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martes, 1 de octubre de 2019

Porque te sigo recordando...

Yo no sabía que este mes tenía un significado para tantas madres... antes de aquel 13 de Mayo pensaba que los bebes que fallecían eran muy pocos y normalmente tenían muchos problemas de salud; pensaba que los abortos sólo se producían en el primer trimestre y que al final como no se conocía a ese pequeño conjunto de células no dolía apenas... y cuando mi mundo dio un giro completo descubrí que a veces, porque sí y de la forma más injusta, los bebes mueren y que cuando una sabe que está embarazada y que va a ser mamá esas pequeñas células que ya crecen dentro de ti son lo más importante de tu vida...
Ya han pasado dos años desde que mi pequeño se fue, y aunque muchos recuerdos de aquella noche los tengo en mi mente como fragmentos de una película cortada, esos fragmentos los siento y los vivo exactamente igual que el primer día... es más... cada historia de una mamá en el cielo o mientras escribo estas líneas, las lagrimas corren por mi cara pues el dolor me sigue acompañando a pesar de haber conseguido formar una familia preciosa en este tiempo, para mí, siempre me faltará el pedacito de corazón que él se llevó consigo al cielo.
Fue valiente y generoso, vino y se fue para dar vida a su hermana pues ella necesitaba nacer y él no se lo quiso impedir para no dañarla y sabía que ella necesitaría ese empujón extra por eso cuando se fue, se quedo con ella, siempre le acompaña y es que aún siguen unidos y esa luz tan especial que todo el mundo ve en Daniella no es más que su hermano haciéndose visible a través de mi guerrera.
Los primeros tres días en la uci son muy confusos en mi mente, sin embargo, recuerdo como el 12 de Mayo pude tocarte durante una hora, pude sentirte y "jugar" contigo mientras me cogías el dedo con tu pequeña manita...recuerdo alegrarme cuando te desentubaron, cuando nos dijeron que parecía que ibas mejorando aunque quedase camino: no necesitabas tanto oxígeno, tu glucosa mejoraba y tu neumotorax estaba resuelto. Recuerdo no derrumbarme durante esos tres días, pero esa noche, como si mi subconsciente supiera algo que yo aún no sabía lo hice, lloré, lloré lo que no había llorado en el momento del nacimiento, lloré hasta quedarme dormida...
Recuerdo la puerta abrirse de golpe, uff.. como me acompañó ese sonido durante los meses siguientes... y es que mi corazón se salía de mi cuerpo cada vez que alguien entraba de repente a una habitación... sólo me dijeron que fuera, que algo no iba bien y corrí por el pasillo con mi cesárea, mis puntos y como pude hasta llegar a la uci donde vi a todo el equipo médico rodeándote, reanimandote, con mil pitidos alrededor... recuerdo como nos dijeron lo que pasaba, como mi madre intentó preguntar y buscar alternativas y fui yo quien le dije que no había nada que hacer, que se había ido... recuerdo que me preguntaron si quería cogerle y yo no supe que hacer porque en ese momento me sentía vacía... pero no es una frase hecha, si alguna vez lo has sentido sabrás de que te hablo, es simplemente no sentir absolutamente nada dentro de tu cuerpo o tu mente. agradeceré enormemente a la doctora que me aconsejó cogerle y que se fuera entre mis brazos, creo que no me hubiera perdonado nunca que se fuera solo en la incubadora. Recuerdo hablarle, recuerdo darle las gracias por haberme permitido ser su madre, pedirle que me permitiese ser madre aquí, en este mundo junto a su hermana... recuerdo besarle y abrazarle... y su cara, su preciosa cara redondita también la recuerdo...
Gracias al cariño con el que me trataron todos los profesionales esa noche pude hacer mi duelo, me permitieron todo lo que necesité y más, guiándome y apoyándome...por eso es tan importante un buen protocolo de actuación ante estos casos porque en nuestra pasividad y estado de shock cómo nos guíen puede hacer una diferencia abismal.
Ese día no pudiste despedirte de mi... había demasiado ruido alrededor, por eso sé que lo hiciste al día siguiente, a la misma hora que te fuiste, las 02.30 de la mañana, me despertaste y lo sentí, y simplemente fue tu adiós en un momento en que yo pudiera escucharte...

viernes, 22 de junio de 2018

Mamá guerrera

La historia que os traigo hoy es especial, la historia de una mamá que tuvo que dejar ir a su pequeño ángel Rubén a pesar del dolor que sentía porque sabía que si llegaba al final del embarazo su vida iba a ser breve y dura. Ella lo decidió pero no fue fácil y todos los días le tiene presente en su mente. Hace unos meses anunció en su instagram (@embarazadaalos19) que iba a darle una hermanita a Rubén, esta vez sería mamá en la tierra, de su pequeña Alexandra que nacerá para Septiembre para llenarles de felicidad y que puedan dar todo el amor que tienen que dar, pero no será su primer hijo, sino su segundo aunque el primero no podáis verlo. Historias duras pero de superación, de una mamá joven, decidida y valiente. Os dejo con su historia y os recuerdo que podéis contarme la vuestra escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com o por privado a mi cuenta @mi_arcoiris_guerrero

Mi historia (o mejor dicho, nuestra historia) empezó un 28 de abril de 2017, tras 4 meses de búsqueda por fin vimos el positivo. Entonces yo tenía 19 años y mi pareja 27.
 Desde el día en que vi el positivo empecé a manchar: amenaza de aborto. Primer susto.
Estuve desde el principio de baja laboral y en reposo.
No nos atrevimos a contar a la familia la noticia por el miedo a perderle en cualquier momento.. Así que decidimos esperar a las 12 semanas para ver que estuviese bien y  dar la noticia. Nada más lejos de la realidad..

