala de recuperación al lado de todas las madres con sus bebes vivos y rositas esperando a ser conocidos por sus papas. Estuve así una hora aproximadamente, con el corazón roto, enganchada a una maquina de oxígeno porque del llanto no podría respirar bien. Cuando finalmente pude ver a mi mamá y mi esposo nos derrumbamos pero con la seguridad de tenerles a mi lado y gracias a Dios mi marido me dijo que pudo hacerle una foto a mi bebé, el único recuerdo que tengo de su carita bella.

Tuve que estar dos días más en la cínica para ver como evolucionaba pues mi tensión seguía alta y yo muy hinchada y si empeoraba me tendrían que volver a operar sacándome todo e impidiéndome tener más bebés en un futuro. Esos dos días estuvo también mi bebé en la morgue pues estábamos consiguiendo el dinero para poder llevarlo a descansar. El 20 de Julio del 2016 me dieron el alta, el mismo día del entierro de mi estrella aunque no me dejaron ir porque decían que para mi cesárea era malo y no me dejaron acercarme ni al cementerio ni a la morgue.
Pasado un mes pude por fin visitar a mi hijo, en pleno proceso de duelo, que fue muy duro para mi porque me aleje de toda mi familia y tuve que recibir ayuda psicológica.
Conservó su fotografía como un tesoro, es tan hermoso... No tuve el placer de darle mi amor, darle de mi seno y mucho menos oír sus llantos. Es algo muy duro, pasar por esto no se puede entender salvo que lo vivas. Es duro volver a casa y ver esa herida en tu abdomen y darte cuenta que no está dentro ni en casa, que no volverás a sentir sus pataditas, el tiempo que esperabas para verlo ya no existe porque simplemente se consumió. Pero sólo pido a Dios y a mi hijo que me den la fuerza que necesito para seguir adelante, al lado de mi esposo y madre. Por eso mamas amen, quieran y delen todo su amor a sus pequeños, a sus bebés.
Yo también soy mamá en el cielo.
En memoria de David Luis Guerrera Romero



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