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martes, 30 de abril de 2019

¿Cómo sé si mi hijo tiene un problema de alimentación?

El tema de la alimentación en general es todo un mundo y bastante complejo, pero no solamente existen problemas en los niños, sino también en los adultos desde una mala alimentación que de lugar a problemas de salud como diabétes hasta trastornos psicológicos como la ansiedad que alguno de sus síntomas puede generar sensación de "algo en la garganta" llevando a casos más extremos y graves a dejar de comer sólidos por miedo a atragantarse.
Y sabéis que nuestro punto débil con Daniella es el tema de la alimentación y va más allá de ser una una mala comedora, sino que hay un problema conductual de base que hay que trabajar con distintos profesionales (fundamentalmente con logopedas ya que el tema de crear el bolo alimenticio, deglución, masticar...puede resultar complejo para algunos de los pequeños de la casa). Tras mucha lucha conseguimos quitar la sonda hace ya más de un año, y poco a poco fue comiendo los purés de forma positiva, rápido (demasiado) pero al menos comía sin luchar con ella (es cierto que tiene que tener la televisión puesta para ello, pero cuando lleguemos al punto de comer correctamente todo y sin lucha ya continuaremos trabajando en las distracciones). Ahora tenemos días de luces y sombras con la introducción de los alimentos sólidos, algunos días come de maravilla, disfruta con sus trozos e incluso te pide más; y otros sin embargo, no hay forma de que coma ni el puré...y claro debido a su peso nos encontramos siempre en una balanza complicada ya que tiene que alimentarse para ver si conseguimos que engorde pero a la vez tiene que introducir sólidos por los beneficios que tiene para ella como por ejemplo mejorar los músculos encargados del habla y como consecuencia el habla. ¿Cuál es el problema? que los pediatras y neonatólogos no le dan valor a que coma sólidos, únicamente a que se nutra y engorde, sin embargo, desde mi opinión personal y profesional ambas cosas tienen que ir de la mano porque esto no es como el andar que "ya lo hará" sino que se puede llegar a cronificar provocando un problema de alimentación mayor  a largo plazo y encontrarnos con niños de 6 y 7 años que aún comen pures por no aceptar los sólidos... y como este problema ocurre mucho en niños prematuros e incluso en niños a término que aunque no tengan ese diagnóstico muchas veces están al borde del mismo he pedido a dos profesionales que aporten sus conocimientos en cuanto a esta materia.

¿Cómo sé si mi hijo tiene un problema de alimentación?

A menudo damos por buenas pautas disruptivas o erroneas de alimentación, asumiendo sin más que nuestro hijo es un mal comedor y no se puede hacer nada más que tener paciencia, sin embargo, hay grandes profesionales a los que podemos consultar. Laura, de Aumenta y logopeda de Daniella nos da las claves para identificar si nuestro hijo o hija tiene algún problema y si convendría por tanto realizar una valoración profesional.
  • Si tarda más de 30 minutos en comer
  • Si incluye grandes cantidades de comida dentro de la boca
  • Si aparecen fuertes rabietas o conductas disruptivas durante el momento de la comida
  • Si solamente come de dos/tres grupos de alimentos (verduras, carne, pescado, pasta...)
  • Si aparece tos/arcada durante el momento de la alimentación
  • Si a partir de los dos años continua comiendo únicamente purés/algún sólido blando
Pero...¿Cuáles son las causas de los trastornos?