A la eco de las 12 entramos tan emocionados Cuando le vi latir, fue todo un descanso para mí porque esa era la mayor de nuestras preocupaciones Pero entonces cuando empecé a llorar de emoción, el ginecólogo muy serio dijo: Tiene la translucencia nucal alta, además de un higroma tabicado cervical, y tenemos que hacer biopsia corial para descartar que tenga algún síndrome.
Nos dijeron que sale alterado en casos de síndrome de down y demás, pero también en bebés con problemas de corazón, y al nuestro le veían algo raro, pero no sabían el qué exactamente pues aún era muy temprano.

Estábamos destrozados. Con 19 años, sin antecedentes de nada, ni siquiera mi madre había pasado nunca por un aborto y tiene 4 hijos.. no entendía porque a mí, aunque he de decir que siempre he tenido pánico de que a mis hijos les pudiese pasar algo.

La semana siguiente me hicieron la biopsia corial y tuvimos que esperar 3 eternas semanas los resultados.Niño cromosomicamente normalPor fin, sentí que al final empezaba a ver luz al final del túnel. Era un niño, Rubén, y estaba sano. Solo quedaba descartar que en la semana 16 el corazón estuviese bien.

Llegó el día, ya no manchaba y solo pensaba en que todo iba a salir bien. Entramos nerviosos perdidos, mi pareja negaba con la cabeza mientras la doctora movía el ecografo por toda la tripa sin articular palabra. Yo le sonreí, le dije: Mírale, es precioso, todo va a salir bien.Y otro batacazo más.Vuestro hijo tiene Tetralogía de Fallot, es una cardiopatía bastante frecuente, pero el problema es que es muy muy severa. Apenas tiene arteria pulmonar, va a colapsarse y no es viable, os recomiendo interrumpir el embarazo cuanto antes. No recuerdo nada más. Ella empezó a hablar y a hablar. Yo solo miraba la pantalla con la imagen congelada de mi hijo. No entendía nada, no entendía porque a mí, porque a Rubén.

Fuimos a la ecocardio de nuestro hospital de la SS, allí nos dieron la opción de interrumpir el embarazo, pero también de continuar un poco más a ver si el corazón evolucionaba bien o no.
Yo tenía claro que jamás haría sufrir a un hijo por mis ansias de ser madre, pero si los médicos me daban opciones de que el niño pudiese tener una vida de calidad y normal, iba a por todas, así que si ellos veían que podía ir a mejor íbamos a esperar.

A través de IG iba contando mi historia, aunque sin mostrar mi rostro, pues mi familia seguía sin saber todo lo que estaba pasándome. (Sólo lo sabían mi madre, mi hermana y mi suegra).
Entonces una chica al leer mi historia me contactó y me recomendó que si era posible que me visitasen en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, allí estaban los mejores especialistas en cardiología infantil y neonatal, y si alguien podía hacer algo por mi hijo, eran ellos.
Así que no dudé, me puse en contacto con el hospital, y al ser yo de Valencia había que realizar bastantes tramites para que me pudiesen trasladar el historial hasta Madrid y visitarme.
Pero estaba ya de 18 semanas y no había tiempo, teníamos que tomar decisiones en breve, así que conseguí que me visitasen sin cita oficial.

A la semana siguiente fuimos rumbo a Madrid mi pareja, mi madre y yo. Vi tantos niños en esa sala de esperaVarias madres me contaron sus historias, con lágrimas en los ojos, y me desearon que ojalá no tuviese que vivir todo eso que ellas estaban viviendo.

Allí fueron tajantes. Era de los peores casos que ellos habían visto, si no el peor. El pronóstico no era nada bueno. No creían que pudiese llegar a nacer con vida, pero de sobrevivir habría que programar el parto con cardiólogos y cirujanos 24h, para nada más nacer ver todo lo que tenga, y decidir si operarle en ese instante o esperar unos días.
Es decir, mi hijo si llegaba a nacer iba a ser operado a corazón abierto para intentar conseguir que sobreviviese hasta los 3 meses, y así tener más peso, para volverle a operar con una cirugía extracorpórea, la cual consiste en pararle el corazón y que sea una máquina quien bombee la sangre a los órganos mientras intervienen el corazón, con todos los riesgos que eso entraña.
Me explicaron que era muy posible que le quedasen secuelas a nivel neurológico y multiórganico. Quizás no podría andar, hablar, comerQuien sabe.
Además añadió: Este cariotipo genético que le hicieron a tu hijo no es completo, no me sirve. Yo creo que tu hijo tiene algo más. Deberías pedir en el hospital que te realicen un array para descartar una selección del cromosoma 22q11.2, lo que significa Síndrome de DiGeorge.

Suena a chino. Lo sé. Así me sonó entonces. Por desgracia, ahora entiendo bastante el tema.

