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lunes, 4 de junio de 2018

El arcoiris después de la tormenta

Hoy Judit puede decir orgullosa que es una mamá en la tierra, pero por desgracia también es una mamá en el cielo, y ella, como en mi caso ha tenido que escuchar como menospreciaban a su ángel únicamente por tener ya a su segundo hijo entre sus brazos. El relato de esta mamá en el cielo no sólo busca visibilizar el duelo que tantas veces vemos ignorado, sino también que se entienda que un hijo no sustituye otro, y que los llevamos siempre en nuestro corazón ya que por desgracia no podemos llevarlos en nuestros brazos.
Recordaros que podéis escribir vuestra historia para compartir escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com:

Hace dos años mi vida se derrumbó a pesar de tener todo lo que muchos desearían: dinero, amor... pero yo me sentía vacía porque acababa de perder a mi primer hijo cuando estaba embarazada de 20 semanas. 
Todo parecía que iba estupendamente, estaba en una nube y los meses pasaban mientras mi barriga crecía. Estaba ilusionada, pensando en como cambiaría mi vida con la llegada del bebé, emocionada y con algo de miedo por lo desconocido pero como todas las futuras mamas no veía el momento de tener a mi pequeño entre mis brazos... hasta que de repente todo cambió, todo se torció y mi mundo se puso una vez más del revés pero esta vez no iba a ser tan alegre como la primera.
El 8 de Diciembre de 2015 ingresé en el hospital dilatada de 2cm, fue un auténtico jarro de agua fría, me bloqueé... me hicieron pruebas, entré en quirófano para hcerme un cerclaje y así intentar frenar esa dilatación, mandé toda mi energía positiva esperando y deseando que todo siguiera bien... pero no fue así.
El 9 de Diciembre, 24 horas después de mi intervención, entraron dos ginecólogas y alguna enfermera para informarme de mi verdadera situación. Después de confirmar que recordaba lo que había sucedido los días pasados me dieron la peor noticia que podía imaginar: habían llegado los resultados de la amniocentésis que me habían hecho el día anterior y el laboratorio les había confirmado que tenía infección. Tenían que quitarme el cerclaje que me habían puesto e interrumpir el embarazo. En ese momento no era consciente de lo que estaba sucediendo, me quedé bloqueada, no entendía como se terminaba en ese momento, a las 20 semanas. ¿Por qué él? ¿por qué nosostros? Quería huir, no quería vivir eso. Un parto que significa un adiós, hasta nunca, hasta aquí hemos llegado...¿qué había hecho yo para merecer esto? y lo peor, ¿qué había hecho mi bebé para no tener derecho a vivir? Él no se merecía eso... mi vida se derrumbó por segundos, me quería morir...
La experiencia del parto que yo había pensando mil veces como algo mágico, el momento en el que supuestamente ves a tu bebé y cambia todo... en resumen, el inicio de una nueva vida para mí realmente fue el peor momento de mi vida porque conmigo, aún estaba con vida, pero al separarnos se terminó todo, como si fuera un sueño, ¿y luego qué? ¿mi vida volverá a ser la misma? Las horas siguientes al parto entre en un estado de relativa calma pensando que ya estaba todo y que sería mejor para él así porque dentro no estaba bien, la vida sigue...me imagino que en esos momentos el cuerpo y la mente se protegen.
Después de tres días en el hospital me sentía vacía, sin saber qué hacer ni como vivir a partir de ese momento, los últimos 5 meses anteriores todo era ilusión, familia, planes de futuro...¿y ahora tenía que olvidarme de todo eso?¿volver a lo de antes como si nada hubiera pasado? imposible.
Después de eso sólo recuerdo el dolor que sentía, fue una época muy dura que no ayudaba nada los comentarios que la gente me decía como que no pasaba nada, todo iba a seguir, als cosas pasan por algo, eres joven... palabras que se clavaban como astillas en la piel que cada vez dolían más y más... y después de todo esto, sales a la luz del día, del sol, de la vida, como si volvieras a nacer pero con el corazón hecha pedazos...


Fue una época muy dura, podría decir que la peor de mi vida con diferencia, pero a la vez me hizo aprender y crecer muchísimo como persona.
Al año me quedé embarazada, pero sabía que iba a ser muy difícil, partía de una pérdida, un embarazo de riesgo, meses de reposo sin poder ver la luz del sol, una pausa en mi vida donde no podría hacer prácticamente nada... incluso tenía que pasar por quirofano, otra vez, pero lo conseguí, conseguó ver el arcoiris después de la tormenta.
Por esto hoy estoy aquí, para dar esperanzas a quien lo esté pasando mal como yo en su día, quien esté a punto de rendirse, quien no vea salidas...
Porque el miedo hay que comérselo, hay que luchar, hay que ir a por todas, no rendirse, caer y levantarse las veces que hagan falta, porque así uno consigue hasta lo que creía imposible.


Agradecer nuevamente a Judit su testimonio que espero pueda ayudar a otras mamas que han pasado por esta situación y recordar que podéis contar vuestra historia escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com

jueves, 24 de mayo de 2018

Mamá joven en el cielo

En muchas ocasiones se piensa de forma errónea que las pérdidas gestacionales y los abortos son más frecuentes en madres mayores porque se cree que el cuerpo está más dañado por la edad sin embargo, es bastante frecuente encontrarnos historias de pérdidas en mamas jovenes que a pesar de su edad quieren y adoran a su bebé, al que han llevado dentro de ellas, buscado o no, pero amado igualmente. Hoy os traigo la historia de una de esas mamas luchadoras, joven, con 19 años que, aunque su embarazo no fue buscado e inicialmente fue un shock para ella adoraba y quería a su pequeña. Ella tendrá cuando esté preparada a su bebé arcoiris porque es verdad que es joven, es cierto que puede tener más hijos pero ninguno sustituirá a su pequeña estrella en el cielo, os dejo con sus palabras y como siempre, si queréis contar vuestra historia podéis hacerlo escribiéndome a miarcoirisguerrero@gmail.com


El 20 de Noviembre de 2017 mi vida cambió por completo, ya lo había hecho casi nueve meses antes cuando me enteré que estaba embarazada, tenía sólo 19 años, estaba estudiando en la universidad contenta e ilusionada y de repente tuve que enfrentarme a esa noticia. Un bebé en ese momento de mi vida no era lo que yo esperaba, rompí a llorar pensando que mi vida no sería la misma y en lo que diría mi madre cuando se enterase hasta que me detuve a pensar lo que realmente estaba sucediendo... había una criatura creciendo dentro de mí... Pero me adapté y acepté los nuevos cambios que estaban por venir con mi bebé porque era mi hijo o mi hija y haría todo lo posible porque él o ella estuvieran bien y fuera feliz, nunca me imaginé que esos planes que me habían puesto mi vida del revés desaparecieran de repente...


La primera vez que fuimos a la ecografía sólo pude ver el saco gestacional, sentí un pequeño escalofrío de miedo al no ver nada hasta que el doctor me explicó que estaba de 5 semanas y era pronto, tendría que volver más adelante. Esperé hasta la semana 8 acompañada de los primeros síntomas evidentes de embarazo sobre todo mucho asco por cualquier cosa que comía pero en el momento en que vi a mi pequeña... se me pasaron todos los males, seguro que entendéis a que me refiero, ese primer flechazo al ver esa cosita tan diminuta que crece dentro de ti con su corazón latiendo fuerte y sano; todo iba perfecto, tanto que decidí contárselo a mi madre en cuanto salí y para mi sorpresa se lo tomó estupendamente por lo que mi felicidad no hacía más que ir aumentando.
Pasaron los meses y los síntomas fueron disminuyendo, tuve un embarazo estupendo y aún recuerdo como me ilusioné cuando empecé a sentir sus patadas, su hipo y sus movimientos en general...era una sensación hermosa, perfecta... y supe que tendría una niña, una preciosa niña, Mónica Estefanía.
Sólo tuve un susto durante ese tiempo, pero fue un gran susto, de esos que tu vida se detiene y todo empieza a moverse a cámara lenta... A los 6 meses tuve una caída, caí de lado por las escaleras y me golpee fuerte. Lloré mucho pensando que lo había perdido así que rápidamente llamé a mi médico, me tranquilizó muchísimo y me dijo que si no había sangre y había caído de lado estaría todo bien. Acertó, mi bebita seguía moviéndose y danzando dentro de mi.
A los 7 meses me hicieron la prueba de la toxoplasmosis, todo perfecto y a los 8 meses, cuando entrabamos en la recta final del embarazo ya estaba preparando todo para su llegada: teníamos comprados los muebles, la ropita, la maleta para el hospital... madre mía... aún pienso como me derretía cada vez que me imaginaba a mi pequeña vistiendo esa ropita tan diminuta que le habíamos comprado...
Pasaron las semanas y yo seguía como todas las embrazadas, en mi nube de ilusiones y amor. El 17 de Nociembre volví a consulta porque me tocaba hacer un tacto rutinario, ver como se encontraba el cuello del útero y me dijo sin duda el médico que mi niña estaba "ojos ausentes", es decir, que estaba lista para salir en unos días. Estaba de 37+2

Me fui a casa y descansé pero al día siguiente empecé con dolor de vientre, empezaron las contracciones, aún muy leves pero contracciones al fin y al cabo durante toda la mañana y aunque intenté aguantar por la tarde me fui al hospital con mi madre y mi pareja. Me revisaron después de dos horas de espera, tenía dolores fuertes pero soportables y 7 cm de dilatación por lo que decidieron esperar unas horas para ver si alcanzaba los 10 cm y estar lista así para dar a luz.
A las 9 de la noche mi hija comenzó con hipo, la notaba perfectamente y a mi me dijeron que no comiera nada por si acaso había que hacer una cesárea de urgencia... pero a las 3 de la mañana cuando me volvieron a mirar seguía con la misma dilatación, había dejado de dilatar por lo que me mandaron caminar para ver si aumentábamos esos centímetros que faltaban. Caminé y caminé junto a mi pareja y empecé a desesperarme; lloré y empecé a pedirle a mi bebé que por favor saliera rápido, que no hiciera sufrir más a mami, me dolían los pies y sólo podía llorar para desahogarme. Cuando me calmé y viendo que continuaba con los mismos 7 cm le dije a mi madre que quería irme, no aguantaba más y sentía que algo no iba bien. Nos fuimos sin que me revisaran si quiera a la clínica donde normalmente me veía mi doctora y fue ella la que me dijo que si la dilatación se había parado debía ser cesárea porque significaba que se había parado el parto. Me pasó a hacerme una eco e inmediatamente pude ver a mi bebé aunque de espaldas. La doctora se giró y me preguntó que me habían hecho en la otra clínica, le había cambiado la cara. Le conté que sólo dos tactos y ella me respondió que mi hija ya no tenía latido. Me dio la peor noticia del mundo, yo me puse a llorar, a gritar y a negar que pudiera ser verdad... creí haber sentido a mi hija horas antes pero no, ella llevaba 7 horas muerta dentro de mi. Quería que me hicieran cesárea porque no quería pasar por ese dolor y no tener a mi bebé después conmigo, hasta que me convencieron de que era mejor el parto natural porque me permitiría recuperarme más rápido. Ya no me importaba nada. El dolor más grande lo tenía en mi corazón, ya no tenía a mi bebé.

Me hicieron inducción al parto y tras dos horas nació mi hija, sin vida; había intentado salir pero no pudo. No había cordón con nudos, la placenta estaba perfecta, el líquido limpio, la bebé sin ningún defecto... simplemente pasó. Y justo en ese momento se la llevaron, no la vi hasta las dos horas después: era grande, muy larga y por supuesto preciosa. No la cogí en ningún momento, sólo la vi; toqué sus labios, abrí los ojos para descubrir que eran azules y la vestimos como si sólo estuviese dormida porque era lo que realmente parecía.
Lloré toda la noche hasta que logré dormirme. En la madrugada de la llevaron y allí un trozo de mi corazón con ella. 
Me morí con ella, sólo que mi corazón sigue latiendo.
El 20 de Mayo hizo 6 meses de su partida y aún sigue doliendo, aún está cada día y cada segundo en mi mente, la extraño y la quiero a partes iguales porque al fin y al cabo, yo soy mamá en el cielo

 
Quiero volver a agradecer a Daniela por implicarse y contar su historia para ayudar a visibilizar este duelo y ayudar a otras mamás, creo firmemente que su historia demuestra que muchas veces no se puede saber ni predecir lo que va a pasar, su niña estaba perfecta y al final no lo logró. De verdad que deseo con todo mi corazón que cuando tú estés preparada puedas tener contigo tu bebé arcoiris.
Si crees que tienes una historia interesante que contar puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com y para conocer más de nuestra historia puedes seguirnos en nuestro instagram (@mi_arcoiris_guerrero )


jueves, 17 de mayo de 2018

Dos estrellas que te guían

Cuando te pasa por primera vez estás tan desprevenida... creíste que eso JAMÁS te sucedería a ti, para una segunda vez estás aún más desprevenida; JAMÁS, JAMÁS hubieras creído que en ti se repetiría la historia"
No son palabras mías, son palabras de Naileth la mamá que hoy nos cuenta su historia, una historia con doble pérdida en un corto periodo de tiempo, con un parto muy poco respetado por los profesionales de la salud y una sanidad y unos recursos escasos. Ella tiene 28 años, es de un pueblo de los Andés venezolanos y es toda una guerrera y una mamá en el cielo. Gracias por compartir tu historia, eres toda una valiente y sé que pronto tendrás tu recompensa, mucho ánimo:

Tras 3 años de búsqueda un domingo de abril veo por fin el ansiado positivo en el test de embarazo, ¡estaba embarazada! nada en la vida me había hecho tan feliz, caminaba entre nubes y dediqué todo de mi en ello. Renuncié al trabajo y a la casa, hacía lo justo y necesario, quería descansar y cuidarme y sentía que no era yo la que estaba dando vida a la criatura que había en mi panza, sino que era ella la que me la daba a mí. Me sentía plena, feliz y hermosa, la embarazada más linda del mundo. Fue mi sol y todo giraba entorno a ella.
Mi embarazo fue bueno, con sus altibajos normales pero bueno hasta el lunes 2 de Octubre, estaba de 29+4 semanas y fui al hospital porque desde hacía un par de días esos movimientos fetales tan exquisitos estaban ausentes. En la ecografía que me hacen aparece reflejada la pena en la cara del doctor: "OBITO FETAL", yo no entendía, me encontraba confusa por lo que me aclara "tu bebé está muerto", sin más, sin tacto, sin cuidado. Empecé con la negación, lágrimas y pataleo de niña, no podía ser, mi bebé, mi hija Nathalia que era tan deseada, tan amada, tan esperada... había fallecido... Sin ninguna explicación, sin ningún motivo... nada...
Empezaron a hablarme del ingreso, tenían que inducir el parto, administrar oxitocina y romper la fuente con una vara de plástico. Fue horroroso el dolor que sentía, pero más aún fue sentir el líquido por mis piernas porque se convirtió en algo real, iba a conocer a la princesa de mis sueños sin vida. Se me partía el alma.
Pasaron las horas y tan sólo un doctor tuvo la suficiente empatía para tratar conmigo, sólo uno... me explicó que para dilatar me pondrían Misoprostol vía vaginal. Las contracciones comenzaron a ser cada vez más intensas y aunque me encontraba en la habitación con otra paciente, mi instinto de madre me dijo lo que debía hacer: me senté, y con mis manos sobre mis rodillas puje y di oscuridad, si oscuridad, no siento que diese luz... Mi hija quedó boca abajo, le di la vuelta y comprobé allí mismo que Dios existe, lo vi en su linda cara, una nariz tan perfilada, unos labios tan perfectos, unas pestañitas diminutas... a ese Dios lo toqué en su delicada y húmeda piel blanca y de repente... gritos de mi compañera de habitación asustada por la situación. Rápidamente el personal médico vino y la enfermera fue a socorrerla y a tranquilizarla porque ella  sólo repetía  "mami, no veas eso"; ¿eso? pensé yo ¿eso? no es eso, es ella, ELLA... era lo único que conseguía repetir en mi cabeza. 
Cuando llegó el personal médico me increparon por que´no fui capaz de llamarles para que me ayudasen, no podía responder, pero ¿para qué lo iba a hacer? si no tuvieron ningún tipo de atención hacia mi ni sensibilidad por la situación...en parte es normal, la situación no es la más idonea, muchas batallas que librar y muy pocos recursos y como paciente los dolores del alma se tragan y los del cuerpo se resisten porque analgésicos y empatía no hay. Con mi hija bajo mis piernas el doctor estuvo explicando a los estudiantes como coser el cordón umbilical porque no había ganchos y allí en ese momento, vi sus pies y brazos colgando cuando la separan de mí... no la cogieron como se hace con un bebé vivo, no la envolvieron en una manta... y yo sólo sentí que fueron muy poco respetuosos con su cuerpo. Finalmente me llevaron a la sala de parto porque la placenta no se expulsó por lo que tuvieron que sacarla con sus manos. Muy cerca de mi examinan a Nathalia, 1 kilo 100g, 39cm y fue en ese momento cuando vi que la envolvían en una sabana azul médica y adhesivo. Me contaron que fue en ese momento cuando tomaron muestras para los estudios citogenéticos cortando parte de piel y músculo de su brazo y pecho; aún así yo no lo recuerdo, no logro recordar esos detalles pero aún así fue otra muestra de la falta de sensibilidad que mostraron por mí durante todo el proceso, hacerlo frente a su madre.
De madrugada me realizaron una ecografía, y una cantidad enorme de sangre cayó; me tenían que hacer un legrado porque aún quedaron restos. Al despertarme de la anestesia veo una luz y me encuentro boca arriba, me asusté, ¡mi bebé! debo acostarme del lazo izquierdo... cuando veo unas puertas de vidrio, una camilla... y caigo en la cuenta que estoy en el hospital, ya no hay bebé y ese llanto inconsolable me invade otra vez.
Y todo este proceso lo hice sola, sin mi pareja, sin mi familia porque el hospital prohíbe su presencia ni siquiera para ayudarme a superar estos momentos tan duros. Sólo pude verlos cuando caminaba dolorida, casi desnuda con el frasco de sueroen la pano, a la puerta principal donde les hablaba escasos segundos. Confieso que los engañé, iba con sonrisas a mostrarles lo fuerte que estaba siendo... era lo menos que podía hacer por ellos, estaban tan desplomados y preocupados, esforzándose tanto por conseguir los medicamentos...
A los tres días me negaron el alta por tener elevados valores de glóbulos blancos, pero cansada de tanta negligencia decido firmar el alta en contra de la voluntad médica. Sentí que había sido la peor experiencia de mi vida, pero que equivocada estaba...
Llegó el tan incomprendido duelo, donde escuchas frases famosas y dolorosas de unos y el vacío de otros, como si fuera poco perder a mi hija, quién me dejó rota e incompleta, contemplando el suicidio como opción, deseando haber muerto con ella...
A finales de enero llegan los resultados del examen genético: Síndrome de Turner en Mosaico, y se esclarece la causa de la muerte dandome una pizca de paz y mucha resignación, pero al poco de cumplirse 5 meses de su partida decidimos comenzar a buscar nuestro bebé arcoiris, con tal eficacia que inmediatamente hay un retraso en la menstruación y los miedos que pensaba que estaban enterrados emergen nuevamente. Hablo con mi bebé, le explico que lo amo y que me perdone por las lagrimas, la rabia y el dolor, que son por su hermana Nathalia y que si él, ella o ellos estaban allí me harían muy feliz. Sin embargo aparece un sangrado finalmente, no estaba embarazada y ya planeamos intentarlo el próximo mes.

Domingo 11 de marzo, siento intensos dolores durante el día y como continúan durante la noche vamos al hospital por sospecha de apendicitis. Me atienden en ginecología, hacen eco y piden Beta: estoy embarazada, pero es un embarazo ectópico. Aquel que sería mi arcoiris se convirtió en la peor tormenta de mi vida: mis labios han perdido color, tengo taquicardia, tensión baja, miro mis uñas que sin esmalte se ven diferentes... es evidente mi dificultad para respirar y grito porque el dolor es insportable. Mi hermana me da ánimos, me dice que luche y que todo va a salir bien y en ese momento despierto de mis ensoñaciones porque tiene razón, he sido egoista, me he perdido, les pido fuerzas a mis bebés porque sé que no es mi momento. Sentí temor, pidiendo perdón oré a Dios, ellos se merecían lo mejor de mí pero respirar dolía y entre gritos me llevaron a quirófano.
Al despertar me tranquilizan y me dicen que está todo bien, consiguieron salvar mis ovarios por lo que podré volver a ser madre aunque tendré que cuidarme mucho. El dolor había desaparecido y al levantar mi bata veo que en mi vientre estreno una hermosa cicatriz: me invade un sentimiento de amor roto e incompleto, ha sido el único recuerdo de Minichicle (así le nombre porque era pequeñito de sólo 3 semanas, no supe su sexo y se pego a mi como un pequeño chicle, donde no debía ser pero tan aferrado que casi me lleva consigo.
Muchos dirán que no cuenta como bebé, pero realmente no me importan esas opiniones. Esta es mi historia, ellos son mis hijos, este es mi duelo y me siento orgullosa de ser una mamá en el cielo. No temo ser juzgada porque no pretendo cumplir las expectativas de nadie, mis prioirdades desde Nathalia son otras. Con estas experiencias te transformas, aunque te mutilen creces como persona, aprendes a ver sin necesitar tus ojos, a sonreir quebrada, a amar con un corazón roto e incompleto.
Estoy tan agradecida y celebraré esta oportunidad con llanto y risas. Mi vida, la cual comprendí que nunca había sido mía sino de ellos: mi amada familia, GRACIAS.

Quiero agradecer nuevamente a Naileth que comparta su historia, para dar visibilidad a este duelo que pasamos muchas y que es negado o silenciado en muchas ocasiones, y si tú como ella quieres compartir tu historia de mamá en el cielo (o cualquier otra) escríbeme a miarcoirisguerrero@gmail.com o por privado a mi instagram: @mi_arcoiris_guerrero

jueves, 12 de abril de 2018

Mamá joven, mamá en el cielo


Las mamás que hemos tenido un parto prematuro o hemos perdido a nuestro bebé por el camino a menudo nos preguntamos si podríamos haber hecho algo, la culpabilidad nos invade e intentamos buscar explicación a algo que realmente no la tiene. El testimonio de hoy nos demuestra como ni siquiera la edad que parece tan importante en todo lo referente a la concepción puede salvarnos de sufrir estas pérdidas. Os recuerdo que si vosotras también queréis compartir vuestra historia podéis escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com o directamente a mi instagram sin más, os dejo la historia que hoy nos cuenta su historia Leila, una mamá en el cielo de 18 años:

“Tengo 18 años y a pesar de mi juventud sé lo que es sentir el dolor más grande que puedas imaginar, el shock y la sensación de vacío ante la pérdida de un hijo porque yo perdí a mi bebé Noah, el 28 de Noviembre de 2017, estando de 23 semanas.
Los primeros dos meses de embarazo fueron muy duros por peleas con mi madre por mi bebé, sin embargo, después mejoró, mi bebé venía perfecto y yo estaba contenta porque iba a ser mamá; pero el 22 de Noviembre comenzó a estropearse todo. Tuve que ir a urgencias porque había empezado con contracciones y sangrado, pero los médicos no le dieron ninguna importancia porque consideraron que era sólo una infección urinaria y me mandaron a casa; sin embargo, estuve toda la noche con contracciones y a las ocho de la mañana al ser más fuertes y aumentar también el sangrado volví a urgencias, momento en el que decidieron ingresarme sin decirme por qué. Pasaron unas horas que parecieron días, yo continuaba igual y nadie me decía nada hasta que por fin me explicaron que tenía el útero bajo y debía guardar reposo absoluto al menos durante un mes. Era seguro que mi bebé nacería prematuro pero si aguantaba el tiempo que me habían dicho tendría más probabilidades de sobrevivir. Se plantearon hacerme una operación para levantar el útero, sin embargo había más riesgo de romper la bolsa y mi vida podría correr peligro por lo que decidieron esperar y ver si conseguíamos llegar a la meta que nos habíamos marcado.
El 27 de Noviembre me quitaron el Dulacipan, un mediamento para evitar las contracciones pero a las dos horas volvieron. Me bajaron a la sala y estuve allí toda la noche… a las 14.20 del día 28 rompí la bolsa y nació mi dulce angelito, Noah con 535g de peso. A mí me llevaron a otra sala después del parto, muerta de miedo e incertidumbre y deseando…esperando buenas noticias. A Noah se lo llevaron a neo, y aunque sé que luchó, que lo intentó porque era un valiente, a las 17.00 falleció por un paro cardio respiratorio. Mi mundo se vino abajo. El dolor de perder a un hijo no tiene explicación ni palabras posibles, sólo quién lo ha vivido puede entender realmente el vació inmenso que se apodera de ti. Yo entré con mi hijo en la panza con la esperanza de salir con él en brazos y sin embargo, salí con los brazos y el alma vacía. La tristeza inundaba mi cuerpo y aún hoy me cuesta mucho asumir que mi hijo ya no está conmigo. Sé que soy joven y que puedo tener más hijos, no es consuelo porque cada hijo es único e irrepetible. Mi primer hijo siempre será Noah, porque yo también soy mamá en el cielo.”




Podéis seguir mi día a día en mi instagram y si tienes algo que crees puede ser interesante para otras mamas puedes escribirme a miarcoirisguerrero@gmail.com