Para ayudarnos un poco más en esta cuestión nos ha ayudado Jessica, que podéis encontrarla en instagram en @logopedaymama y que es consciente de los problemas que genera un mal comedor tanto para el niño como para los padres porque este tipo de situaciones puede suponer la desestabilización de la armonía convirtiendo la comida en momentos de estrés, ansiedad y desesperación. Esto nos lleva a un desgaste en la relación entre padres e hijos e incluso entre miembros de la familia. Además debemos tener en cuenta que la alimentación no es una simple ingesta de alimentos, es más bien una actividad relacionada con la experiencia de distintas sensaciones y emociones. Podemos decir por tanto que existen varias causas para que aparezcan estos trastornos, sin embargo, es algo orientativo y siempre que se tengan sospechas se deberá acudir a un profesional a que realice una valoración adecuada así como un buen plan de tratamiento: 
         Médicos
Puede aparecer un rechazo a la comida por motivos médicos como reflujo, problemas gastroinstentinales, efectos secundarios a medicamentos o presencia de algún tumor que haga sensación de cuerpo extraño en la laringe y/o ahogo (éste último lo he añadido hace relativamente poco por un extraño caso de una niña que asistió a consulta). Estos se deben resolver en consulta médica y, si después del tratamiento persiste el miedo, pueden ayudar los psicólogos infantiles
2.       Falta de costumbre
Sí, existe. Niños y niñas que por un motivo u otro no han introducido los sólidos antes de los dos años y ya después se niegan a probarlos.
Yo siempre explico: “si comes triturado, no conoces realmente el sabor de la comida. Siempre tomas la misma textura y de sabor parecido. Aunque tu puré lleve patata, calabacín y puerros, tú no sabes identificar cada alimento por separado ni cuál es su textura”.
Suele pasar que se nieguen a masticar, pero sí que suelen tolerar una galleta o patatas fritas, entre otras.
Una solución sería hacer cambios poco a poco, no intentar conseguir en un día lo que no ha podido en mucho tiempo. Mucha paciencia. Ofrecer trozos para que los toque, los huela. Que ayude en el cocinado y se manche las manos de manera divertida.
3.       Miedo
Miedo por parte del niño o de la familia. Si en alguna ocasión hubo un episodio de atragantamiento puede aparecer el miedo a que vuelva a ocurrir (por ambas partes o una de ellas). Estos serían de carácter más psicológicos y los recomiendo trabajar en conjunto con un psicólogo infantil.
4.       Trastornos de la motricidad oral
Niños y niñas muy lentos/as a la hora de comer. Cuesta masticar, se puede quedar en bolo un buen rato en el carrillo sin moverse. Se cae el cubierto, cuesta pinchar, la cuchara no llega llena a la boca, hipotonía facial, reflejo de la náusea excesivamente marcado, mala coordinación en el masticado, en definitiva, algo agotador.
Para solucionarlo, se necesitaría una evaluación logopédica a nivel miofuncional con un programa específico, puesto que cada niño es diferente.
Esto puede ir unido a dificultades en el lenguaje, ya que los músculos implicados en la masticación son los mismos que a la hora de hablar.
5.       Trastornos de origen sensorial
El aspecto sensorial es muy complejo. Puede ser agotador y frustrante y necesita mucha paciencia. No se va a saber cuánto tiempo va a durar ni siquiera si va a ser pasajero. Niños con un repertorio limitado de texturas, dos categorías:
-           Hiposensibilidad: tono muscular disminuido con dificultades de masticación. No perciben los estímulos, dificultando la diferenciación de sabores y texturas. Pobre conciencia dentro de la boca, por lo que puede dificultar a la hora de tragar. Rechazan la introducción de nuevas texturas por miedo a lo desconocido. En ciertos casos, el niño puede babear a causa de la falta de sensación.
-          Hipersensibilidad: presentan una mayor sensibilidad en la estimulación oral, siendo aversivo hasta el mínimo contacto, lo que lleva a rechazar nuevas texturas. Dificultades para cepillarse los dientes, no se dejan tocar la cara, rechazan texturas mixtas detectando los mínimos cambios, presentan arcadas, no soportan estar manchados, no solamente las manos y la cara. El niño o niña que presente hipersensibilidad oral tendrá diferentes dificultades en el comportamiento. Esto se extrapola a más situaciones del día a día; ropa, diferentes texturas para tocar, caminar en ciertos sitios.
Sin duda para saber si nuestro hijo o hija presenta un trastorno a nivel sensorial es necesario una evaluación en profundidad bien por un logopeda especializado trastornos de origen sensorial o un terapeuta ocupacional experto en integración sensorial.

Si con pautas en consulta no mejora la situación, lo ideal sería que el profesional acuda a casa del niño o niña a la hora de la comida para que pueda hacer las anotaciones oportunas. Con esta observación directa se puede ir elaborando y diseñando un programa de intervención individualizado que ayude en las limitaciones.

Por eso si vuestros hijos no comen como deberían y el momento de la comida es una lucha os recomiendo acudir a un profesional, bien cualificado y con el que vosotros os sintáis cómodos.

Para terminar y como siempre recordaros, si tenéis alguna historia que queráis que comparta en mi blog o eres un profesional que crees que puedes aportar algo a los lectores del blog escríbeme a miarcoirisguerrero@gmail y para seguir nuestro día a día síguenos en instagram (@mi_arcoiris_guerrero)

miércoles, 14 de marzo de 2018

Anorexia del lactante II

Llevo tiempo queriendo escribir la continuación de la entrada que hice tras el ingreso de Daniella donde os comentaba brevemente qué era la anorexia del lactante y cómo estábamos nosotros modificando rutinas y conductas para que la pequeña volviese a comer (podéis ver la entrada inicial aquí) todo pensando que iba a ser cuestión de semanas y que en breve volvería a instaurarse la comida con normalidad. Me equivoqué y mucho porque aún seguimos batallando con este tema y es nuestro talón de Aquiles (el contrapunto es que es un bebé que duerme genial, toda la noche del tirón y eso es una maravilla), porque aunque es cierto que hemos avanzado algo y hace sus tomas con relativa normalidad, lleva sin engordar desde Octubre (pesa 5kg con 10 meses de edad real, 6 y medio de edad corregida) y las rutinas que muchas veces tenemos que tener en el momento de la comida no son de las mejores. 