A las 20 semanas volvimos a la ecografía de nuestro hospital. Tras mucho hablar con los cardiólogos, la frase que detonó la decisión fue: Si el niño no se muere dentro de ti y llega a nacer, vivirá un auténtico calvario para terminar muriéndose.

No había más que hablar. El miércoles 22 de Agosto de 2017, tras un fin de semana horrible, de llantos y despedidas, de no querer sentirle moverse, de sentirme un monstruo, ingresé a las 10 de la mañana con la primera pastilla de prostaglandina vía vaginal para provocar el parto.

Tras horas y horas de llantos, y mucho,mucho dolor, tanto físico como psíquico, a las 18:20h nació Rubén, con 342g y 23cm.

Le tuve en mi regazo durante unos minutos. Toqué su cara, sus manos, le di besos.. le pedí perdón. Le repetí mil y una vez que nos perdonase, que lo hacíamos por él. No olvidaré jamás ese momento. El momento más cruel y bonito de mi vida. Era un bebé perfecto, parecía que estaba bien...me sentí un auténtico monstruo.

Los doctores nos repitieron que habíamos hecho lo correcto, pero en ese momento era imposible entender nada.

Acababa de dar a luz a mi hijo sin vida, salí de ese hospital con los brazos vacíos, tras tanto tiempo soñando con salir de ese hospital siendo 3.
Flaqueé mucho, los primeros días en casa fueron espantosos. No entendía que mi vida tuviese sentido, no entendía porque yo merecía seguir aquí, si lo más valioso que tenía ya no estaba.

Me costó mucho tiempo asimilar todo lo que había tenido que vivir en apenas 5 meses. Todos los golpes que me había dado la vida desde entonces. Me costó aceptar que la vida tiene que seguir aunque parezca imposible. Para mí el mundo estaba parado.

Pedí que le hiciesen a Rubén la prueba que me recomendaron en Madrid, y tras 4 meses angustiosos nos confirmaron que había salido positiva. Rubén tenía Síndrome de DiGeorge.
Tras decirme que genéticamente estaba sano, nos encontramos esta noticia que nos cayó como un jarro de agua fría. Ahora nos tocaba enfrentarnos a pruebas genéticas nuestras, pues este síndrome tiene un factor hereditario y puede ser que uno de nosotros fuese portador y el 50% de nuestra descendencia pudiese heredar la enfermedad.

Con los meses, aunque lo creía imposible, he aprendido a vivir con el dolor. Un dolor tan intenso, tan fuerte, que creí que acababa conmigo.

En diciembre de 2017, a poco más de 4 meses de nuestra boda, tras mucho hablar, decidimos mi pareja y yo que ese mismo enero empezaríamos con la búsqueda de un nuevo embarazo. Como sabíamos que el embarazo podría tardar decidimos no esperar más, y si decidía venir antes, nosotros encantados. Nuestro hijo debería tener 3 meses el día de nuestra boda, y saber que no iba a estar nos hizo replantearnos todo.. Pues ese mismo mes, el 31 de diciembre, despedimos el año de la mejor forma que podríamos hacerlo, con nuestro positivo en la mano.

El comienzo de este nuevo embarazo tengo que decir que no fue nada fácil, además de añadir los "percances"que tuvimos, el embarazo arcoiris lo pintan como maravilloso, fanástico, que llega la alegría de tu vida... pero nada más lejos de la realidad. Fue un sufrimiento desde el primer día

Un simple manchado te hace entrar en cólera. Un simple escape de pipi al toser y piensas que es líquido amniótico. Si podría tener una infección en la bolsa y romper membranas. Si nacería antes de hora. Si estaría sana. Si su corazón latiría.

Un embarazo arcoíris hace que cojas todos los miedos existentes alrededor del embarazo y los vivas todos del golpe. Todas las historias que has oído de bebés que no llegan a término, de complicaciones.. todas crees que te van a pasar a ti. Los días no pasan, no sientes ilusión. Ni siquiera sentí un vínculo con este bebé pese a verle varias veces en ecografía.

Este embarazo comenzó con manchados y su pertinente visita a urgencias, para variar.
Nada más entrar a la consulta de urgencias me hicieron una beta (Analítica en sangre que mide si hay hormona del embarazo y si la cantidad es correcta para las semanas de gestación). Salió bajísima, 12. Me dieron el alta con el diagnóstico de aborto bioquímico. Fue un palo, pero después de lo que habíamos vivido prefería eso a volver a pasar por lo anterior. Me dijo: Si en 2 semanas no te baja la regla vuelves, pero vamos, no tendrás que venir.

Pues a los 3 días estaba de nuevo en urgencias porque el manchado había menguado y no me encontraba demasiado bien, prefería que me repitiesen la beta para ver que había pasado, porque algo dentro de mí me decía que estaba embarazada. La beta había triplicado hasta 57. Lo que hacía pensar que el embarazo avanzaba. Me dijeron que veían algo en la trompa, muy pegado al ovario derecho.. Así que empezaron las betas cada 2 días y ecografías de control para descartar un embarazo ectópico. De verdad, no creía que me estuviese pasando esto a míLo pasé fatal, imaginándome que pudiesen tener que extirparme una trompa o incluso un ovario!

Lloré mucho, pero tras 2 eternas semanas por fin se vio el saco dentro del útero.

Poco a poco el manchado desapareció y empezó a llegar la calma. Se acercaba la eco de las 12 semanas a la que yo le tenía un pánico tremendo. Además, nosotros nos realizamos las pruebas genéticas para saber si somos portadores de la enfermedad que tenía Rubén o no, pero otra vez más el hospital la lió”Nos hicieron unas pruebas que no servían para ver ese síndrome, así que en realidad estaba embarazada y sin saber si somos portadores de la enfermedad que tuvo mi hijo. Entonces sí, pedí traslado a otro hospital, no pensaba llevar ahí mi embarazo por nada del mundo. Allí acudimos para la eco de las 12 semanas y por fin, TN de 1,2mm, corazón y todos los órganos normales.
No podía parar de llorar de felicidad. Era nuestro bebé y estaba sano. Por fin sentí romper esa coraza en mi mente y corazón que había creado alrededor de este bebé. No me dejaba crear un vínculo con él, no podía ilusionarme.
Aunque no había indicio de que algo fuese mal, por nuestro antecedente y no tener nuestro estudios genéticos nos recomendaron hacer biopsia corral o la amniocentesis.Me hice la biopsia corial, y tuvimos que esperar 5 semanas para tener los resultados.Por fin, el 3 de abril de 2018 acudimos a por los resultados en los que nos confirmaban que nuestra hija era sana. Nuestra niña, Alexandra.
A partir de ahí empecé a disfrutar mi embarazo. Llegó la ecocardio de las 16 semanas donde con Rubén nos confirmaron el peor diagnóstico, y esta vez, nos dijeron que su corazón y todos sus órganos estaban perfectos.
En la eco de las 20 semanas: Esta vez es la buena, enhorabuena, os lo merecéisMe parece increíble que dentro de mí esté creciendo un bebé que en apenas 3 meses podré tener en mis brazos.

Cuando vives algo así, parece imposible traer un hijo sano al mundo, que siempre vas a tener esa mala suertePero no, hay que luchar por los sueños, hay que perseguirlos. El camino no es fácil, nadie lo dijo, pero los sueños se cumplen.

Solo quedan 3 meses para tener a mi princesa arcoíris con nosotros, y no veo el momento. A veces surgen miedos de si seremos buenos padres, si lo haremos bien.. Pero luego todo se disipa. Claro que sabremos, daríamos la vida por ella, y haremos todo lo que esté en nuestras manos por que nuestra hija crezca sana y feliz. Más querida y deseada no podría ser.

Eso sí, nunca un bebé sustituye al anterior. Al principio cuando nació Rubén me negué en rotundo a tener más hijos, porque no quería que nadie pensase que lo estaba sustituyendo. Pero con el paso de los meses, aceptas que eso nunca va a suceder, que el amor no se divide, se multiplica y que Rubén siempre va a tener su sitio en mi corazón y en nuestras vidas, y nunca, jamás, nadie lo podrá ocupar.
Al fin y al cabo, él fue mi primer hijo, al que tanto deseé y amé, y que sin duda, jamás olvidaré.

Rubén, tu hermanita Alexandra sabrá que tiene a su mayor ángel de la guarda cuidándole y protegiéndole. No hay mayor regalo que ese. Te queremos, os queremos.
Quiero agradecer nuevamente este testimonio y ademas felicitarla por esa pequeña que pronto llegará. Como bien dice, un bebé no sustituye a otro por eso Alexandra siempre tendrá un hermanito en el cielo.

lunes, 4 de junio de 2018

El arcoiris después de la tormenta

Hoy Judit puede decir orgullosa que es una mamá en la tierra, pero por desgracia también es una mamá en el cielo, y ella, como en mi caso ha tenido que escuchar como menospreciaban a su ángel únicamente por tener ya a su segundo hijo entre sus brazos. El relato de esta mamá en el cielo no sólo busca visibilizar el duelo que tantas veces vemos ignorado, sino también que se entienda que un hijo no sustituye otro, y que los llevamos siempre en nuestro corazón ya que por desgracia no podemos llevarlos en nuestros brazos.
Recordaros que podéis escribir vuestra historia para compartir escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com:

Hace dos años mi vida se derrumbó a pesar de tener todo lo que muchos desearían: dinero, amor... pero yo me sentía vacía porque acababa de perder a mi primer hijo cuando estaba embarazada de 20 semanas. 
Todo parecía que iba estupendamente, estaba en una nube y los meses pasaban mientras mi barriga crecía. Estaba ilusionada, pensando en como cambiaría mi vida con la llegada del bebé, emocionada y con algo de miedo por lo desconocido pero como todas las futuras mamas no veía el momento de tener a mi pequeño entre mis brazos... hasta que de repente todo cambió, todo se torció y mi mundo se puso una vez más del revés pero esta vez no iba a ser tan alegre como la primera.
El 8 de Diciembre de 2015 ingresé en el hospital dilatada de 2cm, fue un auténtico jarro de agua fría, me bloqueé... me hicieron pruebas, entré en quirófano para hcerme un cerclaje y así intentar frenar esa dilatación, mandé toda mi energía positiva esperando y deseando que todo siguiera bien... pero no fue así.
El 9 de Diciembre, 24 horas después de mi intervención, entraron dos ginecólogas y alguna enfermera para informarme de mi verdadera situación. Después de confirmar que recordaba lo que había sucedido los días pasados me dieron la peor noticia que podía imaginar: habían llegado los resultados de la amniocentésis que me habían hecho el día anterior y el laboratorio les había confirmado que tenía infección. Tenían que quitarme el cerclaje que me habían puesto e interrumpir el embarazo. En ese momento no era consciente de lo que estaba sucediendo, me quedé bloqueada, no entendía como se terminaba en ese momento, a las 20 semanas. ¿Por qué él? ¿por qué nosostros? Quería huir, no quería vivir eso. Un parto que significa un adiós, hasta nunca, hasta aquí hemos llegado...¿qué había hecho yo para merecer esto? y lo peor, ¿qué había hecho mi bebé para no tener derecho a vivir? Él no se merecía eso... mi vida se derrumbó por segundos, me quería morir...
La experiencia del parto que yo había pensando mil veces como algo mágico, el momento en el que supuestamente ves a tu bebé y cambia todo... en resumen, el inicio de una nueva vida para mí realmente fue el peor momento de mi vida porque conmigo, aún estaba con vida, pero al separarnos se terminó todo, como si fuera un sueño, ¿y luego qué? ¿mi vida volverá a ser la misma? Las horas siguientes al parto entre en un estado de relativa calma pensando que ya estaba todo y que sería mejor para él así porque dentro no estaba bien, la vida sigue...me imagino que en esos momentos el cuerpo y la mente se protegen.
Después de tres días en el hospital me sentía vacía, sin saber qué hacer ni como vivir a partir de ese momento, los últimos 5 meses anteriores todo era ilusión, familia, planes de futuro...¿y ahora tenía que olvidarme de todo eso?¿volver a lo de antes como si nada hubiera pasado? imposible.
Después de eso sólo recuerdo el dolor que sentía, fue una época muy dura que no ayudaba nada los comentarios que la gente me decía como que no pasaba nada, todo iba a seguir, als cosas pasan por algo, eres joven... palabras que se clavaban como astillas en la piel que cada vez dolían más y más... y después de todo esto, sales a la luz del día, del sol, de la vida, como si volvieras a nacer pero con el corazón hecha pedazos...


Fue una época muy dura, podría decir que la peor de mi vida con diferencia, pero a la vez me hizo aprender y crecer muchísimo como persona.
Al año me quedé embarazada, pero sabía que iba a ser muy difícil, partía de una pérdida, un embarazo de riesgo, meses de reposo sin poder ver la luz del sol, una pausa en mi vida donde no podría hacer prácticamente nada... incluso tenía que pasar por quirofano, otra vez, pero lo conseguí, conseguó ver el arcoiris después de la tormenta.
Por esto hoy estoy aquí, para dar esperanzas a quien lo esté pasando mal como yo en su día, quien esté a punto de rendirse, quien no vea salidas...
Porque el miedo hay que comérselo, hay que luchar, hay que ir a por todas, no rendirse, caer y levantarse las veces que hagan falta, porque así uno consigue hasta lo que creía imposible.


Agradecer nuevamente a Judit su testimonio que espero pueda ayudar a otras mamas que han pasado por esta situación y recordar que podéis contar vuestra historia escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com

jueves, 24 de mayo de 2018

Mamá joven en el cielo

En muchas ocasiones se piensa de forma errónea que las pérdidas gestacionales y los abortos son más frecuentes en madres mayores porque se cree que el cuerpo está más dañado por la edad sin embargo, es bastante frecuente encontrarnos historias de pérdidas en mamas jovenes que a pesar de su edad quieren y adoran a su bebé, al que han llevado dentro de ellas, buscado o no, pero amado igualmente. Hoy os traigo la historia de una de esas mamas luchadoras, joven, con 19 años que, aunque su embarazo no fue buscado e inicialmente fue un shock para ella adoraba y quería a su pequeña. Ella tendrá cuando esté preparada a su bebé arcoiris porque es verdad que es joven, es cierto que puede tener más hijos pero ninguno sustituirá a su pequeña estrella en el cielo, os dejo con sus palabras y como siempre, si queréis contar vuestra historia podéis hacerlo escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com


El 20 de Noviembre de 2017 mi vida cambió por completo, ya lo había hecho casi nueve meses antes cuando me enteré que estaba embarazada, tenía sólo 19 años, estaba estudiando en la universidad contenta e ilusionada y de repente tuve que enfrentarme a esa noticia. Un bebé en ese momento de mi vida no era lo que yo esperaba, rompí a llorar pensando que mi vida no sería la misma y en lo que diría mi madre cuando se enterase hasta que me detuve a pensar lo que realmente estaba sucediendo... había una criatura creciendo dentro de mí... Pero me adapté y acepté los nuevos cambios que estaban por venir con mi bebé porque era mi hijo o mi hija y haría todo lo posible porque él o ella estuvieran bien y fuera feliz, nunca me imaginé que esos planes que me habían puesto mi vida del revés desaparecieran de repente...


La primera vez que fuimos a la ecografía sólo pude ver el saco gestacional, sentí un pequeño escalofrío de miedo al no ver nada hasta que el doctor me explicó que estaba de 5 semanas y era pronto, tendría que volver más adelante. Esperé hasta la semana 8 acompañada de los primeros síntomas evidentes de embarazo sobre todo mucho asco por cualquier cosa que comía pero en el momento en que vi a mi pequeña... se me pasaron todos los males, seguro que entendéis a que me refiero, ese primer flechazo al ver esa cosita tan diminuta que crece dentro de ti con su corazón latiendo fuerte y sano; todo iba perfecto, tanto que decidí contárselo a mi madre en cuanto salí y para mi sorpresa se lo tomó estupendamente por lo que mi felicidad no hacía más que ir aumentando.
Pasaron los meses y los síntomas fueron disminuyendo, tuve un embarazo estupendo y aún recuerdo como me ilusioné cuando empecé a sentir sus patadas, su hipo y sus movimientos en general...era una sensación hermosa, perfecta... y supe que tendría una niña, una preciosa niña, Mónica Estefanía.
Sólo tuve un susto durante ese tiempo, pero fue un gran susto, de esos que tu vida se detiene y todo empieza a moverse a cámara lenta... A los 6 meses tuve una caída, caí de lado por las escaleras y me golpee fuerte. Lloré mucho pensando que lo había perdido así que rápidamente llamé a mi médico, me tranquilizó muchísimo y me dijo que si no había sangre y había caído de lado estaría todo bien. Acertó, mi bebita seguía moviéndose y danzando dentro de mi.
A los 7 meses me hicieron la prueba de la toxoplasmosis, todo perfecto y a los 8 meses, cuando entrabamos en la recta final del embarazo ya estaba preparando todo para su llegada: teníamos comprados los muebles, la ropita, la maleta para el hospital... madre mía... aún pienso como me derretía cada vez que me imaginaba a mi pequeña vistiendo esa ropita tan diminuta que le habíamos comprado...
Pasaron las semanas y yo seguía como todas las embrazadas, en mi nube de ilusiones y amor. El 17 de Nociembre volví a consulta porque me tocaba hacer un tacto rutinario, ver como se encontraba el cuello del útero y me dijo sin duda el médico que mi niña estaba "ojos ausentes", es decir, que estaba lista para salir en unos días. Estaba de 37+2

Me fui a casa y descansé pero al día siguiente empecé con dolor de vientre, empezaron las contracciones, aún muy leves pero contracciones al fin y al cabo durante toda la mañana y aunque intenté aguantar por la tarde me fui al hospital con mi madre y mi pareja. Me revisaron después de dos horas de espera, tenía dolores fuertes pero soportables y 7 cm de dilatación por lo que decidieron esperar unas horas para ver si alcanzaba los 10 cm y estar lista así para dar a luz.
A las 9 de la noche mi hija comenzó con hipo, la notaba perfectamente y a mi me dijeron que no comiera nada por si acaso había que hacer una cesárea de urgencia... pero a las 3 de la mañana cuando me volvieron a mirar seguía con la misma dilatación, había dejado de dilatar por lo que me mandaron caminar para ver si aumentábamos esos centímetros que faltaban. Caminé y caminé junto a mi pareja y empecé a desesperarme; lloré y empecé a pedirle a mi bebé que por favor saliera rápido, que no hiciera sufrir más a mami, me dolían los pies y sólo podía llorar para desahogarme. Cuando me calmé y viendo que continuaba con los mismos 7 cm le dije a mi madre que quería irme, no aguantaba más y sentía que algo no iba bien. Nos fuimos sin que me revisaran si quiera a la clínica donde normalmente me veía mi doctora y fue ella la que me dijo que si la dilatación se había parado debía ser cesárea porque significaba que se había parado el parto. Me pasó a hacerme una eco e inmediatamente pude ver a mi bebé aunque de espaldas. La doctora se giró y me preguntó que me habían hecho en la otra clínica, le había cambiado la cara. Le conté que sólo dos tactos y ella me respondió que mi hija ya no tenía latido. Me dio la peor noticia del mundo, yo me puse a llorar, a gritar y a negar que pudiera ser verdad... creí haber sentido a mi hija horas antes pero no, ella llevaba 7 horas muerta dentro de mi. Quería que me hicieran cesárea porque no quería pasar por ese dolor y no tener a mi bebé después conmigo, hasta que me convencieron de que era mejor el parto natural porque me permitiría recuperarme más rápido. Ya no me importaba nada. El dolor más grande lo tenía en mi corazón, ya no tenía a mi bebé.

Me hicieron inducción al parto y tras dos horas nació mi hija, sin vida; había intentado salir pero no pudo. No había cordón con nudos, la placenta estaba perfecta, el líquido limpio, la bebé sin ningún defecto... simplemente pasó. Y justo en ese momento se la llevaron, no la vi hasta las dos horas después: era grande, muy larga y por supuesto preciosa. No la cogí en ningún momento, sólo la vi; toqué sus labios, abrí los ojos para descubrir que eran azules y la vestimos como si sólo estuviese dormida porque era lo que realmente parecía.
Lloré toda la noche hasta que logré dormirme. En la madrugada de la llevaron y allí un trozo de mi corazón con ella. 
Me morí con ella, sólo que mi corazón sigue latiendo.
El 20 de Mayo hizo 6 meses de su partida y aún sigue doliendo, aún está cada día y cada segundo en mi mente, la extraño y la quiero a partes iguales porque al fin y al cabo, yo soy mamá en el cielo

 
Quiero volver a agradecer a Daniela por implicarse y contar su historia para ayudar a visibilizar este duelo y ayudar a otras mamás, creo firmemente que su historia demuestra que muchas veces no se puede saber ni predecir lo que va a pasar, su niña estaba perfecta y al final no lo logró. De verdad que deseo con todo mi corazón que cuando tú estés preparada puedas tener contigo tu bebé arcoiris.
Si crees que tienes una historia interesante que contar puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com y para conocer más de nuestra historia puedes seguirnos en nuestro instagram (@mi_arcoiris_guerrero )


jueves, 17 de mayo de 2018

Dos estrellas que te guían

Cuando te pasa por primera vez estás tan desprevenida... creíste que eso JAMÁS te sucedería a ti, para una segunda vez estás aún más desprevenida; JAMÁS, JAMÁS hubieras creído que en ti se repetiría la historia"
No son palabras mías, son palabras de Naileth la mamá que hoy nos cuenta su historia, una historia con doble pérdida en un corto periodo de tiempo, con un parto muy poco respetado por los profesionales de la salud y una sanidad y unos recursos escasos. Ella tiene 28 años, es de un pueblo de los Andés venezolanos y es toda una guerrera y una mamá en el cielo. Gracias por compartir tu historia, eres toda una valiente y sé que pronto tendrás tu recompensa, mucho ánimo:

Tras 3 años de búsqueda un domingo de abril veo por fin el ansiado positivo en el test de embarazo, ¡estaba embarazada! nada en la vida me había hecho tan feliz, caminaba entre nubes y dediqué todo de mi en ello. Renuncié al trabajo y a la casa, hacía lo justo y necesario, quería descansar y cuidarme y sentía que no era yo la que estaba dando vida a la criatura que había en mi panza, sino que era ella la que me la daba a mí. Me sentía plena, feliz y hermosa, la embarazada más linda del mundo. Fue mi sol y todo giraba entorno a ella.
Mi embarazo fue bueno, con sus altibajos normales pero bueno hasta el lunes 2 de Octubre, estaba de 29+4 semanas y fui al hospital porque desde hacía un par de días esos movimientos fetales tan exquisitos estaban ausentes. En la ecografía que me hacen aparece reflejada la pena en la cara del doctor: "OBITO FETAL", yo no entendía, me encontraba confusa por lo que me aclara "tu bebé está muerto", sin más, sin tacto, sin cuidado. Empecé con la negación, lágrimas y pataleo de niña, no podía ser, mi bebé, mi hija Nathalia que era tan deseada, tan amada, tan esperada... había fallecido... Sin ninguna explicación, sin ningún motivo... nada...
Empezaron a hablarme del ingreso, tenían que inducir el parto, administrar oxitocina y romper la fuente con una vara de plástico. Fue horroroso el dolor que sentía, pero más aún fue sentir el líquido por mis piernas porque se convirtió en algo real, iba a conocer a la princesa de mis sueños sin vida. Se me partía el alma.
Pasaron las horas y tan sólo un doctor tuvo la suficiente empatía para tratar conmigo, sólo uno... me explicó que para dilatar me pondrían Misoprostol vía vaginal. Las contracciones comenzaron a ser cada vez más intensas y aunque me encontraba en la habitación con otra paciente, mi instinto de madre me dijo lo que debía hacer: me senté, y con mis manos sobre mis rodillas puje y di oscuridad, si oscuridad, no siento que diese luz... Mi hija quedó boca abajo, le di la vuelta y comprobé allí mismo que Dios existe, lo vi en su linda cara, una nariz tan perfilada, unos labios tan perfectos, unas pestañitas diminutas... a ese Dios lo toqué en su delicada y húmeda piel blanca y de repente... gritos de mi compañera de habitación asustada por la situación. Rápidamente el personal médico vino y la enfermera fue a socorrerla y a tranquilizarla porque ella  sólo repetía  "mami, no veas eso"; ¿eso? pensé yo ¿eso? no es eso, es ella, ELLA... era lo único que conseguía repetir en mi cabeza. 
Cuando llegó el personal médico me increparon por que´no fui capaz de llamarles para que me ayudasen, no podía responder, pero ¿para qué lo iba a hacer? si no tuvieron ningún tipo de atención hacia mi ni sensibilidad por la situación...en parte es normal, la situación no es la más idonea, muchas batallas que librar y muy pocos recursos y como paciente los dolores del alma se tragan y los del cuerpo se resisten porque analgésicos y empatía no hay. Con mi hija bajo mis piernas el doctor estuvo explicando a los estudiantes como coser el cordón umbilical porque no había ganchos y allí en ese momento, vi sus pies y brazos colgando cuando la separan de mí... no la cogieron como se hace con un bebé vivo, no la envolvieron en una manta... y yo sólo sentí que fueron muy poco respetuosos con su cuerpo. Finalmente me llevaron a la sala de parto porque la placenta no se expulsó por lo que tuvieron que sacarla con sus manos. Muy cerca de mi examinan a Nathalia, 1 kilo 100g, 39cm y fue en ese momento cuando vi que la envolvían en una sabana azul médica y adhesivo. Me contaron que fue en ese momento cuando tomaron muestras para los estudios citogenéticos cortando parte de piel y músculo de su brazo y pecho; aún así yo no lo recuerdo, no logro recordar esos detalles pero aún así fue otra muestra de la falta de sensibilidad que mostraron por mí durante todo el proceso, hacerlo frente a su madre.
De madrugada me realizaron una ecografía, y una cantidad enorme de sangre cayó; me tenían que hacer un legrado porque aún quedaron restos. Al despertarme de la anestesia veo una luz y me encuentro boca arriba, me asusté, ¡mi bebé! debo acostarme del lazo izquierdo... cuando veo unas puertas de vidrio, una camilla... y caigo en la cuenta que estoy en el hospital, ya no hay bebé y ese llanto inconsolable me invade otra vez.
Y todo este proceso lo hice sola, sin mi pareja, sin mi familia porque el hospital prohíbe su presencia ni siquiera para ayudarme a superar estos momentos tan duros. Sólo pude verlos cuando caminaba dolorida, casi desnuda con el frasco de sueroen la pano, a la puerta principal donde les hablaba escasos segundos. Confieso que los engañé, iba con sonrisas a mostrarles lo fuerte que estaba siendo... era lo menos que podía hacer por ellos, estaban tan desplomados y preocupados, esforzándose tanto por conseguir los medicamentos...
A los tres días me negaron el alta por tener elevados valores de glóbulos blancos, pero cansada de tanta negligencia decido firmar el alta en contra de la voluntad médica. Sentí que había sido la peor experiencia de mi vida, pero que equivocada estaba...
Llegó el tan incomprendido duelo, donde escuchas frases famosas y dolorosas de unos y el vacío de otros, como si fuera poco perder a mi hija, quién me dejó rota e incompleta, contemplando el suicidio como opción, deseando haber muerto con ella...
A finales de enero llegan los resultados del examen genético: Síndrome de Turner en Mosaico, y se esclarece la causa de la muerte dandome una pizca de paz y mucha resignación, pero al poco de cumplirse 5 meses de su partida decidimos comenzar a buscar nuestro bebé arcoiris, con tal eficacia que inmediatamente hay un retraso en la menstruación y los miedos que pensaba que estaban enterrados emergen nuevamente. Hablo con mi bebé, le explico que lo amo y que me perdone por las lagrimas, la rabia y el dolor, que son por su hermana Nathalia y que si él, ella o ellos estaban allí me harían muy feliz. Sin embargo aparece un sangrado finalmente, no estaba embarazada y ya planeamos intentarlo el próximo mes.

Domingo 11 de marzo, siento intensos dolores durante el día y como continúan durante la noche vamos al hospital por sospecha de apendicitis. Me atienden en ginecología, hacen eco y piden Beta: estoy embarazada, pero es un embarazo ectópico. Aquel que sería mi arcoiris se convirtió en la peor tormenta de mi vida: mis labios han perdido color, tengo taquicardia, tensión baja, miro mis uñas que sin esmalte se ven diferentes... es evidente mi dificultad para respirar y grito porque el dolor es insportable. Mi hermana me da ánimos, me dice que luche y que todo va a salir bien y en ese momento despierto de mis ensoñaciones porque tiene razón, he sido egoista, me he perdido, les pido fuerzas a mis bebés porque sé que no es mi momento. Sentí temor, pidiendo perdón oré a Dios, ellos se merecían lo mejor de mí pero respirar dolía y entre gritos me llevaron a quirófano.
Al despertar me tranquilizan y me dicen que está todo bien, consiguieron salvar mis ovarios por lo que podré volver a ser madre aunque tendré que cuidarme mucho. El dolor había desaparecido y al levantar mi bata veo que en mi vientre estreno una hermosa cicatriz: me invade un sentimiento de amor roto e incompleto, ha sido el único recuerdo de Minichicle (así le nombre porque era pequeñito de sólo 3 semanas, no supe su sexo y se pego a mi como un pequeño chicle, donde no debía ser pero tan aferrado que casi me lleva consigo.
Muchos dirán que no cuenta como bebé, pero realmente no me importan esas opiniones. Esta es mi historia, ellos son mis hijos, este es mi duelo y me siento orgullosa de ser una mamá en el cielo. No temo ser juzgada porque no pretendo cumplir las expectativas de nadie, mis prioirdades desde Nathalia son otras. Con estas experiencias te transformas, aunque te mutilen creces como persona, aprendes a ver sin necesitar tus ojos, a sonreir quebrada, a amar con un corazón roto e incompleto.
Estoy tan agradecida y celebraré esta oportunidad con llanto y risas. Mi vida, la cual comprendí que nunca había sido mía sino de ellos: mi amada familia, GRACIAS.

Quiero agradecer nuevamente a Naileth que comparta su historia, para dar visibilidad a este duelo que pasamos muchas y que es negado o silenciado en muchas ocasiones, y si tú como ella quieres compartir tu historia de mamá en el cielo (o cualquier otra) escríbeme a miarcoirisguerrero@gmail.com o por privado a mi instagram: @mi_arcoiris_guerrero