Lo primero que he tenido que gestionar durante este proceso son mis emociones, tener la hora de la como algo agradable, pausado, sin prisa ni presión... y aunque ahora he conseguido llegar a un estado mental más zen de esos momentos, no quiero engañar a nadie, me he frustrado en muchas ocasiones, he gritado, he llorado y hasta he rogado a mi hija que comiese porque aún a día de hoy me cuesta entender que durante un periodo de su vida no haya querido comer porque asocio la comida con vida, y he llegado a dudar de si mi hija quería vivir o no.
Como comenté, a sido un proceso escalonado, de poco a poco y sin ninguna prisa, pero con situaciones incómodas para la niña:
Lo primero que hicimos fue empezar a darle de comer dormida porque comprobamos que cuando estaba dormida o al menos muy relajada, comía más cantidades, por lo que, salvo en las tomas de la noche, Daniella estaba todo el día despierta y sólo se dormía para las tomas, una media hora cada 3 ó 4 horas. La pobre estaba agotada, y tenía hasta ojeras pero así conseguimos quitar la sonda en Diciembre, un poco antes de Navidad. En ese momento ya habíamos introducido la verdura a su dieta aunque seguíamos fundamentalmente con papillas de cereales.
Según iba avanzando e íbamos introduciendo alimentos empezamos poco a poco a darle de comer despierta, el problema era que se cansaba y se revelaba mucho por lo que tuvimos que empezar a darle la comida con la tele o el móvil para distraerla; y aquí alguna madre o experto me dirá que es lo peor que he hecho, que soy una auténtica mala madre... y mil cosas más. La verdad es que no me importa, de hecho no creo que tenga por qué justificarme, pero considero que desde el momento en que nacieron mis hijos he hecho todo lo posible por ellos, he luchado, he sufrido, he llorado... y si para que mi hija comiera algo tenía que usar unos métodos que a día de hoy no son muy ortodoxos, por mí estupendo porque recuerdo que estamos hablando de un bebé que dejó de comer, no que comiese poca cantidad o que comiese menos de lo que a mí me gustaría.

Actualmente estamos en el proceso de darle de comer sin televisión porque es cierto que es algo que no nos entusiasma, pero como todo vamos muy lentos porque preferimos pisar sobre terreno seguro. Hay que añadir que en los prematuros extremos no está aconsejado el BLW, entiendo que por inmadurez, aún así nosotros intentamos ir introduciendo algún alimento aunque muy espaciados para evitar que pueda generarse algún tipo de aversión a los sólidos, y será entonces cuando tengamos un problema mayor.
A pesar de los esfuerzos que hacemos, Daniella sigue sin engordar (está con infantrini, se introdujo la legumbre antes del año...) y aunque una parte de mí está tranquila porque tiene unas analíticas estupendas, otra está algo preocupada porque ya son muchos meses sin coger ningún gramo y sinceramente cada vez la veo más delgada, planteándome incluso si no estaría mejor alimentándose con sonda para que el Infantrini la hiciese engordar algo más.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Probando papillas Naturnes

Como ya os conté hace tiempo Nestle me seleccionó para ser una de sus Super Mamis Blogueras, y poder probar distintos productos para bebes. El primer lote de productos que me llegó era muy completo, lo malo que Daniella aún no puede tomar muchas de las cosas que venían como los yogures o las galletas pero poco a poco hemos podido ir valorando algunos de estos productos, concretamente hoy os hablo de las papilas Naturnes. En nuestro caso, cualquier comida supone una fuente de estrés porque no sé cómo va a reaccionar Daniella debido al diagnóstico de "anorexia del lactante" que tiene pero la verdad es que las frutas y verduras de Nestle sí le gustaron y nos facilitaron bastante el momento comida. También tengo que añadir que en casa somos de comprar potitos y no hacerlos caseros por el simple hecho de que la pequeña muchas veces no me deja el tiempo suficiente para cocinarlos, pero sí eres de los que puede darselos caseros estas opciones compradas son muy buenas para salir de casa, una emergencia... ¿por qué? fundamentalmente por dos razones, la primera que todos los productos son naturales, no llevan ningún aditivo ni conservantes ni colorantes, y creedme que me leo las etiquetas muy bien ya que como madre no quiero darle nada malo a mi hija. El segundo motivo es la comodidad de los tarros, cuando estamos en casa lo ponemos en un cuenco separado porque tenemos que añadir aceite de oliva y Duocal (Daniella los necesita para ver si conseguimos que engorde), pero cuando hemos estado fuera de casa se los ha tomado directamente del bote y son muy cómodos porque son más amplios y permite que la cuchara entre fácil y perfecto, de esta forma no se derrama nada y se pueden coger cantidades normales sin hacer malabares. Y por cierto, yo que tengo la costumbre de probar todo lo que le doy a #babyDaniella os aseguro que tanto los de fruta como los de ternera y pavo que son los que ha comido hasta la fecha están muy buenos. Os dejo con un vídeo para que veáis lo bien que se lo come la pequeña: